Panorama fiscal en Latinoamérica: así cerraron las cuentas en 2025, país por país

Solo Nicaragua y Argentina cerraron el 2025 en verde. Brasil y México estuvieron casi en equilibrio primario, pero castigados por los servicios de deuda. Empeoraron los números de Colombia.

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Al igual que había sucedido en 2024, la mayor parte de los países de América Latina cerró el año pasado con déficit fiscal, aunque hubo dos excepciones: Argentina, cuyas cuentas cerraron positivas, con 1,1% a favor, y Nicaragua, con 3,9% superavitario. Curiosamente, se trata de países cuyos presidentes están en las antípodas totales (Javier Milei de derecha y Daniel Ortega de izquierda).

También hubo países que lograron superávit primario, aunque cerraron en rojo tras pagar servicios de deuda. Entre ellos aparecen: Costa Rica (0,9% de superávit primario), El Salvador (1%) y Honduras (0,8%).

Asimismo, en las dos economías más fuertes de la región se dio una situación similar: tanto Brasil como México terminaron con déficit primarios muy leves (-0,5% y -0,2%, respectivamente), pero con déficit fiscales totales mucho más abultados (-7,5% y -3,8%, respectivamente).

México, no obstante, mostró una notoria mejoría respecto de 2024, cuando había finalizado su ejercicio primario con un déficit de -1,5%.

En tanto, los números de Colombia parecen algo más complicados: -3,6% de déficit primario y -6,4% de déficit global.

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Los números publicados el pasado lunes por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) muestran que hubo otros países que quedaron muy cerca del equilibrio primario: República Dominicana y Paraguay (-0,1%), Guatemala (-0,3%) y Ecuador (-0,4%).

Algo más deteriorados se mostraron: Chile (-1,6% de déficit primario), Uruguay (-1,3%) y Perú (-0,9% primario).

Resultados fiscales en América Latina durante 2025

A modo de resumen, esto mostraron los números recopilados por Cepal:

Países con superávit primario en 2025

  • Argentina: 2,4%
  • Costa Rica: 0,9%
  • El Salvador: 1,0%
  • Honduras: 0,8%
  • Nicaragua: 5,3%

Países con déficit primario en 2025

  • Brasil: -0,5%
  • Chile: -1,6%
  • Colombia: -3,6%
  • Ecuador: -0,4%
  • Guatemala: -0,3%
  • México: -0,2%
  • Panamá: -2,2%
  • Paraguay: -0,1%
  • Perú: -0,9%
  • República Dominicana: -0,1%
  • Uruguay: -1,3%

Países con superávit fiscal (resultado global) en 2025

  • Argentina: 1,1%
  • Nicaragua: 3,9%

Países con déficit fiscal (resultado global) en 2025

  • Brasil: -7,5%
  • Chile: -2,9%
  • Colombia: -6,4%
  • Costa Rica: -3,4%
  • Ecuador: -3,5%
  • El Salvador: -3,4%
  • Guatemala: -1,9%
  • Honduras: -1,9%
  • México: -3,8%
  • Panamá: -5,2%
  • Paraguay: -2,0%
  • Perú: -2,5%
  • República Dominicana: -3,6%
  • Uruguay: -3,7%

Tasas altas, el problema de Brasil

Emanoelle Santos, analista de mercados de la app de inversiones XTB, señaló que Brasil “presenta una de las paradojas fiscales más interesantes de la región”, al combinar una deuda bruta equivalente al 93,3% del PIB en 2025 con un déficit primario relativamente reducido, cercano al 0,4% del producto.

Según explicó, el problema radica en el peso de los intereses de la deuda, impulsados por una tasa Selic cercana al 14,5% anual. “El déficit nominal ronda el 8% del PIB, pero está compuesto casi íntegramente por el pago de intereses”, indicó.

Agregó que, con un nivel de endeudamiento de esa magnitud y tasas reales elevadas, el país necesitaría “superávits primarios significativos y sostenidos durante años solo para estabilizar la relación deuda-PIB”.

Santos sostuvo, además, que el mercado ya descuenta ese deterioro mediante una prima de riesgo persistente, que mantiene altos los rendimientos soberanos y retroalimenta el problema fiscal. “Más intereses implican mayor déficit nominal, que exige mayor ajuste primario, que políticamente es cada vez más difícil de sostener”, afirmó.

Por su parte, Leonardo Chialva, socio de Delphos Investment, reseñó que la dinámica de Brasil debe analizarse desde la lógica de “dinero, crédito y bancos” y sostuvo que se trata de un esquema “mucho más complejo” de lo que reflejan únicamente los indicadores fiscales.

“El Estado puede financiarse internamente gracias a la elevada demanda de dinero, algo que permitió incluso reemplazar deuda externa por deuda interna desde los años 2000. Ese dinero termina canalizado en bancos y productos financieros locales, principalmente bonos soberanos”, explicó.

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Sin embargo, advirtió que ese funcionamiento depende de tasas de interés reales muy elevadas, lo que genera una dinámica que calificó como “peligrosa”.

“Brasil puede sostener el financiamiento doméstico porque la demanda de dinero sigue siendo alta, pero eso ocurre a costa de una tasa real monstruosa”, afirmó.

Según Chialva, el esquema requiere además de un contexto internacional favorable para sostenerse. “Si el PIB crece y aumenta la demanda de dinero, ahí el Banco Central podría empezar a bajar tasas sin generar una desmonetización fuerte. Pero la gran incógnita es qué pasa si bajan las tasas en un escenario menos favorable”, indicó.

El analista agregó que, ante una caída de tasas, podría producirse una migración hacia el dólar, una menor demanda de dinero y mayores dificultades para renovar la deuda interna. “Si cae la demanda de dinero, te pueden dejar de rollear los bonos internos. Ahí no podés bajar la tasa sin generar presión cambiaria, y el ajuste termina llegando vía devaluación”, señaló.

Chialva remarcó que ese riesgo dependería de un eventual shock externo negativo y consideró que, por ahora, tanto Brasil como Argentina se ven favorecidos por un contexto internacional positivo en términos de precios y cantidades exportadas.

La dinámica mexicana

Respecto de México, Emanoelle Santos, de XTB, señaló que el país llega a este ciclo con una deuda bruta equivalente al 61,8% del PIB en 2025, “un nivel manejable en términos absolutos pero con una dinámica preocupante”.

Indicó que el pago de intereses consume cerca del 4% del PIB anual, mientras que Pemex continúa representando “una sangría fiscal estructural” por las transferencias recurrentes que requiere del gobierno federal.

También advirtió que la base tributaria mexicana sigue siendo una de las más reducidas de la OCDE en relación con el PIB, lo que limita la capacidad de ajuste fiscal.

A eso sumó la incertidumbre sobre la relación comercial con Estados Unidos, la ausencia de “un ancla fiscal creíble” y el deterioro estructural de los ingresos petroleros. “Lo que inquieta al mercado es si esa combinación puede seguir deteriorándose justo cuando el margen fiscal es más estrecho”, indicó.

Colombia, el más complicado entre las grandes economías

Sobre Colombia, Santos consideró que es “el caso más delicado del grupo y el que acumula más señales de alerta simultáneas”. Destacó que el país registró un déficit fiscal total equivalente al 6,7% del PIB en 2024 y proyecta un déficit primario cercano al 2% del PIB para 2026.

“Eso significa que el gobierno gasta más de lo que recauda incluso antes de considerar el servicio de la deuda”, explicó. Según la ejecutiva de XTB, esa dinámica genera una trayectoria de endeudamiento “intrínsecamente expansiva”, que ya tuvo impacto en los mercados luego de que Moody’s rebajara la calificación soberana del país a Baa3 en junio de 2025.

La especialista agregó que la suspensión de la regla fiscal entre 2025 y 2027 eliminó “el principal ancla de credibilidad” para los inversores. En ese contexto, advirtió que un deterioro adicional de las condiciones externas, una caída sostenida del petróleo o mayores dificultades de financiamiento podrían derivar en nuevas rebajas de calificación y poner en riesgo el grado de inversión del país.

Rendimientos de Chile, en mínimos

Ante una consulta de este medio sobre por qué los datos fiscales de Chile no generan un impacto significativo sobre los rendimientos soberanos, Emanoelle Santos afirmó que el país “opera en una categoría distinta al resto de América Latina en términos de credibilidad fiscal”.

Según explicó, Chile mantiene una deuda bruta equivalente al 42,5% del PIB en 2025, uno de los niveles más bajos de la región, aunque destacó que la principal diferencia está en la institucionalidad fiscal.

“La regla de balance estructural obliga al gobierno a corregir desviaciones de forma predecible, el Consejo Fiscal Autónomo provee una vigilancia independiente del cumplimiento, y el historial de manejo contracíclico da al mercado la confianza de que los desvíos son transitorios y corregibles”, señaló.

Santos agregó que, en ese contexto, “un trimestre de déficit más alto de lo esperado o una rebaja en la proyección de crecimiento no mueven los rendimientos de forma significativa porque los inversores los leen dentro de un marco institucional creíble”.

No obstante, indicó que el principal riesgo para Chile proviene del frente externo. “Una caída sostenida del cobre o un deterioro prolongado de los términos de intercambio sí puede presionar el tipo de cambio y los spreads soberanos, pero ese es un canal distinto al de la sostenibilidad fiscal propiamente tal”, sostuvo.