Bloomberg Línea — Michael Burry lanzó una advertencia directa sobre los riesgos que representa una posible reversión en la tendencia del yen japonés. El inversionista, conocido por anticipar la crisis subprime de 2008, afirmó que el cambio de flujo de capitales de Estados Unidos hacia Japón podría alterar el equilibrio actual en los mercados de renta variable y de deuda.
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En una publicación en su blog de Substack, Burry señaló que el yen está “más que listo” para cambiar de dirección tras años de debilidad. Según explicó, este posible giro no requiere un detonante específico, aunque ha sido planteado por analistas desde hace más de un año.
“El yen japonés está largamente atrasado para una reversión de tendencia. Las consecuencias serían muchas, pero los inversionistas en Estados Unidos deben saber que la repatriación de fondos a Japón, buscando tasas más altas en sentido contrario, sería un cambio significativo en la dirección de los flujos”, afirmó Burry.
¿Qué está pasando con el yen japonés?
El yen japonés ha experimentado un repunte frente al dólar tras haber alcanzado niveles históricamente bajos. Esta recuperación se produce en medio de señales de una posible intervención oficial por parte del gobierno japonés para frenar su debilitamiento.
La apreciación reciente ha estado impulsada por advertencias explícitas de las autoridades financieras de Japón, contactos entre el Ministerio de Finanzas y el Tesoro de Estados Unidos, así como reportes de The Wall Street Journal que la Reserva Federal de Nueva York habría realizado consultas sobre el tipo de cambio. La magnitud del movimiento ha obligado a los operadores a cerrar posiciones en corto, lo que ha amplificado la volatilidad y ha generado inquietud sobre su impacto en el mercado global de bonos y en los flujos de capital hacia Estados Unidos.
El ministro de Finanzas, Satsuki Katayama, reforzó ese mensaje. “Tomaremos todas las medidas necesarias para hacer frente a movimientos especulativos y altamente anormales”, aseguró Katayama. A su vez, el secretario jefe del gabinete, Minoru Kihara, confirmó que Japón mantendrá una coordinación estrecha con Estados Unidos conforme al acuerdo de ministros de Finanzas alcanzado en septiembre pasado.
Los mercados interpretan esta serie de declaraciones como el preludio a una intervención conjunta para respaldar el yen. “Históricamente, las verificaciones de tasas del Ministerio de Finanzas son un precursor de la acción”, dijo Masahiko Loo, estratega de renta fija de State Street Investment Management, a Bloomberg.
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El yen ha subido más de 3% en apenas dos sesiones, lo que ha obligado a cubrir posiciones en corto. En paralelo, los bonos soberanos japoneses han vivido una fuerte volatilidad. El rendimiento del bono a 40 años alcanzó máximos históricos antes de retroceder a 2,235%, en una corrección impulsada por la perspectiva de intervención y menores presiones inflacionarias sobre las importaciones.
La debilidad del dólar
Mientras tanto, el dólar ha comenzado a debilitarse ligeramente. En algunas plazas emergentes, como Corea del Sur y Singapur, sus monedas han repuntado en línea con esta dinámica.
Otro indicio de coordinación es la consulta informal que la Reserva Federal de Nueva York habría hecho a operadores sobre el tipo de cambio del yen la semana pasada. “El hecho de que la Fed de Nueva York esté haciendo preguntas implica que cualquier posible intervención en el par dólar-yen no será unilateral”, explicó Bipan Rai, director de BMO Capital Markets.
La posibilidad de una acción concreta por parte del Banco de Japón se refuerza por la historia reciente. En 2024, el gobierno japonés gastó cerca de US$100.000 millones en compras de yenes cuando la divisa cayó por debajo de 160 por dólar. Esa cifra parece haber quedado como un umbral informal para futuras intervenciones.
Burry asegura que “la teoría simple es que tasas más altas en Japón y más bajas en Estados Unidos perjudicarían a las acciones y bonos en Estados Unidos, del mismo modo en que la circunstancia opuesta ha beneficiado a acciones y bonos en Estados Unidos”.
Este posible episodio de intervención recuerda al Acuerdo Plaza de 1985, en el que las principales economías del mundo se coordinaron para depreciar el dólar.