Bloomberg Línea — La calificadora Fitch Ratings presentó un análisis actualizado sobre la situación de América Latina, destacando los efectos positivos que ha tenido un dólar más débil sobre la región. El escenario de menores presiones inflacionarias, junto con tasas de interés en descenso y monedas locales apreciadas, ha permitido un mejor desempeño relativo de los mercados soberanos.
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La percepción de riesgo en la región ha mejorado. Fitch no asigna actualmente perspectivas negativas a ningún país latinoamericano y, por el contrario, identifica fundamentos macroeconómicos estables en varias economías. Las remesas, la competitividad exportadora y las condiciones de financiamiento externo han mostrado resiliencia, pese a un contexto político fragmentado y niveles de crecimiento aún bajos.
Shelly Shetty, directora general y responsable de calificaciones soberanas de América y Asia en Fitch Ratings, señaló que “la mayoría de los países latinoamericanos han podido preservar la competitividad contra los países asiáticos. (...) Vimos el año pasado la resiliencia de las exportaciones no solo en México, ha sido maravillosa, pero también en América Central y en Sudamérica al mismo tiempo”.
El impacto del dólar débil
Desde 2025, el dólar estadounidense ha mostrado una tendencia a la baja frente a las principales divisas globales, alcanzando niveles mínimos en cuatro años. El debilitamiento se ha acelerado a medida que los mercados descuentan posibles recortes de tasas por parte de la Reserva Federal tras el descenso de la inflación, junto con una menor confianza de los inversores en la moneda debido a la incertidumbre política y decisiones de política económica del gobierno Trump.
La moderación del billete verde ha generado efectos favorables sobre las condiciones externas de la región. Fitch resalta que muchas economías siguen teniendo una proporción elevada de deuda denominada en moneda extranjera. En este contexto, la depreciación del dólar ha aliviado la carga del servicio de deuda, facilitando también el acceso al mercado para emisores soberanos y corporativos.
Shetty indicó que “en muchos casos muchos gobiernos en la región todavía tienen una proporción bastante alta de la deuda que está denominada en moneda extranjera. Así que en la medida en que el dólar ha sido un poco más débil, eso les ha ayudado con el costo del servicio de la deuda”.
Además, la apreciación de las monedas locales ha contenido las presiones inflacionarias derivadas de bienes importados. Según Shetty, “las monedas regionales han seguido comportándose relativamente bien y eso también ha ayudado a contener parte de la inflación importada que enfrentan estos países”.
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El debilitamiento del dólar también ha favorecido el apetito por activos emergentes, lo cual se ha reflejado en mayores flujos de capital hacia América Latina. Fitch lo vincula con una mejora en las condiciones de financiamiento tanto para soberanos como para el sector privado.
México y Brasil
Fitch considera que México mantuvo en 2025 fundamentos externos sólidos, aunque enfrenta presiones fiscales derivadas del bajo crecimiento y del deterioro financiero de Pemex. Todd Martínez, director sénior de calificaciones soberanas, explicó que “el punto de presión para México es fiscal. Solía ser una fortaleza de México pero están entrando en este periodo de bajo crecimiento con un déficit alto”.
Si bien la depreciación del dólar alivió el costo del servicio de deuda, persisten desafíos estructurales. “No está del todo claro cómo van a poder continuar la consolidación fiscal”, dijo Martínez. Fitch destacó también que la estrategia de desarrollo del gobierno reconoce la necesidad de inversión privada, pero la incertidumbre regulatoria y reformas como la judicial y la electoral podrían limitar el potencial de nearshoring.
En Brasil, la situación fiscal sigue siendo el principal reto. El país logró evitar una crisis de mercado al cierre de 2025 y mantuvo un crecimiento de 2,3%. Martínez sostuvo que “Brasil está corriendo para quedarse en el mismo lugar. Hay todas estas batallas arduamente peleadas en el Congreso para aprobar estas medidas fiscales, pero como el gasto está aumentando bajo el marco fiscal, solo estamos viendo una mejora mínima en el balance primario”.
Fitch anticipa que, independientemente del resultado electoral en 2026, el próximo gobierno deberá aplicar un ajuste fiscal más ambicioso, probablemente centrado en el control del gasto. “Si el gobierno opta por un enfoque improvisado para la consolidación fiscal o asume un crecimiento poco realista, eso mantendrá altas las tasas de interés reales”, concluyó Martínez.
Argentina, Colombia y Perú
El caso de Argentina es observado con cautela. Fitch reconoce un giro positivo tras la victoria legislativa del presidente Javier Milei en 2025, pero advierte que la sostenibilidad del ajuste depende de la acumulación de reservas y de la recuperación del acceso al mercado. Martínez señaló que “si pueden seguir acumulando reservas, ese es un claro detonante para nosotros y está muy relacionado con el otro detonante, que es recuperar el acceso al mercado”.
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La calificadora valora como positivo que el gobierno argentino haya fijado metas propias de reservas y haya ajustado el régimen cambiario para permitir una depreciación más rápida del techo de la banda, lo que reduce la presión sobre las ventas del banco central.
En Colombia, Fitch rebajó la calificación en diciembre de 2025 ante la persistencia de un déficit fiscal elevado. Richard Francis, director sénior de calificaciones soberanas, explicó que “la clave para la rebaja fue el déficit fiscal muy grande que tiene Colombia, cerca de 7% del PIB. Y aún más importante, fue simplemente la expectativa de que no se venían medidas correctivas”.
Francis advirtió que la presión sobre el tipo de cambio podría agravar la dinámica de deuda, dado que cerca de 30% está en moneda extranjera. “Si seguimos viendo estos déficits muy altos, deuda creciendo y tasas de interés creciendo también, podríamos ver una presión renovada sobre las calificaciones de Colombia”, señaló.
En Perú, el foco principal es la estabilidad política. La fragmentación del sistema de partidos y la sucesión constante de gobiernos han limitado el potencial de crecimiento. Según Francis, “claramente el sistema político de Perú es disfuncional. Hemos tenido siete presidentes en los últimos ocho años”.
Pese a ello, Fitch destaca que el país ha logrado mantener un déficit fiscal de 2,2% del PIB y una deuda moderada por debajo de 35% del PIB. La perspectiva de la calificación es estable, aunque su evolución dependerá de la capacidad del nuevo gobierno para avanzar en reformas y preservar la prudencia fiscal.
Costa Rica y Ecuador
Costa Rica ha mostrado avances que podrían respaldar una mejora de calificación. Martínez señaló que tienen “una perspectiva positiva en nuestra calificación BB a la luz del fuerte impulso de crecimiento, una notable mejora en las finanzas externas y acumulación de reservas”.
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Para alcanzar el grado de inversión, Fitch considera necesario eliminar las restricciones legales al financiamiento externo, además de evaluar los efectos de riesgos sectoriales, como las posibles tarifas sobre dispositivos médicos tras la salida de Intel.
En el caso de Ecuador, Fitch destaca el compromiso del gobierno de Daniel Noboa con el programa del FMI y la reciente mejora en la posición externa, que incluye un superávit en cuenta corriente y acumulación de reservas. Francis afirmó que “el cambio clave para Ecuador ha sido la mejora significativa en su posición externa. Están teniendo superávits en cuenta corriente. Las reservas internacionales han aumentado sustancialmente”.
Sin embargo, Fitch advierte que el déficit fiscal sigue siendo superior al objetivo y que la derrota en el referendo de 2025 ha debilitado la capacidad del gobierno para avanzar en reformas. Aun así, la reciente emisión de bonos y la reducción de necesidades de financiamiento podrían justificar una eventual mejora en la nota si se consolida el ajuste.
La calificadora proyecta una visión de América Latina marcada por la estabilidad relativa de sus fundamentos macroeconómicos, pese a los desafíos fiscales y políticos que persisten en varios países. Fitch identifica una región sin perspectivas negativas en sus notas soberanas, respaldada por una política monetaria que ha contenido la inflación, una mejora en las cuentas externas gracias a la debilidad del dólar, y un desempeño sólido de exportaciones y remesas.
No obstante, Fitch advierte que la falta de reformas estructurales, la baja inversión y el estancamiento del crecimiento potencial continúan limitando el desarrollo económico sostenido en una región que tendrá que enfrentar elecciones durante 2026.