Bloomberg Línea — Unos 500 millones de pequeños productores alimentan al 80% del planeta, pero la inmensa mayoría está atrapada en la subsistencia por falta de financiamiento.
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Mientras organismos como el Banco Mundial señalan que solo uno 1 de cada 10 productores tiene acceso a fuentes de financiamiento, un cafetalero hondureño de segunda generación y veterano del sector tecnológico con casi tres décadas de experiencia, vio la oportunidad de desarrollar una solución DeFi, que conecta inversionistas con productores a través de contratos inteligentes basados en blockchain, para reemplazar los microcréditos por “socios” digitales.
Antes de Harvverse, Jorge Lanza ya había intentado resolver el problema de la intermediación en la caficultura. Entre 2016 y 2019, cocreó Late Harvest: Best of Honduras, una subasta internacional de cafés especiales.
Con este modelo logró involucrar a más de 400 productores con compradores en seis países y elevarles el precio de US$2,50 a US$41 por libra del aromático.
Sin embargo, la logística fue una pesadilla. “Era bien desgastante coordinar todo eso, luego hacer la coordinación para despachar los lotes. Era una gran faena, pero no podíamos escalar, no podíamos llegar a más productores y ahora pues con con Harvverse es lo que estamos logrando”, dice Lanza a Bloomberg Línea.
Todo encajó durante el confinamiento. La solución no estaba en lo teórico, la tenía enfrente, viendo a sus hijos pasar el rato en internet.
“Mis hijos me pedían dinero para Roblox. Un día les pregunté en qué lo gastaban y me dijeron que en gorras y camisetas para sus avatares. Estaban gastando dinero en aire”. Esa ‘espina’ lo llevó a investigar las economías detrás de juegos similares, como Fortnite, y a entender que, si la gente estaba dispuesta a pagar por activos digitales, el agro tenía una capa de valor no explotada que no dependía de producir más por metro cuadrado.
Dos conceptos
Lanza es enfático en marcar la diferencia entre lo que hace Harvverse y lo que habitualmente se vende como “AgTech” en la región.
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“Digitalización es, por ejemplo, si yo hacía las facturas a mano y ahora las hago en una aplicación móvil. Me hace más rápido, pero no me ayuda a vender más”, explica.
La transformación digital, agrega, “es cuando cambiamos el modelo de negocio, cuando nuestros ingresos entran por otra fuente, producto de una innovación digital”.
Según Lanza, los smart contracts y el blockchain han estado moviéndose desde un tiempo en la agricultura, “pero más pensados en una digitalización de la cadena de valor, para dar trazabilidad a los productos, y no realmente para beneficiar al agricultor. O sea, no compensa el costo que le está generando esa digitalización”.
En la plataforma de Harvverse, un pequeño productor publica su lote o plantación. Del otro lado, un “socio digital”, que puede ser una cafetería, una tostadora o un inversor que quiere diversificar su portafolio, aporta el capital de trabajo necesario para un año o dos de cosecha, sin deuda, ni intereses o intermediarios.
A cambio de financiar los insumos, el socio digital recibe el 40% de las ganancias de esa cosecha específica, mientras el agricultor se queda con el 60%. El contrato inteligente define las reglas y libera los fondos de manera progresiva.
Para asegurar que el dinero se use sin necesidad de un auditor, el sistema integra sensores IoT (Internet de las Cosas) en la finca. Si un análisis de suelo detecta que falta fertilizante, se desbloquea el dinero para comprarlo.
Una vez que el cafetalero aplica el producto y el sensor verifica la mejora, se libera la siguiente cuota de financiamiento. En la práctica, el productor hace su trabajo habitual, pero ahora tiene un incentivo directo, pues al documentar sus tareas en el celular le garantiza recibir los insumos para el siguiente paso de la cosecha.
Con los pies en la tierra
Aunque la startup está constituida como un C-Corp en Estados Unidos para facilitar la captura de una ronda semilla de US$2 millones que buscan cerrar, Lanza dice que la historia de la startup es profundamente hondureña.
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Hoy, Harvverse ya tiene 100 fincas operando activamente en su plataforma, que suman unas 3.000 hectáreas, además de una base de datos de 38.908 productores pre-registrados. Su enfoque ya les ha valido reconocimientos, como ser finalista entre los 3.300 proyectos globales del Prototypes for Humanity de la Fundación del Futuro de Dubái, y coronarse la startup más innovadora en DeFi en Fintech Americas 2025.
El equipo operativo está encabezado por la esposa de Lanza, Carol Guevara, cofundadora de la empresa y cuarta generación ganadera, quien se encarga de que las promesas tecnológicas tengan los pies en la tierra.
Desde su perspectiva, la COO proyecta que a medida que la escasez de alimentos se vuelva más evidente, compradores e inversores buscarán asegurar su abasto directamente a través de estos esquemas descentralizados, eludiendo la especulación que genera la cadena tradicional entre los intermediarios.