Oxford Economics cree que conflicto con Irán sacude a mercados energéticos, pero no los rompe

El estrecho de Ormuz frena exportaciones clave de petróleo y gas natural licuado, aunque la producción disponible sin utilizar y las reservas estratégicas amortiguan el riesgo de desabastecimiento.

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Bloomberg Línea — El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha introducido una perturbación en los mercados energéticos que altera precios y expectativas, aunque no configura un escenario de ruptura estructural. La reacción inicial del crudo y del gas refleja tensión, pero también una evaluación de que el choque sería transitorio y gestionable dentro de los márgenes de capacidad existentes.

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La muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, y la respuesta militar posterior elevaron el riesgo geopolítico en el Golfo Pérsico, con efectos inmediatos sobre el tránsito por el estrecho de Ormuz. Sin embargo, las proyecciones de Oxford Economics coinciden en que el mercado dispone de amortiguadores suficientes para evitar una crisis de abastecimiento prolongada.

En este contexto, Bridget Payne, responsable de previsión energética de Oxford Economics, sostiene que “el mercado del petróleo está bien posicionado para gestionar el impacto de Irán”, pese a la reacción observada en los precios del Brent y en las curvas de futuros del gas natural.

Un shock gestionable en el mercado del petróleo

La escalada militar incluyó ataques coordinados de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní y una respuesta con misiles y drones sobre infraestructuras regionales. El tránsito por el estrecho de Ormuz se ha visto afectado por riesgos de seguridad y por el encarecimiento de las pólizas de seguro, mientras instalaciones en Arabia Saudí y Qatar han suspendido operaciones tras ataques con drones.

El Brent opera por encima de US$80 por barril tras los ataques, nivel que se mantuvo lejos de los US$130 por barril que, según los modelos de la firma, corresponderían a un cierre total e indefinido del estrecho. Payne subraya que “el mercado parece esperar que esto sea una interrupción de corta duración”.

La hipótesis central contempla una interrupción media de 4 millones de barriles diarios durante el próximo trimestre, con un Brent promedio de US$79 en el segundo trimestre, US$15 por encima de la referencia de febrero, antes de una moderación hacia el cierre del periodo a medida que se restablezcan los flujos. El ajuste responde a una caída del tránsito de buques del 50% durante aproximadamente dos meses, con parte del suministro del Golfo redirigido por rutas alternativas.

La referencia abarca dos trayectorias posibles de la disrupción en Ormuz: una interrupción breve con mayor intensidad inicial o un periodo más prolongado de tráfico reducido por riesgos de seguridad y costos de seguro más altos. En los dos supuestos el volumen no se pierde de forma estructural, sino que llega con retraso, lo que permite cubrir el desfase mediante inventarios sin derivar en una escasez física de crudo o gas.

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El informe precisa que “en ambos casos, el efecto neto es similar: gran parte del petróleo y el gas se retrasa en lugar de quedar permanentemente impedido de llegar al mercado”.

La Agencia Internacional de la Energía exige a los miembros de la OCDE mantener reservas equivalentes a 90 días de importaciones, mientras Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos disponen de 3,5 millones de barriles diarios de capacidad ociosa.

No obstante, la limitación principal no radica en la producción sino en la capacidad de exportación a través de Ormuz, por donde circulan en condiciones normales 17 millones de barriles diarios. Las infraestructuras de oleoductos alternativas pueden absorber solo una fracción de ese volumen, lo que explica el repunte de precios sin que el mercado descuente una pérdida permanente de oferta.

El gas enfrenta mayor exposición y tensión en Europa y Asia

El mercado del gas natural muestra mayor sensibilidad ante la disrupción. Catar, responsable de cerca del 20% del suministro mundial de gas natural licuado, carece de rutas alternativas que eviten el estrecho.

Jack Reid, economista de Oxford Economics, indica que “la interrupción de los suministros de gas a través del estrecho de Ormuz ha elevado nuestra perspectiva a corto plazo para los precios del gas natural, con riesgos claramente inclinados al alza”.

Los ataques con drones iraníes han paralizado las plantas de licuefacción cataríes, que representan aproximadamente una quinta parte del suministro global de GNL. La previsión base contempla una interrupción moderada de los flujos comerciales durante hasta dos meses, con una revisión al alza del 30% en los precios de referencia asiáticos y europeos hasta un promedio cercano a US$14 por MMBtu en el segundo trimestre.

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Reid añade que “Europa está en camino de que los niveles de almacenamiento estén por debajo del 20% al final de la temporada de recarga”, lo que complica el cumplimiento del objetivo comunitario de alcanzar 80% de llenado antes del 1 de diciembre si persiste la restricción de flujos. Aunque el GNL catarí representa 11% de las importaciones europeas, la competencia con compradores asiáticos por cargamentos disponibles presiona los diferenciales entre el TTF y el JKM.

El volumen exportado por Catar y Emiratos Árabes Unidos asciende a unos 120.000 millones de metros cúbicos anuales, cifra superior a los 70.000 millones de metros cúbicos que Europa perdió tras la reducción de envíos rusos en 2022. No obstante, el escenario base no contempla una pérdida completa del tránsito desde el Golfo, lo que limita el alcance del impacto estructural.

Impacto macro acotado y presión limitada sobre bancos

Desde la perspectiva macroeconómica global, Ryan Sweet y Ben May, también de Oxford Economics, señalan que “el conflicto en Medio Oriente probablemente tendrá implicaciones significativas para las economías del Consejo de Cooperación del Golfo”, aunque el canal de transmisión hacia el resto del mundo opera principalmente a través de los precios de la energía. La región representa menos de 2% del PIB mundial, lo que reduce el efecto directo sobre la actividad global.

Bajo un escenario de interrupción de dos meses, el precio promedio del petróleo se situaría cerca de US$80 en el segundo trimestre antes de retroceder hacia algo más de US$60 a finales de año. En este marco, los economistas estiman que “precios de la energía más altos por una interrupción moderada en el estrecho de Ormuz solo restarían 0,1 puntos porcentuales al crecimiento del PIB mundial este año”, magnitud que mantiene el crecimiento dentro del rango observado en los últimos ejercicios.

El traslado a la inflación sería contenido. Sweet y May calculan que la inflación en Estados Unidos y en la eurozona promediaría entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales adicionales en 2026, efecto que no alteraría de forma significativa la senda prevista para las tasas de interés. La menor intensidad energética de la economía global en comparación con décadas anteriores amortigua el impacto real de los aumentos del crudo.

En el caso europeo, la mayor exposición a sectores intensivos en energía amplifica el efecto inflacionario, aunque la contribución al PIB sería cercana a 0,1 puntos porcentuales en 2026. En Estados Unidos, el posible estímulo a la producción doméstica se ve limitado por los plazos de inversión, que suelen oscilar entre tres y seis meses, lo que reduce la probabilidad de una respuesta inmediata de oferta.

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Los analistas advierten que la incertidumbre política en Irán y la duración del conflicto condicionan la trayectoria de los precios. Un cierre completo y prolongado del estrecho, o una extensión del conflicto que involucre otras rutas como el mar Rojo, alteraría el equilibrio proyectado. Sin embargo, el escenario central asume que la presión económica sobre los principales actores incentivará una contención del conflicto en un horizonte de meses.

El conjunto de estimaciones sugiere que el choque energético elevará la volatilidad y encarecerá el gas y el petróleo en el corto plazo, aunque sin desencadenar una crisis sistémica de oferta. Los mercados descuentan retrasos y no pérdidas permanentes, mientras las reservas, la capacidad ociosa y la menor intensidad energética global actúan como mecanismos de ajuste. En ese equilibrio inestable, el conflicto agita los mercados energéticos, pero no los quiebra.