Bloomberg Línea — El mercado global del café entra en 2026 con un cambio de eje. Tras varios años de déficit y tensión en la oferta, las proyecciones apuntan hacia un superávit liderado por Brasil, en un entorno macroeconómico que introduce riesgos financieros y comerciales.
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El ajuste no será lineal y la trayectoria de precios dependerá del ritmo de llegada de la nueva cosecha brasileña, del comportamiento de los fondos en los mercados de futuros y de la estabilidad política y cambiaria en los principales países productores.
La fotografía actual combina un mercado físico que pierde fuerza, exportaciones que se reconfiguran y una demanda que, pese a la presión inflacionaria reciente, mantiene resiliencia en segmentos clave.
En ese marco, la señal más relevante proviene del balance proyectado para 2026/27, que modifica las expectativas formadas durante el ciclo de escasez.
Carlos Mera y Stephen Rannekleiv, analistas de Rabobank, sostienen que siguen anclando sus “expectativas para el largo plazo en un balance adelantado mucho más relajado para 2026/27, ya que el aumento en la producción de arábica de Brasil se traducirá en un superávit global significativo”, una afirmación que reordena el marco de referencia para inversionistas y operadores.
Un balance global que gira hacia el superávit
La proyección central para 2026/27 se apoya en el aumento de la producción brasileña. Según Rabobank, la producción global alcanzará por primera vez alrededor de 180 millones de sacos, con un incremento interanual de 8 millones impulsado en gran medida por el arábica de Brasil.
Las lluvias en lo que va de 2026 han superado niveles normales en varias zonas productoras, lo que respalda la expectativa de una cosecha más amplia, aunque el desempeño del conillon podría moderarse tras el ciclo previo.
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StoneX converge en esa dirección. Su analista, Fernando Maximiliano estima “que la producción brasileña aumente en 13,5%, hasta 77 millones de sacos”, con un avance del arábica desde 36,5 hasta 47,2 millones de sacos, equivalente a un crecimiento de 29%.
Bajo ese escenario, el ciclo 2026 marcaría el primer superávit en cinco años tras un período de déficit entre 2021 y 2024 y un equilibrio en 2025.
Sucden Financial sitúa la cifra en un rango cercano. Daria Efanova y Viktoria Kuszak proyectan para la cosecha brasileña de 2026/27 “alrededor de 72,5 millones de sacos, con 47,5 millones de arábica y 25 millones de robusta”.
Esto permitiría desplazar el balance global hacia un superávit de entre 4,7 y 5,3 millones de sacos, bajo supuestos de clima estable y disponibilidad adecuada de robusta.
La transición no elimina la sensibilidad al clima. En Brasil, zonas de Sul de Minas y Zona da Mata han recibido humedad inferior a lo esperado y episodios de temperaturas elevadas, mientras que la experiencia reciente muestra que el patrón bienal tradicional perdió capacidad explicativa frente a la variabilidad meteorológica.
Fuera de Brasil, el aporte incremental no altera la dependencia del mercado global respecto del mayor productor. Sucden Financial advierte que “Brasil sigue siendo el impulsor decisivo de los balances globales”, mientras que Colombia y Etiopía añaden flujo marginal sin modificar la estructura central del mercado.
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En Colombia, la presión climática se ha traducido en cifras de corto plazo. El presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, Germán Bahamón, aseguró que “en enero, la producción registró un decrecimiento de -34%”, y que en los últimos 12 meses, la producción alcanzó 13,2 millones de sacos con una contracción de 8%.
Las exportaciones del año cafetero iniciado en octubre suman 4,2 millones de sacos con una caída de 10%, aunque el acumulado anual muestra 12,89 millones de sacos exportados.
“El clima, la tasa de cambio y la volatilidad de los precios internacionales continúan ejerciendo presión sobre la caficultura colombiana, afectando el ritmo agroeconómico en el cierre de 2025 e inicio de 2026″, explicó Bahamón.
Precios, fondos y estructura de mercado
El ajuste del balance ya influye en el posicionamiento financiero. Rabobank describe que el mercado ingresó en territorio bajista tras un aumento sostenido del café pendiente de clasificación y exportaciones elevadas desde Vietnam, Nicaragua y Honduras, lo que compensó la desaceleración brasileña que se vio a comienzos de año.
En su análisis, “es completamente posible que el ritmo de ventas de los fondos observado hasta ahora en 2026 haya exacerbado un poco la caída de precios y que pueda producirse una recuperación de corto plazo”, aunque el sesgo estructural apunta a una trayectoria descendente en un camino irregular.
El café arábica cotiza en torno a los 280 centavos de dólar por libra en el mercado de futuros, lo que implica una caída acumulada de 18,34% en lo corrido del año.
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Bahamón dijo que la caficultura colombiana ha demostrado históricamente su capacidad de adaptación. “Incluso en escenarios desafiantes, la fortaleza de su institucionalidad, la disciplina de sus productores y la confianza de los mercados internacionales continúan siendo los pilares que sostienen su reconocimiento global”, destacó.
En ese contexto, Rabobank indica que el retorno a un contango claro solo sería probable desde diciembre de 2026, cuando los volúmenes de la nueva cosecha brasileña comiencen a llegar a los destinos en cantidades significativas.
El contango es una estructura del mercado de futuros en la que los contratos con vencimientos más lejanos cotizan a precios superiores al contrato más cercano o al precio spot, lo que refleja expectativas de mayor oferta futura y la incorporación de costos de almacenamiento y financiamiento.
Hasta entonces, el mercado transitará una fase de ajuste donde la expectativa de abundancia futura convive con una disponibilidad aún condicionada.
En robusta, la situación presenta matices. Sucden Financial sostiene que este tipo de grano “sigue estructuralmente ajustado a comienzos de 2026, aunque el flujo de corto plazo ha mejorado”, con Vietnam estimando ventas de alrededor de 10 millones de sacos de la nueva cosecha y un remanente exportable cercano a 16 millones para los siguientes meses.
La demanda de café soluble y la capacidad instalada en países importadores sostienen esa firmeza relativa.
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El posicionamiento especulativo refleja la nueva narrativa. A mediados de enero, los fondos mantenían una posición neta larga en arábica inferior a la del año anterior, con aumento de posiciones cortas brutas por encima de 10.000 contratos.
El riesgo de liquidaciones cruzadas en el complejo de materias primas blandas añade un factor técnico que puede amplificar movimientos, aun cuando los fundamentos se mantengan estables.
Demanda resiliente y riesgos macro en 2026
En el frente de la demanda, la señal es de resistencia con matices regionales. En Estados Unidos, pese al aumento de 11,1% en el precio minorista del café tostado y molido en 2025, las ventas en dólares crecieron 10,1% y los volúmenes descendieron solo 0,9%, lo que evidencia elasticidad limitada.
Rabobank subraya que el mercado estadounidense se mantuvo sólido en 2025 con impulso de tendencias asociadas a salud, energía y búsqueda de valor.
En Asia, China amplía su peso relativo. Sucden Financial señala que el gigante asiático “se encuentra ahora entre los diez principales importadores de café de Brasil con alrededor de 1,1 millones de sacos en 2025”.
El consumo per cápita permanece por debajo de mercados maduros, lo que abre espacio de expansión, aunque con márgenes más estrechos en cadenas de formato masivo.
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El contexto macro introduce incertidumbre adicional. Sucden Financial cree “que los mercados parecen demasiado optimistas dado el potencial de politización de la Fed y la creciente posibilidad de debilidad en el mercado laboral”.
El fin del mandato de Jerome Powell en mayo de 2026 y el proceso de nominación podrían elevar la volatilidad en tasas y crédito, mientras el diferencial de rendimientos entre Brasil y Estados Unidos condiciona la trayectoria del real.
En el plano comercial, la reversión de aranceles extraordinarios de 40% sobre el café brasileño en Estados Unidos eliminó un factor distorsivo de 2025, aunque persiste el riesgo de nuevas medidas en un entorno donde los aranceles funcionan como instrumento de negociación.
La estabilidad de ese frente resulta determinante para los flujos hacia el mayor mercado consumidor.
El año 2026 se perfila así como un punto de inflexión. Si las proyecciones de cosecha en Brasil se materializan y el clima acompaña, el mercado global del café transitará desde un ciclo de escasez hacia un escenario de mayor holgura, con presión bajista sobre los precios en la medida en que los inventarios se reconstruyan.
La magnitud y el ritmo de ese ajuste dependerán de la disciplina de ventas de los productores, del comportamiento de los fondos y de un entorno macro que, lejos de ofrecer certezas, amplifica la sensibilidad del mercado a cualquier desviación climática o política.