Bloomberg Línea — El aumento sostenido del gasto militar mundial se consolida como uno de los principales cambios en la economía, en un contexto de tensiones geopolíticas crecientes. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que este proceso ocurre en paralelo a un repunte de los conflictos globales que puede tener efectos en la deuda y el desempeño económico.
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En un informe publicado hoy, días antes del inicio formal de las reuniones de primavera de la organización, el Fondo advierte que “el número de conflictos ha aumentado marcadamente en los últimos años, alcanzando niveles históricamente altos en la última década”, no vistos desde la Segunda Guerra Mundial.
Según estima el informe, en los últimos cinco años, cerca de la mitad de los países del mundo han incrementado sus presupuestos de defensa, mientras que las ventas de armas de las principales empresas del sector se han duplicado en términos reales en dos décadas. Este giro se refleja en una expansión acelerada del gasto, que se aproximó a los US$2,63 billones en 2025.
El fenómeno ocurre en paralelo a un entorno de deuda elevada y mayores presiones de gasto público, donde “estas tendencias continuarán a medida que se intensifican las tensiones geopolíticas”, lo que introduce desafíos macroeconómicos relevantes en el corto y mediano plazo.
Auge del gasto militar y presión sobre las finanzas públicas
El incremento del gasto en defensa no sólo ha ganado magnitud, sino también frecuencia. El análisis muestra que los episodios de expansión significativa se han intensificado, especialmente en economías emergentes y en desarrollo, con aumentos promedio de 2,7 puntos porcentuales del PIB durante periodos que superan los dos años y medio.
Este proceso ocurre mayoritariamente financiado con deuda, dado que “alrededor de dos tercios se financian mediante mayores déficits”, lo que implica un deterioro directo de las cuentas fiscales. En promedio, los déficits fiscales aumentan en torno a 2,6 puntos del PIB y la deuda pública se incrementa en aproximadamente 7 puntos porcentuales en los tres años posteriores al inicio de estos ciclos.
La presión es más severa en contextos de conflicto, donde “la deuda pública aumenta en alrededor de 14 puntos porcentuales del PIB”, acompañada de una reducción del gasto social en términos reales.
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El aumento del gasto militar se produce además en un entorno de necesidades fiscales crecientes, donde los gobiernos enfrentan demandas simultáneas de inversión en infraestructura, transición energética, salud y pensiones. En este contexto, el Fondo dice que “la acumulación actual y proyectada del gasto en defensa implica importantes compensaciones macroeconómicas”, especialmente bajo condiciones de deuda elevada.
Impacto económico: impulsos y riesgos
El incremento del gasto en defensa actúa como un estímulo de demanda específico, con efectos visibles sobre la actividad económica en el corto plazo. El análisis muestra que estos episodios elevan el consumo y la inversión, especialmente en sectores vinculados a la defensa, lo que impulsa el crecimiento.
En episodios en tiempos de paz, el producto interno bruto puede aumentar más de 3% en relación con escenarios sin expansión del gasto, mientras que la inflación se incrementa de forma temporal en cerca de 3,6%.
Este comportamiento responde a que “el gasto en defensa impulsa el consumo privado y la inversión mediante efectos positivos de demanda”, aunque esto viene acompañado de presiones inflacionarias y desequilibrios externos.
El impacto depende de la composición del gasto. Aquellos aumentos orientados al consumo, como salarios y operaciones militares, generan efectos más inmediatos sobre la actividad, mientras que el gasto en inversión puede tener consecuencias más persistentes sobre la productividad.
Sin embargo, estos estímulos conllevan riesgos relevantes. El documento dice que cuando el financiamiento se apoya en déficits, “existe el riesgo de sobrecalentamiento de la economía”, lo que exige coordinación con la política monetaria para contener presiones inflacionarias.
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Adicionalmente, el efecto sobre el crecimiento se ve limitado por filtraciones externas. En muchos países, una parte significativa del gasto se destina a importaciones de equipo militar, lo que reduce el impacto sobre la producción interna y deteriora la balanza externa.
Guerra, deuda y cicatrices económicas persistentes
El aumento del gasto militar está estrechamente vinculado con el repunte de los conflictos globales, cuyos efectos macroeconómicos resultan significativamente más severos.
En 2024, calcula el FMI, más de 35 países experimentaron conflictos en su territorio y cerca del 55% de la población mundial estuvo expuesta a situaciones de violencia. Desde 2010, los conflictos han causado más de 1,9 millones de muertes.
Las economías afectadas enfrentan caídas inmediatas del producto cercanas al 5% y pérdidas acumuladas de alrededor de 7% en cinco años, con efectos que persisten durante más de una década. Estas pérdidas superan las asociadas a crisis financieras o desastres naturales.
Este deterioro responde a múltiples canales simultáneos. En el lado de la oferta, “las guerras destruyen la capacidad productiva mediante daños al capital físico y reducciones en la oferta laboral”, mientras que en la demanda se observa una contracción del consumo y la inversión por el aumento de la incertidumbre.
Los efectos fiscales, externos y monetarios se amplifican de manera conjunta. La recaudación cae, el gasto militar aumenta y los gobiernos enfrentan restricciones de financiamiento, lo que puede derivar en monetización del déficit o incluso incumplimientos de deuda. En paralelo, el FMI advierte que “las guerras desencadenan salidas de capital y contribuyen a la depreciación del tipo de cambio y presiones inflacionarias”.
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Las secuelas son persistentes. La evidencia muestra reducciones en capital, empleo y productividad, junto con impactos duraderos sobre salud, educación y capital humano. En este contexto, el documento dice que “los conflictos generan pérdidas de producción grandes y persistentes”, que se extienden más allá del periodo de guerra.
La recuperación posterior depende críticamente de la estabilidad política. Cuando la paz se mantiene, el producto se recupera parcialmente, aunque de forma lenta y desigual. Por el contrario, en escenarios de recaída en conflicto, la recuperación tiende a estancarse.
El proceso de recuperación está impulsado principalmente por el empleo, mientras que la inversión y la productividad permanecen rezagadas. En este contexto, el Fondo sostiene que “las recuperaciones económicas son lentas y desiguales y dependen críticamente de la durabilidad de la paz”.
Las políticas macroeconómicas desempeñan un papel determinante. La evidencia muestra que la estabilización temprana, la reestructuración de deuda y el apoyo internacional son factores clave para restablecer la confianza y sostener la recuperación. A su vez, las reformas institucionales y la reconstrucción del Estado refuerzan estos procesos.
El análisis muestra que el aumento del gasto militar introduce un conjunto de tensiones inter-temporales, donde los beneficios de corto plazo coexisten con riesgos fiscales y macroeconómicos crecientes. Bajo este escenario, la evolución de la deuda pública, la composición del gasto y la capacidad de coordinación de políticas serán variables determinantes en los próximos años.