Bloomberg Línea — La inteligencia artificial no sólo está cambiando la forma en que los inversores acceden a la información financiera. También coincide con un aumento del apetito por el riesgo entre los más jóvenes, que muestran una creciente disposición a asumir posiciones más agresivas y a delegar parte de sus decisiones de inversión en sistemas de IA.
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Un informe, elaborado por los analistas Luke Templeman y Galina Pozdnyakova, de Deutsche Bank, concluye que estadounidenses y británicos menores de 55 años prevén elevar su nivel de riesgo en sus carteras durante los próximos uno, tres y cinco años, al tiempo que aumenta su intención de recurrir a soluciones de inteligencia artificial para gestionar sus inversiones.
Templeman y Pozdnyakova escriben que “cuanto más joven es el grupo de edad, más afirma que incrementará su nivel de riesgo durante los próximos 1, 3 y 5 años”.
Aunque los analistas subrayan que la IA no es el único factor detrás de esta tendencia, identifican cinco elementos que ayudan a explicar por qué las generaciones más jóvenes muestran una mayor disposición a asumir riesgos financieros.
1. La IA reduce la fricción para tomar decisiones
El informe sostiene que la inteligencia artificial facilita el acceso al análisis financiero y hace que problemas complejos resulten más comprensibles para el inversor medio. Esa percepción puede traducirse en una mayor predisposición a actuar.
Templeman y Pozdnyakova señalan que “la IA puede amplificar el apetito por el riesgo, especialmente entre los jóvenes, porque reduce la fricción en torno a la toma de decisiones”. Añaden que “aunque el resultado sea imperfecto, la interacción puede crear una sensación de fluidez”, un aspecto relevante porque “las personas son más propensas a actuar cuando un problema complejo parece comprensible”.
El estudio refleja además que los menores de 55 años son quienes muestran una mayor intención de sustituir su método actual de gestión por soluciones administradas mediante IA durante los próximos años.
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2. Los jóvenes, más dispuestos a delegar
El cambio no se limita al asesoramiento. El informe observa una creciente comodidad para permitir que la inteligencia artificial ejecute automáticamente operaciones dentro de la cartera, una vez definidos los parámetros de inversión.
Los analistas destacan que los estadounidenses de hasta 34 años aceptan esa posibilidad por una proporción de diez a uno, mientras que en Reino Unido la relación alcanza tres a uno dentro del mismo grupo de edad.
Esa disposición disminuye conforme aumenta la edad de los inversores.
3. Redes sociales y presión social suben apetito por riesgo
Deutsche Bank sitúa el comportamiento financiero de las nuevas generaciones dentro de un ecosistema marcado por las redes sociales, las plataformas de inversión móvil y las comunidades digitales.
Templeman y Pozdnyakova escriben que “muchos inversores jóvenes se han socializado en una cultura de mercado moldeada por la negociación móvil, las redes sociales, los criptoactivos, la intermediación sin comisiones, los influencers financieros en línea y rápidos ciclos de narrativas de auge y caída”.
Según el informe, esa dinámica “amplifica cuestiones psicológicas de prueba social, comportamiento de rebaño y miedo a quedarse fuera”.
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Los autores añaden que la facilidad para acceder a productos de mayor riesgo también favorece comportamientos descritos por la teoría de las perspectivas, en la que un inversor que siente haber perdido oportunidades puede inclinarse hacia operaciones de mayor volatilidad para recuperar terreno.
4. Las expectativas económicas también influyen
El informe identifica una combinación de aspiraciones económicas elevadas y dificultades financieras como otro de los motores del incremento del riesgo.
Los analistas explican que algunos estudios muestran que la Generación Z considera que necesita el doble de patrimonio y el triple de salario anual que la generación anterior para alcanzar el éxito financiero.
Al mismo tiempo, recuerdan que los jóvenes afrontan mayores preocupaciones por el acceso a la vivienda, el costo de la educación, la jubilación y el estancamiento del crecimiento real de los ingresos.
En ese contexto, Templeman y Pozdnyakova sostienen que “si las inversiones de mayor riesgo pueden parecer menos una especulación y más una necesidad, entonces asumir riesgos no es un rechazo de la prudencia, sino un intento de cerrar una brecha de oportunidades”.
5. Invertir parece más seguro
La última razón apunta a un cambio en la percepción del riesgo más que al riesgo real. El informe argumenta que los inversores recalibran su comportamiento cuando consideran que existen mayores mecanismos de protección.
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Los autores recuerdan que las reformas regulatorias posteriores a la crisis financiera, la expansión de los fondos indexados de bajo costo, la negociación sin comisiones, las acciones fraccionadas y la abundancia de información han reducido la percepción de las consecuencias negativas de invertir.
También, señalan que una generación de inversores solo ha conocido grandes caídas bursátiles seguidas de recuperaciones relativamente rápidas hacia nuevos máximos.
Pese al avance de la IA, Templeman y Pozdnyakova advierten de que “es preocupante que las consecuencias percibidas puedan haber disminuido más rápido que las consecuencias potenciales reales”.
Los analistas que “la IA puede ampliar esta brecha si da a los usuarios la impresión de que los riesgos se comprenden plenamente o pueden controlarse”.
Para los autores, el reto consistirá en comprobar si la expansión de la inteligencia artificial va acompañada de suficiente educación financiera y mecanismos que permitan comprender mejor los riesgos asociados a las decisiones de inversión.