Los bonos soberanos encarecen la deuda y elevan los riesgos fiscales, advierte el FMI

La deuda pública mundial superaría el 100% del PIB en 2030, mientras las mayores tasas de interés y las necesidades de gasto obligan a los gobiernos a reforzar sus planes fiscales.

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Bloomberg Línea — El aumento de los rendimientos de la deuda soberana en las principales economías avanzadas está agravando los riesgos fiscales mundiales, mientras los gobiernos afrontan mayores costos de financiación y un margen cada vez más limitado para contener el endeudamiento.

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que la combinación de elevados niveles de deuda pública, mayores tasas de interés y crecientes necesidades de gasto intensifica las presiones sobre los presupuestos y dificulta la estabilización de las finanzas públicas.

Era Dabla-Norris y Rodrigo Valdés, economistas del FMI, sostienen que “una deuda elevada también hace que las tasas de interés del mercado sean más sensibles a la evolución fiscal”, una relación que adquiere mayor importancia ante las perspectivas de nuevas emisiones de bonos soberanos.

Bonos del G7 encarecen la deuda pública

Entre febrero y septiembre, el rendimiento promedio de los bonos gubernamentales a diez años del Grupo de los Siete (G7) aumentó más de un punto porcentual y alcanzó su nivel más alto en casi dos décadas.

El incremento coincide con unas perspectivas de endeudamiento mundial que continúan deteriorándose. Según las proyecciones del FMI, la deuda pública global superará el 100% del producto interno bruto (PIB) mundial en 2030.

Ese umbral no se registra desde el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, mientras las principales economías avanzadas afrontan mayores presiones de gasto y perspectivas de importantes emisiones de deuda durante los próximos años.

Entre los factores que impulsan los rendimientos figuran el choque de los precios del petróleo, la inflación persistente, una mayor demanda de inversión y las expectativas de crecimiento futuro asociadas con la inteligencia artificial.

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Sin embargo, los fundamentos fiscales también ejercen presión sobre los intereses exigidos por los inversionistas para mantener bonos de largo plazo. En Estados Unidos, las tasas futuras muestran una mayor sensibilidad a las proyecciones de deuda desde 2022.

Dabla-Norris y Valdés explican que “los rendimientos de referencia más elevados en las principales economías también pueden propagarse a través de las fronteras, empeorando la dinámica de la deuda en otros lugares”.

El encarecimiento de la financiación ya aparece en las proyecciones presupuestarias. El costo efectivo promedio de los intereses de la deuda gubernamental aumentaría del 2,3% en 2021 al 3,7% en 2031.

En Estados Unidos, los pagos de intereses pasarían de aproximadamente el 2,8% del PIB antes de la pandemia al 5,7% en 2031, una proporción similar al gasto previsto en Seguridad Social, el mayor programa individual de prestaciones del país.

Para las economías de bajos ingresos, los intereses absorben actualmente más del 15% de los ingresos tributarios, una carga que reduce los recursos disponibles para inversión pública, programas sociales y otras prioridades presupuestarias.

Tasas de interés y déficit agravan riesgos fiscales

El deterioro también afecta la relación entre las tasas de interés y el crecimiento económico. En un número creciente de países, los intereses de la nueva deuda superan las tasas esperadas de crecimiento nominal.

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Esta diferencia exige balances primarios más sólidos para impedir que aumente la proporción de deuda respecto del PIB. Sin embargo, las previsiones del organismo apuntan a una ampliación del déficit primario mundial durante 2026.

El déficit primario global se situaría alrededor del 3,3% del PIB este año, frente al 2,6% necesario para estabilizar la relación entre deuda y producto. El FMI calcula que posteriormente haría falta otro ajuste de magnitud similar.

La estructura de vencimientos introduce una presión adicional. Varios gobiernos de economías avanzadas refinancian una mayor proporción de sus obligaciones a plazos más cortos, con una transmisión más rápida de las tasas oficiales a los costos de financiación.

Esta exposición adquiere relevancia cuando la inflación permanece por encima de los objetivos de los bancos centrales y los mayores precios energéticos añaden presiones inflacionarias.

Dabla-Norris y Valdés advierten que “una deuda elevada y vencimientos más cortos pueden, por tanto, hacer que restablecer la estabilidad de precios sea más difícil y más costoso para las finanzas públicas”.

Las condiciones de financiación de numerosos mercados emergentes, por su parte, permanecen favorables, con emisiones soberanas sólidas, mayores precios de materias primas y diferenciales de riesgo comprimidos.

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Algunas economías de frontera incluso recuperaron el acceso a los mercados internacionales. No obstante, un cambio en el apetito por el riesgo podría ampliar los diferenciales y reducir considerablemente la capacidad de emisión.

FMI plantea ajustes fiscales y reformas tributarias

Ante estas presiones, el organismo considera prioritario que las economías avanzadas altamente endeudadas adopten medidas concretas, respaldadas por planes fiscales creíbles de mediano plazo y supuestos realistas.

Para los mercados emergentes, recomienda reducir las vulnerabilidades fiscales y fortalecer la gestión de la deuda. En los países de bajos ingresos, destaca la necesidad de mejorar los sistemas tributarios y la eficiencia del gasto público.

Valdés plantea que “un desafío central para la política fiscal actual es conciliar las necesidades de ingresos con el imperativo de proteger el crecimiento”, mediante una mejor estructura y aplicación de los impuestos.

El Monitor Fiscal de octubre de 2026 calcula que eliminar distorsiones tributarias asociadas con la inversión podría elevar el PIB entre un 2,1% y un 2,7% a largo plazo, sin necesidad de reducir la recaudación.

Las reformas del impuesto al valor agregado (IVA) también podrían disminuir entre un 2% y un 9% los costos de los insumos empresariales, dependiendo del sector, mientras una administración tributaria más sólida permitiría mejorar los ingresos públicos.

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Valdés subraya que “no existe, sin embargo, un modelo universal de reforma”, pues las prioridades dependen de los sistemas tributarios, los objetivos distributivos y la capacidad administrativa de cada país.

La evolución de los rendimientos soberanos, los diferenciales de riesgo y los balances primarios determinará las condiciones de los próximos ajustes fiscales, mientras las necesidades de gasto y refinanciación continúan elevadas.