Bitcoin cotiza estable tras ataques a Venezuela, mientras mercado del petróleo permanece cerrado

Los ataques reportados en Venezuela no han provocado, por ahora, movimientos relevantes en los mercados abiertos. Las criptomonedas muestran estabilidad.

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Bloomberg Línea — Los ataques reportados en Venezuela no se han traducido, por ahora, en movimientos relevantes en los mercados que permanecen abiertos este sábado. Con las bolsas tradicionales cerradas, la atención se ha concentrado en activos de negociación continua como las criptomonedas, donde la reacción inicial ha sido contenida.

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El bitcoin, la principal criptomoneda por capitalización de mercado, se cotizaba alrededor de US$89.741, con una variación de 0,2% sobre las 3:45 a.m. ET, un avance de 0,8% en las últimas 24 horas y una ganancia acumulada de 2,6% en los últimos siete días. El comportamiento refleja estabilidad y ausencia de movimientos defensivos asociados al deterioro del entorno geopolítico en América Latina.

Ethereum, el segundo mayor criptoactivo, operaba cerca de US$3.099, con un alza de 0,4% a la misma hora, un incremento de 2,5% en 24 horas y una subida de 5,8% en la última semana. Tampoco se observaban repuntes abruptos de volatilidad ni aumentos significativos de volumen que sugirieran una reacción directa a los acontecimientos en Caracas.

Los ojos pasarán al petróleo

En el mercado petrolero, las operaciones se reanudarán el domingo en horas de la tarde. El foco sigue dominado por los fundamentos de oferta y demanda global, con el conflicto venezolano actuando como un factor de riesgo adicional, pero secundario. El crudo mostró variaciones acotadas en el arranque del año, en un contexto marcado por expectativas de un amplio superávit de suministro.

El Brent se estabilizó por debajo de US$61 por barril, mientras que el West Texas Intermediate se mantenía ligeramente por encima de US$57, en un entorno de negociación con volúmenes moderados. El exceso de oferta proyectado para 2026 ha funcionado como un amortiguador frente a posibles disrupciones geopolíticas.

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La Agencia Internacional de la Energía estima un superávit cercano a 3,8 millones de barriles diarios para este año, después de un período en el que tanto la OPEP+ como productores externos, incluidos Estados Unidos y Guyana, incrementaron su producción mientras el crecimiento de la demanda se desaceleró. En ese marco, se espera que la OPEP+ reafirme en los próximos días su decisión de pausar los aumentos de oferta durante el primer trimestre.

Venezuela figura entre los focos de riesgo específicos para el mercado energético. La administración de Donald Trump ha intensificado la presión sobre las exportaciones petroleras del país mediante sanciones y un bloqueo marítimo, con el objetivo de reducir los ingresos del gobierno de Nicolás Maduro. No obstante, el mercado parece asumir que cualquier impacto inmediato será limitado dentro de un contexto de abundancia de crudo a nivel global.

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El impacto en la producción petrolera

Antes de los ataques, algunos bancos de inversión ya venían incorporando a Venezuela como un factor relevante en sus escenarios energéticos. En un informe publicado a principios de diciembre del año pasado, JPMorgan advirtió que la posibilidad de un cambio político en Caracas, aunque incierta, no podía descartarse y situó al país como uno de los principales riesgos alcistas para la oferta global de petróleo en 2026 y 2027.

El banco sostuvo que un eventual cambio de régimen tendría un impacto inicial disruptivo sobre la producción, con riesgos de caídas abruptas por interrupciones operativas, desarticulación laboral o cierres preventivos en PDVSA. JPMorgan recordó precedentes históricos, como la huelga petrolera de 2002–2003, que derivó en una contracción temporal cercana al 50% de la producción, aunque subrayó que ese choque podría ser transitorio.

Según el informe, bajo un entorno político estable y con restablecimiento de licencias internacionales, acceso a diluyentes y operaciones sin restricciones de Chevron, la producción venezolana podría recuperarse con rapidez hasta niveles cercanos a 1,2 millones de barriles diarios en pocos meses. A más largo plazo, JPMorgan proyectó que, con reformas estructurales y el retorno de inversionistas extranjeros, la producción podría ubicarse entre 1,3 y 1,4 millones de barriles diarios en un horizonte de dos años posteriores a una transición política.

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Bank of America mantiene una postura prudente debido a la incertidumbre. Francisco Blanch, jefe global de investigación en commodities del banco, indicó que “en Venezuela hemos mantenido una proyección decreciente debido a las tensiones y sanciones”. El escenario venezolano se presenta como un riesgo potencial al alza.

El informe de BofA sobre las proyecciones de materias primas para 2026 estima que la producción de crudo de países fuera de la OPEP crecerá en 750.000 barriles diarios (b/d) durante el próximo año. De ese total, cerca de 600.000 b/d corresponderán a Brasil, Guyana y Argentina.