Bloomberg Línea — La irrupción de la inteligencia artificial no solo está redefiniendo los modelos de negocio, sino que también está alterando la forma como el capital se distribuye en los mercados globales. En ese cambio emerge el llamado efecto HALO, una rotación hacia compañías con activos físicos intensivos que están captando flujos frente a sectores tradicionalmente dominantes como el software.
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El efecto HALO, siglas de Heavy Assets, Low Obsolescence, se refiere a un enfoque de inversión centrado en compañías con activos físicos intensivos y baja obsolescencia. Es decir, negocios cuya ventaja competitiva se basa en infraestructura, capacidad instalada y sistemas difíciles de replicar, y no en innovación rápida.
“La inteligencia artificial se suponía que iba a inaugurar la edad de oro del software”, dijeron Jennie Li y Marvin M. Chen, analistas de Bloomberg Intelligence. “En cambio, está dando nueva vida a un mundo de acciones de la vieja economía que de repente las están superando”.
Para los expertos, “las preocupaciones que aplastan las acciones sobre la disrupción del software impulsada por la IA están aumentando” y generando una rotación entre los inversionistas a un nuevo conjunto de compañías.
Rotación del mercado: del software a los activos físicos
El eje central del efecto HALO se basa en una reasignación de capital motivada por el riesgo tecnológico. Los analistas de Bloomberg Intelligence dicen que “la IA está empezando a parecer un problema para el software y una oportunidad para todo lo que no puede reemplazar”, lo que impulsa una rotación hacia empresas con menor riesgo de sustitución tecnológica.
Este enfoque se traduce en una metodología concreta de Bloomberg Intelligence. Las compañías se clasifican según intensidad de activos fijos, gasto de capital e inventarios, construyendo una cesta donde el quintil superior representa el universo HALO. La brecha de rendimiento frente a empresas ligeras en capital refleja un cambio estructural más que táctico.
En Estados Unidos, esa tendencia es un ejemplo. Los analistas Christopher Cain y Nathaniel T Welnhofer, de Bloomberg Intelligence, señalan que “la inteligencia artificial puede potenciar el software, pero también está exponiendo cuán reemplazable podría ser parte de él”, lo que da paso a “una rápida reconsideración de las valoraciones”.
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Bajo ese prisma, el universo HALO ofrece “una inclinación defensiva, favoreciendo acciones con menor riesgo de sustitución”.
Los datos refuerzan esa narrativa. En el S&P 500 equiponderado, la cesta HALO sube 15,3% en 2026 frente a una caída del 4,6% en compañías ligeras en capital. Con una estrategia relativa, se amplía la brecha de rendimiento si se combina una compra de acciones HALO y venta en corto de compañías ligeras en capital, es decir, aquellas que requieren poca inversión en activos físicos para crecer, pues su modelo se basa principalmente en intangibles como el software.
Bajo ese enfoque, el diferencial entre ambos grupos habría generado retornos de 19,9% en lo que va de 2026.
Esta rotación no implica una salida total de tecnología, sino un cambio dentro del propio sector. Aunque el segmento tecnológico representa el 36% del universo HALO global, su exposición se concentra en semiconductores, hardware y equipos solares, no en software. Se trata de infraestructura física necesaria para que la inteligencia artificial funcione.
Auge de mercados emergentes y la infraestructura
El efecto HALO tiene un sesgo geográfico claro. Los mercados emergentes concentran cerca del 50% de la capitalización del universo HALO, frente a aproximadamente una cuarta parte en el índice global MSCI ACWI. Estados Unidos mantiene un peso del 27%, muy por debajo de su participación habitual superior al 50%.
Asia emerge como el núcleo operativo de esta tendencia. Según Bloomberg Intelligence, “el tema HALO está significativamente inclinado hacia Asia, que proporciona el hardware tecnológico y los chips que permiten el desarrollo de la IA”. En 2026, las acciones HALO en Asia emergente superan ampliamente a sus pares, lideradas por Taiwán con un 40%, Corea del Sur con 30% y China con 11%.
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Ejemplos concretos ilustran esta dinámica. En China, BYD y empresas de energía superan a gigantes digitales como Tencent o Alibaba (BABA). En Corea del Sur, SK Hynix avanza por encima de NAVER.
El trasfondo macroeconómico refuerza esta rotación. Billy Leung, analista de Global X, explica que “durante gran parte de la última década, los mercados de renta variable recompensaron a empresas que requerían relativamente poco capital físico”, pero ese paradigma cambia ante nuevas condiciones donde “las tasas de interés reales más altas aumentan el costo del capital y cambian cómo los mercados valoran el crecimiento de largo plazo”.
A ello se suma la fragmentación geopolítica y la reconfiguración de cadenas de suministro, que obligan a reconstruir infraestructura energética, industrial y logística. En ese entorno, Leung dice que “el valor de un activo se define no por el cambio tecnológico rápido, sino por la escala y permanencia del sistema que soporta”.
Ruben Dalfovo, analista de Saxo Bank, resume la lógica del inversor en este entorno al afirmar que “cuando el clima cambia, los inversores hacen lo que los humanos siempre hacen. Buscan refugio”. En este caso, se da en activos donde “el producto sigue siendo necesario y los activos tardan años en replicarse”.
Cómo invertir en el efecto HALO: acciones, ETF y sectores clave
El efecto HALO no es solo un concepto teórico, sino una guía práctica de asignación de activos. Se centra en sectores donde el valor económico está anclado en infraestructura física: energía, utilities, materiales, transporte e industria.
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Dentro de la renta variable, el universo HALO se materializa en compañías donde la escala física, la complejidad operativa y la dificultad de sustitución tecnológica actúan como principal ventaja competitiva.
En Asia, fabricantes de semiconductores como SK Hynix y grandes plataformas industriales vinculadas a conglomerados de Samsung y LG concentran parte relevante de esta exposición, mientras en China destacan BYD junto a empresas de utilities y energía que superan en 2026 a gigantes digitales como Tencent y Alibaba.
En India, Reliance Industries se posiciona por delante de Infosys, reflejando la presión que la inteligencia artificial ejerce sobre modelos intensivos en servicios. En América Latina, el peso recae en compañías de recursos naturales como Vale y Petrobras, cuya relevancia dentro del universo HALO responde a su exposición a materias primas críticas para infraestructura y energía.
En mercados desarrollados, esta lógica se extiende hacia infraestructuras tradicionales y sistemas esenciales. Activos como redes eléctricas, transporte ferroviario, pipelines o servicios básicos configuran el núcleo de esta estrategia, donde el valor no depende de ciclos de innovación rápida sino de activos difíciles de replicar y con horizontes de explotación de varias décadas.
Los vehículos de inversión replican esta transición hacia activos tangibles. En el segmento de ETF, estrategias como Global X Artificial Intelligence Infrastructure ETF capturan la expansión de centros de datos, sistemas energéticos y redes necesarias para sostener la computación avanzada,
Desde el lado de fondos tradicionales, Morningstar introduce una aproximación complementaria al destacar carteras con fuerte sesgo industrial y baja exposición tecnológica. “Las acciones de activos pesados, baja obsolescencia, también conocidas como HALO, deberían estar a salvo de Claude y sus amigos”, dijo el analista Russell Kinnel.
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En fondos tradicionales, Kinnel destaca estrategias como Lazard Global Listed Infrastructure, centrado en ferrocarriles y utilities; FMI Common Stock, con un 40% en industriales, o el Royce Premier que incorpora pequeñas y medianas compañías industriales con balances sólidos y ventajas competitivas sostenibles.
Dalfovo recuerda que el efecto HALO evalúa activos difíciles de copiar, demanda estable, capacidad de fijación de precios, solidez del balance y valoración. No se trata de eliminar riesgo, sino de reducir fragilidad. “HALO es un filtro, no una promesa”, dice el analista.
El analista recuerda que sectores como energía, seguros o infraestructuras operan bajo lógicas donde la innovación no es el principal motor, sino la persistencia del servicio.