Bloomberg Línea — La guerra en Irán ha provocado una interrupción del suministro petrolero sin precedentes en la historia moderna del mercado energético. La magnitud de la disrupción ha llevado a analistas y consultoras del sector a evaluar escenarios de precios extremos, mientras el mercado intenta determinar el nuevo equilibrio entre oferta y consumo.
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Durante los primeros días del conflicto, cerca del 20% del suministro mundial de petróleo ha quedado interrumpido, una proporción que supera por más del doble el récord previo registrado durante la crisis de Suez de 1956 a 1957, según datos de Rapidan Energy Group.
El episodio altera el funcionamiento habitual del sistema petrolero mundial, porque la disrupción afecta también a los países que tradicionalmente aportaban la mayor parte de la capacidad de producción disponible para compensar crisis.
El cierre de rutas energéticas en el Golfo ha retirado de los mercados internacionales una parte sustancial de los flujos de exportación de crudo y combustibles refinados, lo que introduce un escenario en el que el ajuste del mercado depende, principalmente, de precios más altos que reduzcan el consumo.
El presidente y analista jefe de Wood Mackenzie, Simon Flowers, advirtió que, incluso, “cuando el conflicto termine, poner en marcha la cadena de suministro no será rápido”, lo que puede seguir alargando el golpe sobre los precios.
El mayor cierre de suministro en la historia
El análisis de Wood Mackenzie sitúa la magnitud del shock en niveles que la industria petrolera no había enfrentado anteriormente. La consultora calcula que cerca de 15 millones de barriles diarios de suministro procedente del Golfo han quedado fuera del mercado internacional.
Los países del Golfo producen en conjunto cerca de 20 millones de barriles diarios de líquidos, de los cuales alrededor de 15 millones corresponden a exportaciones que ahora han desaparecido del comercio global. Este volumen equivale a una proporción significativa del suministro mundial y explica la rapidez con la que los precios han reaccionado en los mercados internacionales.
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El cierre del Estrecho de Ormuz constituye el elemento central de esta interrupción logística. Gran parte de los flujos energéticos que conectan al Golfo con Europa y Asia dependen de ese corredor marítimo, lo que ha obligado a compradores y refinadores a buscar suministros alternativos en otras regiones.
Europa aparece entre las regiones más expuestas. En 2025, las refinerías del Golfo suministraron 60% del combustible de aviación consumido en el continente y cerca de 30% del diésel, volúmenes que han quedado interrumpidos tras el inicio del conflicto. Al mismo tiempo, compradores asiáticos han intensificado la búsqueda de cargamentos en África occidental y América Latina, lo que aumenta la competencia por los barriles disponibles fuera del Golfo.
El análisis de Rapidan Energy muestra que la disrupción actual no se limita a una caída en el suministro. El conflicto también afecta la capacidad de respuesta del sistema petrolero mundial, que en crisis anteriores actuaba como amortiguador frente a shocks geopolíticos.
Durante la crisis de Suez, la capacidad excedente representaba cerca del 35% del suministro global y se encontraba principalmente en Estados Unidos, lo que permitió estabilizar el mercado con relativa rapidez. En episodios posteriores como el embargo petrolero de 1973 o las crisis del Golfo, Arabia Saudita y otros productores del Golfo mantuvieron millones de barriles diarios de producción disponible para intervenir.
El análisis de Rapidan Energy indica que el escenario actual presenta una configuración distinta. La zona afectada por la guerra incluye a los países que concentraban esa capacidad de reserva, lo que elimina el mecanismo tradicional que limitaba las subidas de precios cuando el suministro se reducía.
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Precios de US$150 y el riesgo de US$200
En ausencia de nuevas fuentes de suministro capaces de reemplazar el petróleo perdido, el equilibrio del mercado dependerá en gran medida de un ajuste del consumo global. El análisis de Wood Mackenzie sostiene que ese proceso podría requerir precios significativamente superiores a los actuales.
Flowers afirma que “mucho dependerá de cuánto dure la guerra, cuánto tiempo permanezca cerrado el Estrecho de Ormuz y de si la Marina de Estados Unidos puede garantizar el paso seguro de los buques escoltando el transporte marítimo”.
El mismo análisis sostiene que la demanda mundial de petróleo, estimada en cerca de 105 millones de barriles diarios, tendría que disminuir para restablecer el equilibrio entre oferta y consumo si la interrupción del suministro persiste durante varias semanas.
En ese contexto, el informe considera que el ajuste podría requerir precios cercanos a US$150 por barril en las próximas semanas. Ese nivel implicaría una reducción del consumo a través de varios canales, desde menor actividad industrial hasta cambios en los patrones de transporte y una disminución de los viajes.
El escenario de precios extremos no se limita a ese umbral. Flowers señala que “el suministro en riesgo esta vez es dimensionalmente mayor y real”. Bajo esa premisa, el analista añade que “en nuestra opinión, US$200 por barril no está fuera del ámbito de lo posible en 2026”.
Al ritmo de la guerra
Según un análisis técnico de Bank of America, el mercado petrolero aún enfrenta riesgos de precios al alza incluso después del repunte reciente del Brent hacia la zona de US$120 por barril, un movimiento que refleja la sensibilidad del mercado a los acontecimientos del conflicto.
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El estratega técnico de la entidad, Paul Ciana, considera que el mercado todavía podría experimentar movimientos extremos en función del flujo de noticias sobre la guerra. En su análisis, sostiene que “siguen siendo posibles niveles de riesgo de cola impulsados por los titulares de US$134/US$150 incluso después del repunte, aunque la probabilidad es menor después”.
A mediano plazo, Ciana considera probable una fase de consolidación después del fuerte avance, un proceso que podría producirse mientras el mercado evalúa la duración del conflicto y el alcance de las interrupciones en el suministro global.
Bernstein, por su parte, evalúa escenarios de precios a partir de la magnitud de la interrupción del suministro energético. La analista Irene Himona estima que perder el “20% del petróleo mundial (y GNL) durante un período prolongado” llevaría el promedio del Brent de 2026 por encima de US$90 si la interrupción se extiende durante tres meses y por encima de US$110 si alcanza seis meses, con episodios de precios que superarían con amplitud esos promedios.
El informe también vincula ese escenario con la escalada de ataques directos a instalaciones energéticas en el Golfo. Entre los objetivos mencionados se encuentran la refinería Ras Tanura de 550.000 barriles diarios en Arabia Saudita y las instalaciones de gas natural licuado de Qatar, infraestructuras que forman parte del núcleo exportador de energía de la región.
En ese contexto, la firma considera que el conflicto ha entrado en una fase distinta del ciclo habitual de tensiones geopolíticas en el mercado petrolero. Bernstein describe el momento actual como una “verdadera crisis”, un episodio que en su evaluación solo encuentra un precedente comparable en la destrucción del sector petrolero de Kuwait en 1991.