Bloomberg Línea — La victoria demócrata en ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos abrió una nueva etapa para Wall Street. El llamado “tsunami azul” limita la agenda legislativa del presidente Donald Trump y obliga a los inversionistas a revisar sus posiciones en acciones, bonos, divisas y materias primas.
La reacción inicial incluyó ventas de acciones tecnológicas, una caída del dólar y una mayor demanda de bonos del Tesoro y oro. Sin embargo, parte de esos movimientos se moderó durante la jornada, una señal de que el resultado electoral no determina por sí solo la dirección de los mercados.
El nuevo Congreso asumirá funciones en enero de 2027. Hasta entonces, las decisiones de la Reserva Federal, la evolución de la guerra con Irán y los resultados empresariales seguirán entre los factores decisivos para los precios de los activos.
El equipo de OCBC Group Research, liderado por Selena Ling, cree “el elemento sorpresa fue la magnitud de la victoria, más que la victoria en sí”. La distinción resulta relevante para evaluar cuánto del cambio político estaba incorporado en las cotizaciones.
¿Comprar la caída o reducir exposición?
Los futuros del Nasdaq llegaron a retroceder 2,3%. Nvidia perdió cerca de 4% en las primeras operaciones, mientras que AMD llegó a caer 5,9% desde su máximo posterior a los resultados.
La presión inicial reflejó inquietud por una mayor supervisión del sector tecnológico y por la posibilidad de que el Congreso demócrata frene nuevas medidas de estímulo fiscal. Posteriormente, las acciones recuperaron parte del terreno perdido.
Fawad Razaqzada, analista de Forex.com, advirtió que el repunte no elimina el riesgo de nuevas caídas. Su lectura favorece esperar una mayor estabilización de las cotizaciones antes de incrementar posiciones en el S&P 500.
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El cambio político tampoco supone una reversión automática de las políticas vigentes. Andrew Hollenhorst, de Citi, considera que el bloqueo legislativo limitará nuevas iniciativas fiscales, pero no anulará las medidas aprobadas anteriormente.
Los analistas de OCBC ofrecen una lectura similar y creen que “una victoria demócrata en ambas cámaras no añadió riesgo sistémico por sí misma”. El tamaño del triunfo sorprendió, aunque un gobierno dividido figuraba entre los resultados previstos.
Para los inversionistas, UBS recomienda reducir concentraciones excesivas en determinadas compañías tecnológicas y mantener exposición a empresas de calidad. La diversificación dentro del mercado estadounidense gana importancia frente a las apuestas concentradas.
Charu Chanana, estratega jefe de Inversiones de Saxo Bank, favorece compras escalonadas en compañías con balances sólidos. Su análisis distingue las oportunidades de largo plazo de los riesgos asociados con intentar anticipar el mínimo de una corrección.
La selección también puede extenderse a empresas menos representadas en los grandes índices tecnológicos. Salud y consumo básico aparecen entre las alternativas defensivas mencionadas por OCBC, mientras UBS destaca las acciones estadounidenses de ponderación equilibrada.
IA: ¿qué riesgos enfrentan Nvidia, AMD y los semiconductores?
La inteligencia artificial concentra uno de los principales debates posteriores a las elecciones. El triunfo demócrata elevó las dudas sobre la construcción de centros de datos, aunque los analistas no prevén un freno generalizado a la inversión.
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Nathan R. Dean y Justin Teresi, analistas de Bloomberg Intelligence, sostienen que “el sector tecnológico probablemente afrontará varios trimestres más de regulación federal ligera de la inteligencia artificial”.
El principal riesgo inmediato se encuentra en los estados. Texas adquirió especial relevancia después de la victoria de Gina Hinojosa, quien propuso mantener restricciones a nuevos permisos hasta que existan protecciones sobre agua, electricidad y propiedad.
Carmen Lee, jefa de Investigación de Renta Variable de OCBC, junto con Lai Gene Lih y Andy Wong, identifica el alcance de la incertidumbre. Según el banco, “la capacidad que ya está en construcción debería mantener firme la demanda de hardware de IA”.
Texas tenía 6,5 gigavatios de centros de datos en construcción al cierre de 2025, casi una quinta parte de los 35 gigavatios registrados en Norteamérica, según las cifras de JLL recogidas por OCBC.
SemiAnalysis calcula que aproximadamente tres cuartas partes de los 33,8 gigavatios previstos para 2027 en los principales estados estadounidenses ya están en construcción. Esa infraestructura todavía necesitará procesadores, memoria y equipos de redes.
La mayor incertidumbre se concentra en 2028. Goldman Sachs estima que las posibles restricciones estatales y locales podrían afectar cerca de 45% de la expansión de capacidad prevista en Estados Unidos, aunque considera probable que muchas sean temporales.
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OCBC plantea que “es más probable que la demanda de 2028 se retrase a que se pierda”. Los proyectos podrían desplazarse a otros estados, aunque conseguir energía, permisos y conexiones eléctricas también requiere tiempo.
Bloomberg Intelligence coincide en que las restricciones locales podrían encarecer o aplazar proyectos individuales sin reducir sustancialmente el gasto agregado. Citi, por su parte, considera improbable una restricción federal amplia durante la administración Trump.
Para invertir, la distinción fundamental está entre fabricantes con pedidos respaldados por instalaciones en construcción, desarrolladores endeudados y empresas que utilizan IA para elevar su productividad.
OCBC advierte que “los múltiplos pueden contraerse incluso si los pedidos se mantienen”. Por eso, una demanda sólida de semiconductores no garantiza que las valoraciones de Nvidia, AMD o sus proveedores continúen aumentando.
Bonos del Tesoro y dólar: ¿qué esperar tras las elecciones?
Los bonos estadounidenses avanzaron inicialmente tras conocerse el resultado electoral. Según ING, el rendimiento de los títulos a dos años cayó entre ocho y nueve puntos básicos antes de recuperar parte del movimiento.
La expectativa de un Congreso dividido reduce las probabilidades de nuevas rebajas tributarias y de una expansión fiscal adicional. Esa perspectiva favoreció inicialmente a los bonos, aunque las necesidades de financiación del Tesoro siguen presentes.
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Frances Cheung, responsable de Estrategia de Divisas y Tasas de OCBC, y sus colegas advierten que “el primer tramo de la reacción del mercado podría haber terminado”. Los rendimientos ya habían descendido durante las semanas anteriores.
La cautela también alcanza al dólar. Chris Turner, de ING, observó una depreciación inicial de la moneda estadounidense que posteriormente se moderó. Ebury coincide en que las elecciones no bastan para establecer una tendencia cambiaria duradera.
El equipo de OCBC sostiene que “el dólar debería mantenerse respaldado, aunque con mayores riesgos en ambas direcciones durante los próximos meses”. La trayectoria de las tasas de interés continúa como una variable central.
La Reserva Federal afronta nuevas decisiones con la inflación y el empleo bajo observación. OCBC contempla un aumento de 25 puntos básicos en diciembre, mientras ING advierte que el rendimiento del bono a diez años todavía podría subir hacia 5,25%.
Para los portafolios, Saxo Bank y UBS favorecen bonos de alta calidad con vencimientos cortos e intermedios. Las posiciones de muy largo plazo presentan mayor sensibilidad a nuevas alzas de rendimientos.
Oro, plata, petróleo y cobre: oportunidades y riesgos
El oro recuperó la zona de US$4.000 por onza tras las elecciones, mientras la plata avanzó 4,4%, según Fiona Cincotta, analista sénior de Forex.com. La debilidad del dólar y la caída de los rendimientos de los bonos favorecieron ambos metales.
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Ole Hansen, responsable de Estrategia de Materias Primas de Saxo Bank, destacó que “los metales preciosos han surgido como los ganadores inmediatos”. El estratega considera que “el foco sigue estando en si la recuperación puede atraer una demanda renovada de los inversionistas más allá de la cobertura de posiciones bajistas”.
El dólar, los rendimientos de los bonos y la Reserva Federal serán determinantes.
Cincotta identifica resistencias para el oro en US$4.060 y US$4.100, mientras US$3.960 y US$3.870 constituyen soportes. La plata presenta mayor volatilidad y sensibilidad al crecimiento económico por su componente de demanda industrial.
El cobre cayó inicialmente hacia US$6,27 por libra y después recuperó US$6,46. Hansen advierte que una menor probabilidad de nuevos aranceles estadounidenses podría favorecer el regreso de inventarios acumulados en Estados Unidos a los mercados internacionales.
Ese movimiento, precisa el analista, “representaría una redistribución de los inventarios existentes, en lugar de una mejora en el suministro minero mundial”. La demanda de electrificación y redes eléctricas continúa como soporte de largo plazo.
El petróleo perdió US$11 en tres jornadas ante las expectativas de una negociación con Irán. Sin embargo, Hansen señala que “el alivio en los surtidores puede tardar más en materializarse de lo que indicaría únicamente la caída de los precios del crudo”.
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El principal riesgo sigue siendo la política exterior estadounidense. Trump conserva facultades para negociar o intensificar el conflicto, mientras la recuperación de las exportaciones de combustibles refinados y gas natural licuado permanece rezagada.
Más allá de las materias primas, Charu Chanana, estratega jefe de Inversiones de Saxo Bank, favorece compañías con balances sólidos y exposición al sector salud. OCBC también identifica oportunidades defensivas en salud y consumo básico.
UBS recomienda reducir las concentraciones excesivas en grandes tecnológicas y diversificar las posiciones sin abandonar el mercado accionario estadounidense.
Los próximos indicadores de empleo e inflación, la decisión de tasas de la Reserva Federal y los resultados empresariales permitirán evaluar las perspectivas de los distintos mercados.