¿Es tarde para invertir en Wall Street? Las siete lecciones de 75 años y 1.300 récords del S&P 500

Los récords del S&P 500 pueden elevar el temor a entrar tarde, pero UBS advierte que la historia apunta a otras variables para detectar el final de un mercado alcista.

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Bloomberg Línea — Los máximos históricos de Wall Street pueden alimentar la sensación de que la oportunidad para invertir ya pasó. La historia del mercado estadounidense apunta en otra dirección: alcanzar récords ha sido una característica recurrente de las bolsas y, para UBS, el actual ciclo alcista todavía parece joven frente a episodios anteriores.

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Aunque esta semana el S&P 500 ha retrocedido en medio de una venta masiva de bonos, el índice acumula más de 20 máximos históricos este año. Es precisamente esa sucesión de récords la que vuelve a plantear una pregunta para los inversionistas: si Wall Street viene marcando máximos, ¿es demasiado tarde para entrar?

La respuesta de Burkhard Varnholt, Senior Financial Market Adviser de UBS, es que no es tarde para permanecer invertido. Su argumento descansa menos en la edad del ciclo que en la trayectoria de los beneficios, las tasas de interés y la productividad, factores que considera más relevantes para la continuidad del mercado alcista.

Desde 1950, el S&P 500 ha registrado más de 1.300 máximos históricos, un promedio cercano a 17 récords por año y superior a uno por mes.

Para Varnholt, “romper nuevos máximos históricos es, en cierto sentido, la razón de ser de los mercados bursátiles”. Esa perspectiva sirve como punto de partida para siete lecciones que UBS extrae de la historia y que matizan el temor a entrar en Wall Street después de una prolongada subida.

Las lecciones de 75 años de mercado

Las siete lecciones que plantea Varnholt no funcionan como una señal directa de compra, sino como una guía para entender qué ha sostenido históricamente a las bolsas y qué puede interrumpir sus avances. Beneficios, inflación, tasas de interés, innovación y competitividad aparecen entre las variables centrales.

La primera lección de UBS es que los mercados alcistas no mueren de viejos, sino por un desplome de los beneficios. Las principales causas de ese deterioro son una recesión o una inflación persistentemente alta, dos amenazas que Varnholt considera actualmente poco probables.

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Esa lectura se apoya en una política fiscal y monetaria que estimula varias de las principales economías y en un impulso de productividad que favorece los beneficios, los ingresos de los hogares y la estabilidad de precios. A ello se suman balances financieros y privados más sólidos que antes y después de la crisis de 2008.

La segunda lección introduce precisamente la productividad. A largo plazo, UBS considera la innovación como la protección más poderosa frente a la inflación y el aumento de las tasas, porque las nuevas ideas consiguen imponerse cuando permiten hacer las cosas más baratas, mejores o ambas a la vez.

La tercera lección es que alcanzar un máximo no implica por sí mismo el agotamiento del mercado. Varnholt vincula la capacidad de las bolsas para establecer nuevos récords con el crecimiento que persiguen las economías de libre mercado, aunque advierte que ese recorrido puede incluir interrupciones prolongadas.

El Dow Jones ofrece un ejemplo. Tras superar los 1.000 puntos en 1972, afrontó una década de estanflación, dos crisis petroleras, beneficios estancados y tasas elevadas. Solo rompió esa barrera de forma sostenible a comienzos de los años 80, pero desde entonces su nivel se ha multiplicado por más de 50.

Para UBS, ese avance posterior estuvo impulsado por el aumento de los beneficios empresariales y la caída de las tasas de interés, pese a las crisis, conflictos y retrocesos registrados durante el periodo. Esa relación entre resultados corporativos y costo del dinero conduce a las siguientes lecciones.

¿Qué determina el recorrido de las bolsas?

La historia conduce a la cuarta lección: “los mercados bursátiles son menos un reflejo de las turbulencias geopolíticas que de los beneficios empresariales y las tasas de interés”. Para UBS, son estas dos variables, más que los conflictos internacionales por sí solos, las que ayudan a explicar el comportamiento bursátil.

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La quinta lección amplía el foco hacia las condiciones que permiten sostener ese crecimiento. Una gran economía doméstica, un sistema económico liberal y basado en reglas, mercados de capital profundos y un mercado laboral dinámico forman, según Varnholt, un terreno fértil para que las bolsas prosperen de manera sostenible.

De ahí deriva la sexta lección. Si los mercados reflejan beneficios empresariales, tasas de interés y competitividad económica, también pueden mostrar el ascenso y declive histórico de las naciones. UBS precisa que esa evolución debe entenderse principalmente en términos económicos, antes que geopolíticos.

La séptima lección lleva ese mismo razonamiento a las industrias. Los cambios en el peso de los sectores dentro de las bolsas permiten observar cuáles ganan o pierden relevancia con el tiempo y, para Varnholt, ofrecen otra medida de la competitividad económica y del éxito bursátil de los países.

¿Es tarde entonces para invertir en Wall Street?

Los beneficios son una pieza central de la respuesta y, para UBS, todavía dejan margen para que Wall Street avance. El beneficio por acción esperado del S&P 500 pasó de US$220 al inicio del mercado alcista, en octubre de 2022, a casi US$400. Si alcanzara US$500 al final de la década, un múltiplo de 22 veces implicaría un nivel significativamente mayor del índice.

La proyección no constituye una garantía. Varnholt reconoce que el desempeño pasado no asegura resultados futuros y deja abierta la cuestión de si ese escenario terminará materializándose. La tesis de UBS depende, por tanto, de que el crecimiento de los beneficios continúe acompañando las cotizaciones.

La comparación con la burbuja puntocom también ofrece otro respaldo. Entonces, las valoraciones avanzaron mientras los beneficios no acompañaban. Hoy, UBS observa un crecimiento fuerte de ventas y ganancias y una rotación más amplia: el S&P 500 suma 13% este año, frente al 5% de las “Siete Magníficas” y el 16% de las otras 493 compañías.

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La conclusión de Varnholt es explícita. “Las personas deberían permanecer invertidas”. Sin embargo, eso no equivale a ignorar el precio ni los riesgos. Las valoraciones elevadas pueden provocar correcciones y el conflicto en Medio Oriente puede afectar la inflación y el apetito por riesgo, por lo que UBS mantiene la diversificación como elemento central.

Así, los 1.300 récords no eliminan la posibilidad de caídas ni garantizan nuevos máximos. Por ahora, sin embargo, las variables que UBS considera determinantes siguen respaldando el ciclo: ve poco probable una recesión, espera que continúe el impulso de productividad y observa un crecimiento sólido de los beneficios empresariales.