Cuando la fiesta del fútbol se acaba: los migrantes y el trabajo invisible del Mundial

Mexicanos, guatemaltecos, ecuatorianos proveen servicios como la recolección y reciclaje de desperdicios después de los partidos en Estados Unidos.

Por

Bloomberg Línea — Para unos fiesta, para otros trabajo. Alrededor de 70 trabajadores, la mayoría migrantes, escuchaban el partido de Ecuador frente a Curazao la noche del sábado 20 de junio. No lo hacían desde las gradas, sino a las afueras del estadio Arrowhead en Kansas, Missouri (EE.UU.), esperando su turno para entrar.

La tarea era clara: recoger la basura generada por los más de 68.000 espectadores que atestiguaron el partido que terminó en empate. Vasos de plástico y platos desechables de comida, entre los principales.

Ver más: Sheinbaum invita al pato Merlín a Palacio Nacional en plena fiebre futbolística

Solo tenían cuatro horas. La jornada arrancaría a eso de las 23:00 horas y debía terminar antes de que llegara la tormenta a las 03:00, según los pronósticos del tiempo.

Agustina e Irma, ambas mexicanas, conversaban sobre la rapidez con la que deberían actuar al entrar al estadio. Uilizaban un chaleco verde reflectivo y no tenían mucha idea de quién había jugado ese día. No siguen mucho los marcadores a pesar de que su selección ya está clasificada a la siguiente fase del campeonato, luego de vencer a Corea del Sur 1 a 0.

El Mundial no tiene el mismo significado para todos; para unos es fiesta, para otros, una oportunidad más para trabajar. “Limpiamos todo lo que dejan los aficionados, sobre todo vasos y plásticos que nadie recoge”, cuenta Agustina, quien lleva 28 años viviendo en Missouri sin poder legalizarse todavía.

Por limpiar lo que otros ensucian, a Agustina y a sus compañeros les pagan US$18 por hora, US$3 más de lo que gana haciendo diariamente lo mismo en un hospital para mantener a sus cinco hijos. Bueno, dice que ya solo le queda pendiente el más chico, de 12 años.

Ver más: ¿Trabajar desde casa? Para el Mundial, incluso JPMorgan dice que sí

Junto con su esposo ha hecho una vida en Estados Unidos y, aunque tiene temor de los controles y del ICE (el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), no piensa volver a su natal Toluca que dejó hace 23 años.

“Aquí lo que más hay es trabajo, no importa que no hables inglés, yo hasta ahora no hablo, pero me defiendo y uno se acostumbra a la vida de aquí, sobre todo por los hijos, para darles mejores oportunidades”, dice.

Irma piensa igual. Llegó al país a sus 16 años, vivió en algunas ciudades hasta que se instaló en Missouri. Hoy tiene 39 y se mantiene trabajando por horas. No le molesta recoger basura para sobrevivir, es más, agradece que la Copa del Mundo haya llegado a Kansas.

“Pues si eso nos da más trabajo, bienvenido sea. Al final, trabajo es trabajo y recoger basura no hace de menos a nadie”.

La edad no es un límite

En la fila hay jóvenes, pero también adultos mayores, como Nancy, una ecuatoriana de 80 años que hace tres llegó a Kansas luego de enviudar. No quiso quedarse sola en Ecuador y prefirió alcanzar a sus hijos que habían migrado hace más de una década.

En su país estaba acostumbrada a una vida acomodada, pero eso no la detuvo para reincorporarse a la vida laboral siendo octogenaria. “Sí fue duro al inicio, pero necesitaba sentirme útil y este es un trabajo como cualquier otro”, afirma.

Ese día, Nancy no lució la tricolor de su país, como los más de 50.000 de compatriotas que se reunieron en el Kansas City Stadium para apoyar a la selección; ella usó el chaleco verde que le entregaron a las afueras cuando concluyó el partido.

La dinámica económica

Al igual que millones de latinoamericanos, Agustina, Irma y Nancy son parte de la dinámica económica del Mundial.

Su trabajo, aunque invisible para la mayoría de aficionados, refleja una realidad más amplia en Estados Unidos, donde los latinos se han convertido en uno de los principales motores de la economía del país. Los latinos se encuentran entre los grupos de más rápido crecimiento en Estados Unidos.

Entre 2000 y 2024, la población latina casi se duplicó, pasando de 35,3 millones a 68 millones; representaron más de la mitad del crecimiento total de la población estadounidense durante ese período.

De acuerdo con el U.S. Latino GDP Report 2025, elaborado por el Latino Donor Collaborative, la actividad económica generada por esta comunidad alcanzó los US$4 billones en 2025. Si se tratara de una economía independiente, sería la quinta más grande del mundo, por encima de países como Reino Unido, Francia o India, y solo superada por China, Japón y Alemania.

Ver más: Estrategia de la FIFA para el Mundial 2026 mantiene precios de las entradas al alza

El informe también señala que los latinos han sido responsables de una parte significativa del crecimiento de la fuerza laboral estadounidense durante la última década. Su presencia es especialmente visible en sectores como la construcción, la logística, la hospitalidad, los servicios y el mantenimiento, industrias que hoy sostienen buena parte de la operación del Mundial.

Mientras miles de aficionados llenan estadios, hoteles, restaurantes y aeropuertos, son trabajadores como Agustina o Irma quienes hacen posible que la maquinaria del torneo funcione.

A esto se suma que, según el informe World Cup 2026 Socioeconomic Impact Analysis, elaborado por Goaleconomy —una iniciativa de investigación impulsada por la FIFA y la Organización Mundial del Comercio (OMC)—, la Copa del Mundo tendrá un efecto económico global considerable.

El estudio calcula que el evento impulsará alrededor de US$80.100 millones en producción económica total y añadirá cerca de US$40.900 millones al Producto Interno Bruto (PIB) mundial.

En el caso de Estados Unidos, país anfitrión principal de la competición, la contribución estimada al PIB alcanzaría los US$17.200 millones. Asimismo, aportará con 185.000 empleos.

Buena parte de ese impacto económico recaerá precisamente en actividades donde los latinos tienen una participación determinante.

Sin embargo, el Latino Donor Collaborative advierte que las deportaciones masivas podrían reducir el PIB en un 0,8% y que expulsar al 10% de los trabajadores indocumentados cada año durante una década reduciría la economía en un 3,3%.

Por ello, el Mundial, más allá de los goles y las celebraciones, también pone en evidencia el papel de una comunidad que no solo llena las gradas, sino que trabaja detrás de ellas.

Ver más: Mientras rueda el balón, los inversionistas buscan capturar el impacto del Mundial 2026