Dos empleados del Siemens Airport Center muestran el sistema de reconocimiento facial 3D de Siemens en Alemania.
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Bloomberg — Después de convencer al sector energético de que reduzca su impacto climático, el mundo de la gestión de fondos se está centrando la industria tecnológica. Pero existe el peligro de que, al intentar lograr demasiados objetivos no financieros, los inversores acaben debilitando su influencia.

Su principal foco es la tecnología de reconocimiento facial, que se está desarrollando rápidamente tanto como herramienta de aplicación de la ley para los gobiernos como en aplicaciones para las empresas que quieren dirigirse a clientes individuales. Parece que el uso (o mal uso) de estos sistemas informáticos se convertirá en el próximo foco de presión para los inversores que buscan destinar su capital de acuerdo con estándares de gobernanza, inclusión y sostenibilidad.

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La navegación por Internet ya ha proporcionado una gran cantidad de datos, permitiendo que los sitios web nos acribillen con anuncios emergentes diseñados para resultar atractivos en base a nuestros hábitos particulares. Ahora, la recopilación de información se produce cada vez más en el mundo físico. Imagínese una valla publicitaria electrónica con una cámara que puede escanear su rostro para identificar su edad y sexo y luego mostrar un anuncio dirigido específicamente a su grupo demográfico.

Las normas de protección de la intimidad se esfuerzan por seguir el ritmo de la creciente capacidad de los programas informáticos para examinar grandes grupos de personas en tiempo real acumulando datos sin permiso, lo que los hace correr el riesgo de atentar contra las libertades civiles más básicas.

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“Cuando se recopilan datos personales sensibles a escala masiva sin el conocimiento, la decisión o el control de las personas, las repercusiones pueden ser significativas”, dijo Elizabeth Denham, jefa de privacidad del Reino Unido como Comisionada de Información, en una publicación de blog publicada el viernes.

A principios de este mes (junio), 50 empresas mundiales de gestión de activos que supervisan más de US$4,5 billones se comprometieron a presionar a las empresas en las que invierten para que garanticen que la tecnología de reconocimiento facial se desarrolla “de forma ética, con la regulación y la supervisión adecuadas”. Quieren que las empresas sometan su tecnología a un examen independiente para comprobar su precisión, que revelen las fuentes de sus bases de datos de imágenes y ejerzan la debida diligencia antes de suministrar sistemas a los clientes. Las empresas deben “evaluar su impacto en los derechos humanos”, dijo Louise Piffaut, analista senior de GIS en el brazo de inversión de Aviva Plc, en una declaración de apoyo al compromiso.

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La iniciativa fue liderada por Candriam, la gestora de fondos europeos de New York Life Insurance Co. con 140.000 millones de euros (US$168.000 millones) de activos. En 2019, Candriam se desprendió de Hangzhou Hikvision Digital Technology Co. después de mostrar preocupación por el negocio de la empresa china que suministraba sistemas de vigilancia biométrica masiva. Eso hizo que la firma comenzara a investigar el asunto. “Cuanto más escarbamos, más controversias encontramos”, me dijo la semana pasada Benjamin Chekroun, analista de compromisos de Candriam.

La alianza de gestión de fondos se enfrenta a algunas de las mayores empresas del mundo que desarrollan software de escaneo facial, como Google, de Alphabet Inc, Apple Inc, Tencent Holdings Ltd y Alibaba Group Holding Inc. El zeitgeist sobre la privacidad está a favor del grupo.

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El mes pasado, Amazon.com Inc. extendió indefinidamente una moratoria para permitir que las fuerzas policiales usen sus algoritmos Rekognition, que un estudio de enero de 2019 realizado por dos investigadores de inteligencia artificial mostró que cometía más errores cuando se usaba en personas con piel más oscura, particularmente en mujeres. En la reunión anual de la compañía del 26 de mayo, los inversores, incluyendo la Junta Estatal de Administración de Florida y el Plan de Pensiones de los Profesores de Ontario, votaron a favor de una propuesta de los accionistas que pedía a Amazon que considerara los impactos de la tecnología en los derechos humanos, aunque la sugerencia no obtuvo suficiente respaldo para convertirse en política.

La semana pasada (que comenzó el 14 de junio), la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC, por sus siglas en inglés) propuso la prohibición de las cámaras de vigilancia fabricadas por cinco empresas chinas, entre ellas Hikvision y Huawei Technologies Co, alegando motivos de seguridad nacional. Y la Unión Europea propuso en abril restricciones estrictas al uso de la tecnología biométrica en el bloque, con la amenaza de grandes multas para las empresas que ignoren las normas.

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La preocupación por las tecnologías en desarrollo tiene sentido. El problema para los gestores de activos, sin embargo, es que al involucrarse se corre el riesgo de diluir sus esfuerzos en materia de GIS. La materialidad financiera, por utilizar la jerga actual, está claramente dentro de sus competencias; la materialidad social, por muy deseable que sea, no es claramente una de sus responsabilidades.

Hay un argumento convincente de que la crisis climática supone un peligro económico claro y presente, con riesgos que van desde las inundaciones costeras hasta los activos de petróleo y gas varados. Del mismo modo, los argumentos financieros para que las empresas mejoren la diversidad de género y racial tanto en sus plantillas como en sus consejos de administración son convincentes. La pérdida de una gran parte de los talentos disponibles perjudicará a cualquier empresa.

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Es más difícil poner un precio a los riesgos operativos y de reputación que podrían sufrir las empresas por el mal uso de la tecnología de reconocimiento facial. Pero es posible. A principios de este año, Facebook Inc. pagó US$650 millones en un acuerdo con un tribunal de San Francisco por las acusaciones de que recogía y almacenaba escaneos digitales de los rostros de los usuarios sin su consentimiento. Y el minorista sueco de muebles Ikea fue multado con 1 millón de euros por un tribunal francés la semana pasada por espiar a su personal y a sus clientes.

La comunidad de gestores de fondos ha logrado notables éxitos en los últimos años al obligar a las empresas a hacer más por reducir su huella de carbono y dañar menos el medio ambiente. Si “la tecnología es el nuevo cambio climático”, como dice Chekroun de Candriam, yo no subestimaría el poder del capital para proteger nuestros rostros de ser escaneados en secreto.

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