Bloomberg Línea — La posibilidad de que el oro reemplace al dólar como activo de reserva ha dejado de ser una simple especulación marginal para transformarse en una hipótesis técnica explorada por algunos gestores de activos globales.
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El equipo de deuda emergente de VanEck, liderado por Eric Fine, Natalia Gurushina y David Austerweil, planteó un escenario en el cual el oro podría alcanzar un precio de US$39.210 por onza si se lo utilizara como respaldo total del dinero más básico emitido por los principales bancos centrales del mundo.
Ese dinero base, conocido como M0, representa el total de billetes y monedas en circulación, junto con las reservas que los bancos comerciales mantienen depositadas en los bancos centrales. En otras palabras, es el dinero que existe directamente bajo el control de las autoridades monetarias y que funciona como el punto de partida del sistema financiero.
El análisis parte de una pregunta directa: ¿qué pasaría si el dólar perdiera su estatus de moneda de reserva y el oro tomara su lugar? Los autores no intentan estimar la probabilidad de que ese evento ocurra, sino calcular su posible consecuencia sobre el precio del metal.
Según su planteamiento, la metodología consiste simplemente en dividir los pasivos monetarios por las reservas oficiales de oro.
La cifra no se basa en expectativas de mercado ni proyecciones de demanda, sino en una equivalencia contable: cuánto debería valer cada onza de oro para cubrir con las reservas existentes la totalidad del dinero emitido.
La hipótesis: oro como activo de reserva global
El estudio indica que la discusión en torno al estatus del dólar como reserva mundial se intensificó después de la crisis financiera global y adquirió una dimensión crítica tras las sanciones impuestas al Banco Central de Rusia en 2022, que congelaron sus tenencias de bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Este hecho, según el informe, hizo evidente para muchos gestores de reservas que los activos en dólares podrían dejar de ser considerados seguros en situaciones de tensión política.
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“Las sanciones inyectaron preocupaciones reales sobre la pérdida total de activos debido a razones políticas, lo cual ocurrió con las reservas del Banco Central de Rusia, y economistas prominentes lo describieron como una forma de default”, plantean los autores.
El documento también sugiere que los países desarrollados han adoptado una estrategia sistemática de estímulo monetario frente a cada episodio adverso. Este patrón, conocido como “dominancia fiscal”, habría debilitado el margen de maniobra de sus bancos centrales y aumentado su dependencia del financiamiento estatal. El resultado sería un crecimiento persistente de los pasivos monetarios.
“Los mercados desarrollados están sujetos a dominancia fiscal, una situación común en la que los bancos centrales pierden tracción debido a altos niveles de deuda pública”, según los analistas de VanEck.
En este contexto, el análisis busca estimar el nivel teórico del precio del oro si se lo utilizara como única referencia de valor para respaldar los pasivos monetarios de los bancos centrales, es decir, el dinero que han emitido y que circula en forma de billetes, monedas o reservas bancarias, y que constituye una obligación contable en sus balances.
A través de datos del FMI, Bloomberg y el BIS, los autores toman la base monetaria M0 de una muestra de bancos centrales y la dividen por sus reservas de oro, ponderando cada país según su participación en el volumen diario de transacciones en divisas. En ese ejercicio, el precio del metal podría alcanzar ese precio de US$39.210 por onza.
El cálculo y su resultado
VanEck también aplicó esta lógica a un agregado monetario más amplio, el M2, que incluye no solo el dinero físico y las cuentas corrientes, sino también depósitos a plazo, cuentas de ahorro y fondos de mercado monetario.
En términos simples, el M2 representa el dinero que las personas y empresas pueden usar relativamente rápido, aunque no de forma inmediata. Es un indicador más amplio de la cantidad total de dinero disponible en la economía.
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En este caso, el precio teórico del oro se dispara a niveles mucho más altos, aunque el análisis reconoce que la falta de datos homogéneos por país dificulta una estimación detallada por banco central.
“El precio del oro que iguala el M2 global ponderado por participación en el mercado cambiario es de US$184.211 por onza”, estimó el equipo de análisis.
En términos generales, el cálculo muestra una disparidad entre economías desarrolladas y emergentes. Mientras que países como Japón y Reino Unido necesitarían precios muy elevados para respaldar sus bases monetarias con oro, naciones como Kazajistán y Rusia podrían hacerlo a valores por debajo de los actuales. En otras palabras, el nivel de pasivos monetarios en relación con sus reservas de oro es mucho menor en algunas economías emergentes.
“Rusia y Kazajistán tienen suficiente oro y tan pocos pasivos monetarios que podrían fijar sus monedas al oro”, dice el informe.
Por el contrario, economías avanzadas con alta emisión y bajo respaldo en oro enfrentan una mayor presión en este escenario teórico. Este diferencial entre países es presentado como una métrica útil para analizar el nivel de tensión potencial en sus respectivos balances centrales si el oro asumiera el rol de activo de reserva.
Condición necesaria: pérdida del estatus de reserva del dólar
Aunque los números impactan por sí mismos, el documento subraya que estos valores no son predicciones, sino escenarios hipotéticos condicionados a un cambio estructural en el sistema financiero global. El punto de partida indispensable es que el dólar pierda, total o parcialmente, su estatus como moneda de reserva dominante.
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“Nosotros no creemos que el dólar perderá su estatus de reserva, sino que lo compartirá gradualmente con otras monedas merecedoras, incluyendo el oro”, dicen Fine, Gurushina y Austerweil.
La conclusión es que, para que el oro alcance valores como los calculados, debe cumplirse una condición clave: la sustitución del dólar como principal activo de reserva a nivel global. Sin ese cambio de paradigma, el precio del oro seguirá determinado por otros factores, como tasas de interés reales, demanda de inversión, políticas de bancos centrales y condiciones geopolíticas.