Comerciantes latinos reportan grandes ventas en Chicago durante el Mundial, pero su recuperación es incierta

Los más beneficiados fueron los vendedores ambulantes de camisetas de equipos de la Copa Mundo y los restaurantes y bares del corredor comercial de La Villita. Ahora que terminó el torneo, los empresarios temen que regresen los operativos migratorios y se profundice su crisis económica.

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Chicago — Un par de días después de finalizado el Mundial, la Calle 26, en el barrio de La Villita, recuperó parte de su rutina. El bullicio de la gente y el tránsito vehicular cedieron, pero entre los comerciantes aún permanecen los recuerdos de las jornadas en las que cientos de aficionados buscaban camisetas de México y Argentina y negociaban los precios.

“Que sean 35 dólares”, se escuchaba decir a una vendedora. “Te doy 5 de cambio. Me diste 40”.

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Chicago no fue sede de ninguno de los partidos del Mundial, luego de que el Ayuntamiento concluyera que adecuar el estadio Soldier Field, de su propiedad, a las exigencias de la FIFA implicaba una inversión muy superior a los beneficios esperados.

“Se exigía hacer pagos por adelantado y acondicionar los estadios de forma unilateral”, dijo a Bloomberg Línea el concejal de Chicago Byron Sigcho-Lopez. “Era un gasto que para nuestra ciudad no era posible. En el análisis costo-beneficio resultaba una operación muy costosa con poco beneficio real”.

Sin embargo, el torneo generó un impacto económico por el llamado ‘efecto halo’ o turismo de derrame, debido a la afluencia de visitantes que vinieron del Estadio Arrowhead, en la vecina Kansas City, Misuri, aunque algunos dicen que el auge será temporal.

Su relativa cercanía, poco más de 800 kilómetros, benefició a Chicago por sus atracciones turísticas como el Lago Michigan y las actividades paralelas al Mundial 2026, que impulsaron el consumo en hoteles, restaurantes y negocios.

La Oficina de Turismo del gobierno local lanzó la campaña “Kick Back in Chicago”, dirigida a quienes venían al país a ver los encuentros del Mundial, pero también a conocer Estados Unidos.

La campaña incluyó vender a Chicago como una “escapada”, promocionar itinerarios temáticos, como guías gastronómicas y de barrios históricos, un calendario de eventos e impulsar la conectividad que ofrecen los aeropuertos de O’hare en el norte, uno de los más grandes del mundo, y Midway, en el suroeste de la ciudad.

La Oficina de Turismo aún no ha publicado cifras consolidadas sobre la afluencia turística a la ciudad durante la Copa Mundo.

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Fiebre de camisetas, decenas de miles vendidas

Buena parte de esa bonanza comercial ocurrió lejos de los reflectores del downtown, de “The Bean”, la enorme pieza de arte contemporáneo del artista Anish Kapoor o de la escultura abstracta de Picasso.

Pese a no contar con el turismo internacional que arribó a los hoteles del centro, los comerciantes del corredor comercial de La Villita reportaron una goleada económica en las últimas cinco semanas con aumentos en las ventas. Allí, fuera de su clientela tradicional, arribaron turistas que querían conocer dicho corredor, cenar comida mexicana o comprar una playera.

Aunque el Mundial ya terminó, los comerciantes recuerdan esos días como un inesperado impulso para sus negocios. “Hemos tenido una crisis espantosa”, dijo Fran Alfaro Rodríguez, propietaria de la tienda Fran Arte y Estilo de México, a Bloomberg Línea, que dijo que durante el torneo sus ventas se dispararon y su mercancía se agotó.

La tendencia fue idéntica en otros establecimientos minoristas. María Ortiz, dueña de Chica’s Fashion, dijo que sus ventas aumentaron más del 50% desde el silbatazo inicial del torneo y que la clientela respondió “muy bien comprando artículos mexicanos para apoyar al comercio chico, que es lo que nos hace mucha falta para sobrevivir”, dijo a Bloomberg Línea.

Dependiendo de la marca, cada camiseta se vendió entre US$35 y US$45 dólares. Algunos comerciantes vendieron los jerseys en US$75 y hasta en US$150 por una de marca original.

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La gran mayoría de las playeras fueron importadas de China, pero otras arribaron de México, de fábricas de Uriangato y Moroleón, en Guanajuato. Según el presidente del Concilio Comunitario de La Villita, Baltazar Enríquez, los comerciantes establecidos y los ambulantes vendieron más de 30.000 jerseys.

“A La Villita llegaba gente del estado de Idaho a comprar sus camisetas”, dijo Enríquez a Bloomberg Línea, porque allá no hay quien distribuya o venda las prendas deportivas.

Juan Gama, presidente de la Asociación de Vendedores Ambulantes de Chicago, confirmó que las ventas de sus afiliados se dispararon, particularmente las de aquellos que venden las camisetas deportivas de los equipos mundialistas.

Bares y restaurantes

A nivel sectorial, el impacto positivo también alcanzó a la actividad gastronómica. Los bares y restaurantes de la zona registraron un crecimiento sostenido en su facturación durante los días de partido y los propietarios de restaurantes y bares, como David Galicia, dueño del Atardecer Acapulqueño, reportaron aumentos en ventas que superaron el 20%.

Este restaurante, por ejemplo, ofreció descuentos del 20% cada que la selección mexicana ganaba.

Magdalena Jaime, empleada del bar El Zacatecano dijo que la celebración del torneo ayudó bastante. “Pudo haber sido mejor si aquí también hubiera sido la sede del mundial”, dijo a Bloomberg Línea.

Enríquez, del Concilio Comunitario de La Villita, confirmó que el Mundial generó una reactivación en el suroeste de la ciudad, un área donde se concentra la mayoría de la población latina y que los restaurantes y barras estuvieron colmados de clientes durante la transmisión de los partidos.

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La Cámara de Comercio de La Villita ayudó a los comercios afiliados a promover sus ofertas y “especiales”, a atraer a los turistas y al consumidor local y a fomentar el crecimiento económico en el pasaje comercial.

Sólo para el último partido de la selección mexicana, la Cámara promovió ofertas especiales de 12 de sus comercios. Bloomberg Línea solicitó a la Cámara datos oficiales sobre el aumento de ventas, productos y promociones, pero no recibió respuesta.

El líder empresarial y presidente de la Cámara Hispana de Comercio, Jaime Di Paulo, dice que todavía es prematuro contar con cifras exactas sobre los beneficios del Mundial de fútbol a esta zona comercial.

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Recuperación incierta

A nivel macroeconómico, los datos oficiales publicados por la FIFA apuntan a que el torneo generaría una derrama económica directa en el Producto Interno Bruto de los Estados Unidos de más de US$17.000 millones, además de impulsar proyecciones globales de impacto de hasta US$30,500 millones en toda Norteamérica. No obstante, en la escala comunitaria, ese entusiasmo económico es visto con cautela.

“La inyección de suero que le pusieron a la economía es temporal”, dijo a Bloomberg Línea el empresario local Esteban Burgoa. “Hoy en día sabemos que a muchos les han cortado las horas en el trabajo. Sabemos que tienen problemas para pagar su renta e, incluso, hay dificultades persistentes para encontrar empleo”.

Burgoa, dueño de la compañía de limpieza ‘Clean the Dust’ Bunny’ que emplea decenas de trabajadores, dice que los empresarios fuera de la industria hotelera y restaurantera atraviesan por un mal momento económico.

“Muchos”, dice, “tampoco tienen trabajadores. La gente está espantada”, en referencia al aparente regreso de los operativos del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). “Nosotros, como negociantes, no podemos encontrar gente para trabajar (porque) la gente tiene miedo”.

Como en Atlanta, Los Ángeles o Raleigh, el repunte económico del Mundial representa un alivio económico urgente para el comercio local. Durante los últimos años, los corredores comerciales latinos en Chicago sufrieron un fuerte impacto económico en cadena.

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El temor a salir

Primero enfrentaron las restricciones de la pandemia de COVID-19 que, según la Cámara de Comercio de La Villita, causaron pérdidas en ventas de hasta el 70%, particularmente en negocios que ofrecen servicios considerados no esenciales como salones de belleza y tiendas de ropa.

Luego vino el operativo “Midway Blitz”, del ICE, que afectó aún más la economía local, particularmente en vecindarios latinos.

Según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) agentes de ICE y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), de septiembre a diciembre de 2025 detuvieron a 4.500 inmigrantes indocumentados para ser procesados para su deportación.

El operativo causó un gran temor en la comunidad latina. Muchos inmigrantes, como María y su esposo Gerardo, quienes han vivido en La Villita por varias décadas y cuya identidad solicitaron mantener en el anonimato debido a su estatus migratorio, dijeron que, debido al operativo, no salieron de su departamento por casi tres meses.

María dijo que, en aquel entonces, llegó a ver por “(la) ventana como agentes de ICE detenían a sus vecinos y que en las noches lloraba mucho por no poder salir de su vivienda”.

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La inmigrante dijo que tampoco podía dormir porque se pasaba la noche pensando, preocupada por la situación. Y si salía, sólo era a su jardín trasero. Gerardo se aseguraba que, todos los días, la reja y las puertas de su casa estuvieran cerradas con llave. Ambos dicen que no trabajaron durante tres meses, que se atrasaron en el pago del arriendo y afirman que ahora los quieren desalojar de su departamento.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) dijo a Bloomberg Línea que “desde el primer día, las fuerzas del orden del DHS han estado cumpliendo la promesa del presidente Trump al pueblo estadounidense de arrestar y deportar a extranjeros ilegales criminales, incluidos asesinos, violadores, pedófilos, miembros de pandillas y terroristas. Casi el 70% de los arrestos de ICE son de extranjeros ilegales acusados o condenados por un delito en los EE. UU.”.

Sin embargo, los datos más recientes del proyecto TRAC (Transactional Records Access Clearinghouse) de la Universidad de Syracuse, actualizados a abril de 2026, muestran que el área de Chicago tiene a 18.136 personas bajo supervisión migratoria federal en el programa Alternativas a la Detención (ATD). En lugar de permanecer en centros de detención, cargan con grilletes electrónicos, son vigilados con aplicaciones de monitoreo o se reportan periódicamente a las autoridades en lugar de estar en una cárcel. De acuerdo con TRAC, la mayoría no figura con condenas por delitos graves.

Estas cifras sitúan a Chicago como la cuarta metrópoli estadounidense con la mayor cantidad de personas monitoreadas por las autoridades migratorias, detrás de San Francisco (20,500), Los Ángeles (18,746) y Miami (18,528).

En las últimas semanas, se han reportado avistamientos de agentes migratorios del ICE, casi a diario, en los vecindarios como La Villita, el Barrio de las Empacadoras y en Bridgeport.

El Concilio Comunitario y Casa DuPage, en Illinois, confirmaron que sus patrullas comunitarias también han tenido avistamientos de las autoridades de inmigración en los suburbios de la ciudad, principalmente al oeste de Chicago.

La Cámara de Comercio de La Villita dice que la presencia de ICE y la Patrulla Fronteriza causó una caída en ventas a los comercios locales de entre 40% y 70% en 2025.

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En años anteriores, el afamado corredor de la “Calle 26” generaba casi US$1.000 millones en ventas al año. Actualmente, nadie se atreve a dar una cifra.