El acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz se firmará el viernes, y Donald Trump ya se felicita por ser el primer presidente estadounidense en lograr la paz con Irán desde la revolución de 1979. Pero se equivoca. Es el primero en llevar a Estados Unidos a la guerra con Irán y, por lo tanto, el primero en necesitar una tregua para evitarla. La paz que sus predecesores buscaron y no lograron aún no ha llegado.
Nada de esto sería motivo de crítica si la decisión de atacar a la República Islámica dejara a Estados Unidos en una posición negociadora sustancialmente mejor que la que tenía antes del inicio de las hostilidades. No podemos estar seguros de los términos del llamado Memorando de Entendimiento (MOU), porque no se ha publicado. Pero el hecho de que los iraníes se regodeen, mientras que los israelíes están horrorizados, sugiere firmemente que no es así.
Tanto esas reacciones como los comentarios oficiales de que disponemos sobre los términos del acuerdo indican que los negociadores de Trump, al menos de momento, solo han podido resolver los nuevos problemas que él mismo ocasionó.
Entre ellos se encuentran la necesidad de eliminar las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán, que no existían antes de que él rompiera el acuerdo nuclear de 2015, y la reapertura del estrecho de Ormuz, que fue cerrado únicamente como consecuencia de la guerra que él decidió librar.
Los israelíes están consternados, porque, aunque son parte del conflicto, no han jugado ningún papel en las negociaciones y no hay indicios de que la tregua de Trump vaya a poner fin a ninguno de los problemas que les llevaron a la guerra. El tema nuclear se ha dejado para negociarlo una vez que la tregua entre en vigor. Otros ni siquiera se mencionan.
El acuerdo final incluirá al menos cuatro requisitos, a juzgar por los comentarios en los que todas las partes coinciden.
Estos son: el cese de todas las hostilidades, incluyendo las del Líbano; la reapertura del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo; la reanudación de las negociaciones nucleares; y la liberación de miles de millones de dólares en fondos iraníes congelados, aunque con condiciones y un calendario que todavía no están claros.
En la declaración del 11 de junio de la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sobre el próximo acuerdo, recordó todo lo que el memorando de entendimiento todavía tiene pendiente.
“El primer ministro expresó su agradecimiento por el compromiso del presidente Trump de que el acuerdo final alcanzado al término de las negociaciones incluirá la retirada del material (nuclear) enriquecido, el desmantelamiento de la infraestructura de enriquecimiento, las limitaciones a la producción de misiles y el cese del apoyo de Irán a sus grupos terroristas aliados en la región”.
Los negociadores de Irán también tienen que convencer a su país de las bondades del acuerdo, donde los sectores más intransigentes se oponen a cualquier pacto con EE.UU.. No confían en Washington, país que, junto con Israel, asesinó al líder supremo de la nación durante la última ronda de negociaciones nucleares. Además, en su opinión, están ganando la guerra.
Como parte de la campaña de ventas para contrarrestar esta oposición, la agencia de noticias estatal iraní Mehr ha publicado comentarios de Mehdi Mohammadi, asesor estratégico del equipo negociador iraní, así como un supuesto borrador filtrado de 14 puntos del MOU.
Mohammadi destacó que los términos del memorando de entendimiento marcarían la primera vez que Estados Unidos garantiza el control de las acciones israelíes, algo que consideró sumamente significativo. También afirmó que el acuerdo comprometería a Trump, el artífice de la política de sanciones de “máxima presión” de EE.UU. a levantar las sanciones económicas primarias contra Irán.
Y si bien el memorando de entendimiento exige que Irán participe en conversaciones sobre la dilución de sus reservas de uranio altamente enriquecido, las negociaciones sobre cualquier otro aspecto del programa nuclear del país no están garantizadas. Esto requeriría el consentimiento de ambas partes: “Sin acuerdo mutuo, no habrá negociaciones”, declaró, según Mehr.
Otros puntos del borrador divulgado por Mehr (como la creación de un fondo de reconstrucción de US$300.000 millones) resultan difíciles de creer, pues se asemejan a una lista de deseos iraníes. Sin embargo, nada de lo que han dicho los funcionarios estadounidenses, ni pública ni privadamente, sugiere que los elementos centrales del acuerdo que describe Mohammadi sean erróneos.
En conjunto, simplemente reflejarían la realidad de que esta guerra fue, al menos para Estados Unidos, una insensatez estratégica que ha dejado al régimen iraní debilitado, pero con mayor influencia que antes.
Trump criticó el acuerdo nuclear de la era Obama, que él mismo desmanteló, por considerarlo transitorio y por no haber eliminado por completo el programa de enriquecimiento de uranio de Irán ni haber abordado otras amenazas iraníes, como su programa de misiles balísticos y su red de aliados.
También criticó el llamado Plan de Acción Integral Conjunto por haber devuelto algunos fondos congelados y levantado las sanciones a cambio de las concesiones de Irán. Trump afirmó que él podía hacerlo mejor.
No obstante, el MOU de este viernes parece destinado al fracaso por los mismos motivos, al tiempo que implica todavía más concesiones para un posible acuerdo nuclear mucho más limitado, y todo porque Irán ha descubierto que puede chantajear al mundo cerrando el estrecho de Ormuz. Esto quizás no salve al odiado régimen de Teherán una vez que regrese la paz, pero sí creará una situación en esencia volátil en Medio Oriente.
No dudo que el memorando de entendimiento se firmará, porque esta guerra no tiene perspectivas realistas de éxito si continúa, y el costo para la economía global de mantenerla, por no hablar de la carrera política personal de Trump, no hará más que aumentar.
Sin embargo, se trata de una prórroga del alto al fuego y un acuerdo sobre Ormuz, no de un acuerdo de paz que transformaría las relaciones entre EE.UU. e Irán ni que traería estabilidad a la región. Es una muestra del fracaso de la guerra que todos los problemas que la precedieron se hayan pospuesto para el futuro.
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