Warren Buffett compartió sus reflexiones acostumbradas sobre la paciencia, la diligencia, la prudencia y la amabilidad durante una entrevista con la CNBC la mañana de la junta anual de Berkshire Hathaway Inc. el pasado sábado, la primera en muchas décadas que el “oráculo” no presidió. Aunque fue el cartel que colgaba sobre él el que lo dijo todo.
Decía: “El legado continúa”.
Ese legado es el récord de Buffett de haber duplicado la rentabilidad del índice S&P 500 a lo largo de sesenta años, un logro sin precedentes que lo convierte en el mejor inversionista de la historia. Esa continuidad es un deseo de que Greg Abel, quien sustituyó a Buffett este año y presidió por primera vez la junta anual de Berkshire, sea capaz de emular dicho éxito.
Los seleccionadores de acciones solo disponen de un número limitado de herramientas en su intento por superar al mercado. El uso que hace Buffett del valor, la calidad y el apalancamiento es bien conocido, pero además hizo un buen uso de otras dos: el tamaño y la concentración.
En los comienzos de Berkshire, Buffett gestionaba una suma relativamente modesta, lo que le permitió comprar empresas más pequeñas y poco valoradas. Esa ventaja de tamaño fue desapareciendo gradualmente a medida que se difundía la noticia de la destreza inversora de Buffett y el dinero empezaba a llegar a raudales.
Lo que sí permaneció fue la disposición de Buffett a apostar la cartera de acciones de la empresa por un puñado de compañías. Aun hoy, prácticamente el 70% de las acciones de Berkshire se concentran en seis negocios.
Son muy pocos los gestores de carteras que tienen el valor de mantener una cartera tan concentrada. Abel se comprometió en su primera carta anual a que “este enfoque concentrado continuará“.
No obstante, también señaló que Berkshire tiene “posiciones significativas en un pequeño número de otras empresas”, por lo que dejó abierta la posibilidad de que dichas inversiones también puedan convertirse en “inversiones fundamentales”. Habrá que ver, pues, cómo evoluciona esa concentración.
De cualquier modo, el mayor reto de Abel es el tamaño.
Buffett se lamenta a menudo de que más dinero significa menos oportunidades de inversión. Cuando Berkshire valía unos pocos miles de millones en 1987, se podría decir que todavía podía buscar objetivos más pequeños. A comienzos de la década de 2000, la empresa valía muchas veces más, lo que limitaba la capacidad de Buffett para invertir capital.
Entonces, quizá no sea de extrañar que Berkshire haya obtenido un rendimiento inferior al del índice S&P 500 en 0,7 puntos porcentuales por año entre 2003 y 2025, incluidos los dividendos, una sequía de 23 años que sigue en aumento.
El comienzo de ese período coincidió con la recuperación del mercado tras el estallido de la burbuja de las puntocom.
En el período previo al estallido de la burbuja de internet a finales de la década de 1990, Buffett, en un gesto que se hizo famoso, rechazó las acciones tecnológicas, alegando que no las entendía. Aquello pareció ser una jugada astuta y profética, ya que Berkshire Hathaway logró evitar en gran medida la caída del mercado tecnológico a inicios de la década de 2000.
Sin embargo, dos décadas después, está claro que apostar por la tecnología fue la mejor decisión. En efecto, los gigantes tecnológicos se han posicionado entre los que mejor rendimiento han obtenido y habrían supuesto un gran impulso para inversionistas como Buffett, que se centran en las compañías más grandes. El propio Buffett lo ha reconocido.
Berkshire ahora corre el riesgo de cometer el mismo error con la inteligencia artificial. “Comprendo un porcentaje menor de los negocios en comparación con el total que hace 10 años”, admitió Buffett a Becky Quick de CNBC. “Hace años que no aprendo sobre nuevas industrias”.
Establecer un nuevo rumbo será complicado para Abel, al menos al comienzo.
Si incrementa la exposición a la IA, disminuirá la concentración de la cartera; si sustituye las inversiones de Berkshire en la “vieja economía”, como Bank of America Corp. (BAC), Coca-Cola Co. (KO) y Chevron Corp. (CVX), por valores de IA de moda, dará la impresión de un giro brusco respecto a la estrategia de Buffett, algo que Berkshire parece ansiosa por evitar.
No obstante, Abel tendrá que encontrar más crecimiento si quiere revivir la antigua magia de Buffett.
Desde 1988, el primer año para el que se dispone de datos electrónicos de Berkshire, las acciones de la compañía generaron una rentabilidad de casi el 16% anual hasta 2025, más de 4 puntos porcentuales por encima del S&P 500. Alrededor del 90% de esa rentabilidad provino del crecimiento de los ingresos de Berkshire. La valoración y la expansión de los márgenes contribuyeron poco, y los dividendos, nada.
Si bien la información sobre las participaciones privadas de Berkshire es limitada, las perspectivas de crecimiento de los ingresos de sus empresas cotizadas en bolsa no son muy alentadoras.
Se prevé que las seis empresas que conforman la mayor parte de su cartera de acciones, Apple Inc. (AAPL), Chevron, Bank of America, Coca-Cola, American Express Co. (AXP) y Moody’s Corp. (MCO), aumenten sus ventas en un promedio del 5% anual durante los próximos cuatro años, según estimaciones recopiladas por Bloomberg.
Entre tanto, las gigantes tecnológicas en los que Berkshire tiene poca o ninguna exposición están preparados para un crecimiento mucho mayor. Los analistas prevén que las empresas estrella de la era puntocom, como Microsoft Corp. (MSFT), Amazon.com Inc. (AMZN) y Alphabet Inc. (GOOGL), aumenten sus ventas un promedio del 15% anual.
Se prevé que dos compañías líderes en inteligencia artificial, Broadcom Inc. (AVGO) y Advanced Micro Devices Inc. (AMD), incrementen sus ingresos un 29% anual cada una. Dado el peso considerable de estas empresas en el S&P 500, no será fácil para Berkshire superar al mercado sin ellas.
Lo que ocurre con la concentración, y la razón por la que la mayoría de los inversionistas la evitan, es que hay mucho en juego en unas pocas empresas. La cartera de acciones de Abel, al igual que la de Buffett, es muy probable que se comparará con el índice S&P 500.
Tal como están las cosas, Abel apuesta en gran medida a que los sectores financiero, energético y de refrescos puedan seguir el ritmo de la tecnología. Una apuesta arriesgada, sin duda.
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