Sismos en América Latina: por qué los expertos descartan una anomalía o un “enjambre sísmico”

El término enjambre sísmico se utiliza para secuencias de terremotos que ocurren en un período de tiempo corto en una zona pequeña. En este caso no hay un evento principal, si no que se dan varios terremotos de magnitudes intermedias, según los expertos.

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A collapsed building following an earthquake in Cali, Colombia, on Friday, Aug. 14, 2026. The 7.4-magnitude quake that struck on Monday was the second strongest recorded in Colombia in the past century. At least 281 people have died, with 3,971 injured and 379 missing, according to the national disaster management agency. Photographer: Nathalia Angarita/Bloomberg

Bloomberg Línea — La sucesión reciente de terremotos de magnitud significativa en Venezuela, Colombia, Perú, Costa Rica y otros países distantes en Asia como Japón e Indonesia ha llamado la atención sobre la actividad sísmica global y ha alimentado especulaciones sobre una posible conexión entre estos eventos.

Sin embargo, la idea de que un terremoto ocurrido en Venezuela pueda anticipar otro en Colombia o Perú no tiene respaldo científico, según expertos consultados por Bloomberg Línea.

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Si bien la actividad sísmica presenta variaciones de un año a otro, los registros de 2026 se mantienen dentro de los rangos observados históricamente y no muestran un comportamiento anómalo, de acuerdo con los especialistas.

“En realidad no hay un aumento de la sismicidad. Aunque seguramente las noticias nos llegan de muchos sismos, la verdad es que nuestro planeta es dinámico y por el movimiento de las placas tectónicas presenta actividad sísmica constantemente”, dijo a este medio Germán Prieto, profesor asociado del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional de Colombia.

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“Mirando los datos desde el año 2000, en promedio hay 15 a 20 terremotos M7.0 (magnitud) o mayores. Este año hemos tenido 11 terremotos, es decir no es un año inusualmente activo”.

“Si miramos terremotos M6.0 o mayores, el número es de 150-200 por año, nuevamente, este año no es anormal. Creo que en buena parte es el hecho de que las noticias nos llegan con mayor facilidad, pareciera que hay más terremotos, pero la realidad es que no”, anotó Prieto.

En su mayoría, los terremotos ocurren por el movimiento de las placas tectónicas y se concentran en los límites de estas. Por ejemplo, a lo largo del cinturón del Fuego del Pacífico, que representan varios límites de placa en el circumpacífico.

“Vale la pena anotar que la dupla de sismos de Venezuela no está en el cinturón de Fuego. Tampoco el terremoto de Indonesia y menos el M5.0 de Granada, en España. Son eventos independientes”, indicó el especialista.

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Los “enjambres sísmicos”

Sismo, terremoto, eartquake

El término enjambre sísmico se utiliza para referirse a secuencias de terremotos que ocurren en un período de tiempo corto en una zona pequeña.

En este caso no hay un evento principal, si no que se dan varios terremotos de magnitudes intermedias (por ejemplo, varios terremotos M5 o M4 que ocurren un pocos días o semanas).

Germán Prieto manifiesta que esto es diferente a tener un terremoto principal (como el M7,4 en Colombia) y una serie de réplicas.

“Las réplicas son terremotos de menor magnitud que ocurren en la zona de falla o cercanos al evento principal. Es decir, lo que hemos visto estos meses de actividad sísmica no es anormal y tampoco debe ser considerado un enjambre sísmico”, consideró.

Carlos Alberto Vargas, geólogo y doctor en Ingeniería Sísmica y Dinámica Estructural, comenta a Bloomberg Línea que “después de un terremoto como el de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto en Colombia, es completamente natural que cada nuevo sismo se perciba de otra manera y que una sucesión de eventos genere preguntas sobre si puede estar anunciando algo mayor”.

“En este caso es importante hacer una precisión: más que hablar de un enjambre sísmico independiente, estamos observando un proceso de réplicas asociado al terremoto principal”, manifestó el también profesor de la Universidad Nacional de Colombia. “Y las réplicas son una respuesta esperable de la corteza después de un terremoto de esta magnitud”.

Explica que cuando ocurre un gran sismo, las rocas alrededor de la zona afectada no alcanzan inmediatamente un nuevo equilibrio.

Los esfuerzos se redistribuyen y distintas porciones de las fallas se van reajustando.

Esos pequeños —y ocasionalmente no tan pequeños— reajustes son los que se registran como réplicas.

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“Lo interesante es que este proceso no ocurre de manera completamente aleatoria”, según Vargas.

“Desde hace más de un siglo sabemos que las réplicas siguen aproximadamente un patrón temporal conocido como Ley de Omori: son más numerosas inmediatamente después del terremoto principal y, conforme pasan los días y las semanas, su frecuencia tiende a disminuir”, ahondó.

En términos sencillos, se registran muchos eventos al comienzo y progresivamente menos con el paso del tiempo.

Por eso, señala que el hecho de que continúen ocurriendo sismos después del evento del 10 de agosto no significa que se esté preparando necesariamente un terremoto mayor.

Es, en principio, el comportamiento que los especialistas esperan después de un evento importante.

Aunque naturalmente, explica el académico Carlos Alberto Vargas, la secuencia debe seguir siendo vigilada.

Los analistas observan especialmente si disminuye su frecuencia, cómo evolucionan las magnitudes, dónde se localizan los eventos y si aparece algún cambio que se aparte del comportamiento esperado.

Como criterio práctico, Vargas considera que una ventana del orden de 40 días resulta “razonable” para evaluar la evolución inicial de una secuencia de réplicas.

“No existe, sin embargo, un reloj que haga que el día 40 las réplicas desaparezcan. El decaimiento es progresivo y cada secuencia tiene sus particularidades. Lo que esperamos es que, con el tiempo, la tasa de sismicidad vaya aproximándose nuevamente a los niveles de fondo o línea base que caracterizaban la región antes del terremoto”, anotó.

La ciencia puede monitorear los sismos, pero no predecirlos

Terremoto Colombia.

La ciencia actualmente no puede predecir un terremoto con precisión, es decir, determinar de antemano su fecha, hora, ubicación y magnitud.

Los expertos pueden estudiar probabilidades, identificar patrones y detectar comportamientos anómalos, pero esto es distinto a anticipar cuándo ocurrirá el próximo gran sismo.

Por eso “hay que tener especial cuidado con mensajes en redes sociales que convierten cada réplica en una supuesta señal de alarma”, dijo Vargas. “Un sismo adicional no es, por sí mismo, evidencia de que viene uno mayor. La información debe interpretarse como una secuencia y no evento por evento, y siempre a partir de los registros y análisis de las instituciones científicas responsables del monitoreo”.

Colombia, por ejemplo, es un país sísmicamente activo, por lo que la vigilancia y la preparación son fundamentales.

Si bien no es posible evitar los terremotos ni decir exactamente cuándo ocurrirá el próximo, sí es factible entender cada vez mejor cómo se comporta la sismicidad, construir de manera más segura, prepararse y tomar decisiones basadas en evidencia y no en rumores.

“Después de un terremoto grande, que la Tierra siga acomodándose es esperable. Nuestra tarea es observar cómo lo hace, entender ese proceso y estar preparados, no vivir esperando que cada réplica sea el anuncio de una catástrofe”, remató el geólogo Carlos Alberto Vargas. “Quizás el mensaje más importante sea este: no debemos confundir vigilancia con alarma, ni incertidumbre con peligro inminente”.

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