El oro vive su mayor rally en años, con un alza del 30% en lo que va de 2026. La presión sobre el dólar, el giro monetario de la Fed y el apetito de los bancos centrales refuerzan su rol como refugio.
La volatilidad del yen reconfigura estrategias, mientras el debilitamiento del dólar sigue apuntalando a las divisas latinoamericanas, aunque con desafíos crecientes.
Esas esperanzas se vieron mermadas después de que Bessent dijera el miércoles que EE.UU. “en absoluto” va a intervenir en el mercado dólar-yen, lo que contribuyó a desencadenar una caída del yen de hasta el 1,2%.
La divisa ganó hasta un 1,7% hasta los US$1,2081, extendiendo su avance mientras el dólar retrocedía de nuevo frente a todos los principales pares del Grupo de los 10.
El índice Kospi, uno de los índices de referencia mundiales con mejor comportamiento este año, cayó un 0,9%, mientras que el won surcoreano se debilitó tras cuatro días de ganancias.
El yen avanzó hasta 153,31 por dólar, el nivel más alto desde principios de noviembre, tras la advertencia de la primera ministra, Sanae Takaichi, de que el gobierno está preparado para evitar cualquier movimiento “altamente anormal” del mercado.
El yen se aprecia con fuerza ante crecientes indicios de una posible intervención cambiaria conjunta entre Japón y Estados Unidos. La expectativa revive comparaciones con el histórico Acuerdo del Plaza de 1985.
El inversionista advierte que un cambio de rumbo en el yen podría provocar una salida de capitales desde Estados Unidos hacia Japón, alterando el soporte en Wall Street.
Las acciones japonesas retrocedieron, con el índice Nikkei 225 cerrando con una baja de 1,8%, mientras que la mayoría de los bonos registraron avances.