Bloomberg Línea — El plan de defensa antimisiles del presidente Donald Trump, bautizado como “Domo Dorado” (Golden Dome) y parcialmente inspirado en la “Cúpula de Hierro” de Israel, podría alcanzar un costo de US$1,2 billones a lo largo de 20 años.
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Esta cifra, revelada esta semana en un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), es seis veces superior a las proyecciones actuales del Pentágono, que estimaban el proyecto en unos US$185.000 millones.
El sistema incluiría interceptores tanto espaciales como terrestres y proporcionaría cobertura de todo Estados Unidos, incluyendo Alaska y Hawái.
A pesar de la inversión, el reporte advierte que, si bien el sistema tendría la capacidad de hacer frente por completo a un ataque lanzado por un adversario regional, es decir, uno con capacidades limitadas, como Corea del Norte, o a un ataque a pequeña escala lanzado por un adversario de igual o casi igual nivel (uno con capacidades militares similares a las de EE.UU., concretamente Rusia o China), “podría verse desbordado por un ataque a gran escala lanzado por un adversario de igual o casi igual nivel”.
“Aunque el sistema hipotético de defensa antimisiles nacional (NMD) analizado por la CBO sería mucho más capaz que las defensas con las que cuenta actualmente Estados Unidos, no sería un escudo impenetrable ni podría contrarrestar por completo un ataque a gran escala del tipo que Rusia o China podrían lanzar”, dice el informe.
Escudo antimisiles
La oficina prevé un sistema de 7.800 satélites en órbita terrestre baja (LEO) casi polar, que costaría unos US$720.000 millones, para desarrollarlo, desplegarlo y mantenerlo durante 20 años, además de otros US$1.000 millones anuales para operarlo. El costo promedio por cada satélite SBI sería de US$22 millones.
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La componente espacial se complementaría con dos nuevos sitios de interceptores terrestres, cuatro sitios con versiones terrestres del sistema Aegis de la Armada y 35 ubicaciones regionales con radares y misiles como Thaad y Patriot.
En abril, la Fuerza Espacial otorgó contratos a 12 empresas, incluyendo Lockheed Martin Corp (LMT) y SpaceX, por un valor de hasta us$3.200 millones para desarrollar prototipos de interceptores basados en el espacio, aunque gran parte de la tecnología requerida para el sistema aún no se ha probado.
El general Michael Guetlein, director del programa Domo Dorado, había testificado en marzo que las estimaciones externas de alto costo se basan en multiplicar precios de sistemas heredados y aseguró que su enfoque está “centrado láser en la asequibilidad”.
Sin embargo, la falta de detalles específicos sobre la arquitectura final por parte de la administración ha dificultado las estimaciones precisas, llevando a la CBO a concluir que es “imposible estimar el costo a largo plazo” con certeza.
El senador demócrata Jeff Merkley, criticó duramente la iniciativa, calificándola como un “regalo masivo a los contratistas de defensa pagado por los estadounidenses trabajadores”.
Hasta la fecha, el Congreso ha aprobado unos US$25.000 millones para el sistema y el Pentágono solicita US$17.000 millones adicionales para el próximo año fiscal, pese a las dudas sobre su eficacia estratégica ante potencias nucleares.