Bloomberg — Decenas de ejecutivos se dieron cita el lunes en el exuberante Caracas Country Club para un torneo de golf, antesala de una conferencia de petróleo y gas con entradas agotadas que se celebra esta semana en la capital venezolana.
Días antes, los organizadores del evento estaban desesperados.
“Contactamos a todos los clubes y tiendas de golf para encontrar palos”, dijo Alex Moulds, de la londinense Global Event Partners Ltd. “Pedimos prestados algunos juegos e incluso compramos unos cuantos para asegurarnos de tener suficientes”.
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Para el venezolano promedio, la carrera por conseguir palos de golf dentro de la burbuja adinerada de Caracas parece un problema casi absurdo: durante años han soportado contracción económica, hiperinflación y sanciones que empobrecieron al país rico en petróleo. Venezuela también se recupera de dos terremotos que dejaron miles de muertos en junio.
Sin embargo, la conferencia encaja con la promesa del presidente Donald Trump de devolverle a Venezuela su antigua gloria bajo el paraguas de la influencia de EE.UU.
Trump, golfista habitual y propietario de varios campos en distintos países, se propuso canalizar US$100.000 millones para reactivar la industria petrolera venezolana después de que fuerzas de EE.UU. depusieran a Nicolás Maduro en enero. La conferencia de esta semana es hasta ahora el intento de mayor perfil por avanzar hacia ese objetivo.
Unos 650 ejecutivos locales y extranjeros, funcionarios de gobierno y diplomáticos asistirán a la Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela, que comienza el martes, mientras más de 150 personas están en lista de espera. La avalancha refleja el renovado atractivo de Venezuela para la industria de los hidrocarburos en momentos en que la guerra restringe los suministros de Medio Oriente.
Entre las empresas representadas figuran ExxonMobil Holdings Corp. (XOM), TotalEnergies SE (TTE), BP Plc (BP), Repsol SA, Siemens AG y Hunt Oil Co. Lindsayca Inc., contratista industrial con sede en Houston, y la catarí UCC Holding participan como socios estratégicos. También se espera la presencia de la ministra de Petróleo, Paula Henao, y del ministro de Relaciones Exteriores, Felix Plasencia. Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela respaldada por EE.UU., también podría dirigirse a los asistentes.
Ese nivel de asistencia hizo aún más urgente la búsqueda de palos de golf. Entre los jugadores que necesitaban equipos había ejecutivos de Cotemar SA de CV, contratista mexicano de servicios petroleros costa afuera y patrocinador del torneo.
Moulds y su equipo tuvieron suerte en Morsa’s Proshop, un negocio familiar.
“Necesitaban todo de inmediato, algo difícil aquí, porque normalmente la gente se hace una prueba para elegir los palos y luego los encarga especialmente”, dijo María Fernanda Núñez, directora de Morsa’s, cuyo padre fundó el negocio después de hacerse conocido por reparar palos de golf como pasatiempo.
“También fue difícil encontrar gente dispuesta a prestar palos”, dijo Núñez. “Muy pocos venezolanos juegan golf y este país ha pasado por mucho, así que hay falta de confianza”.
Dinero viejo
Caracas tiene tres principales clubes privados de golf, pero ningún campo público ni resort que normalmente preste equipos. Por eso, incluso con los palos nuevos y prestados de Morsa’s, es probable que algunos participantes del torneo tengan que compartir palos, algo impensable para golfistas experimentados.
“Si falta algo, intentaremos pedírselo prestado a los profesionales”, dijo Henrique Lavie, gerente de golf del Caracas Country Club. “Estamos haciendo todo lo posible para que todos lo pasen bien”.
En los verdes fairways del señorial Caracas Country Club, la antigua gloria nunca desapareció del todo. Construido hace más de un siglo sobre antiguas plantaciones de café y con la asesoría del heredero estadounidense y exvicepresidente Nelson Rockefeller, el club es sinónimo del viejo dinero venezolano.
Ante el exceso de asistentes a la conferencia, parte del público será trasladado a una sala adicional del hotel para seguir las conversaciones por transmisión en vivo. “Va a estar un poco apretado”, dijo Moulds.
Las entradas, que costaban US$2.950 cada una antes de agotarse, reflejan un “FOMO enorme”, sigla en inglés que alude al temor de quedarse fuera o perderse algo, dijo un ejecutivo local que intentó sin éxito conseguirle un lugar en la conferencia a un amigo.
Parte de lo recaudado será donado a las labores de reconstrucción tras los dos devastadores terremotos de Venezuela, dijo Moulds.
No está claro si todo ese entusiasmo se traducirá en grandes inversiones en Venezuela, dada la enorme tarea de reconstruir la infraestructura petrolera básica y recuperar la confianza de los inversores. El país produce alrededor de 1,2 millones de barriles de crudo al día, frente a más de 3 millones en la década de 1990.
Aunque muchas compañías petroleras han firmado acuerdos preliminares con la estatal Petróleos de Venezuela SA, pocas han asumido compromisos firmes mientras persisten dudas sobre el cumplimiento de las sanciones de EE.UU., las responsabilidades ambientales y las condiciones políticas en Caracas y Washington.
Por ahora, el entusiasmo está en el green.
“Durante 10 o 15 años, Venezuela no estuvo acostumbrada a recibir a tanta gente del extranjero para jugar golf”, dijo Diego Alexandre, miembro de la comisión de golf del Caracas Country Club. “Las tiendas simplemente tendrán que abastecerse. Es un buen problema”.
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