¿Cómo se mueve el ‘cripto’ en Venezuela y qué desafíos enfrenta?

Miles de personas conforman un “nicho” que convirtió a Venezuela en uno de los países más activos en intercambio P2P. Su uso en transacciones cotidianas, sin embargo, es aún incipiente.

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Caracas — A los 28 años, el abogado venezolano Raúl Velásquez encontró en las criptomonedas una solución a sus problemas. Era 2017 y el proceso hiperinflacionario recién comenzaba en su país; el control cambiario no había sido flexibilizado aún; y él no contaba con una cuenta en el extranjero para resguardar sus ahorros.

“En vez de estar cambiando, vivir en el perpetuo viacrucis venezolano de tener que cambiar bolívares por dólares, yo voy a optar por bitcoin”, pensó, y desempolvó los conocimientos adquiridos en 2012, cuando tuvo una primera aproximación a las criptomonedas.

Aunque las cosas han cambiado en estos últimos cuatro años –ahora, por ejemplo, es posible abrir cuentas en moneda extranjera en bancos locales–, Velásquez sigue abogando por el uso de las criptomonedas en Venezuela; una causa para la que, sin embargo, le ha costado ganar adeptos, al menos en su entorno.

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Sigue siendo un nicho, definitivamente”, reconoce el joven abogado, ahora de 32 años, y quien coincide en esta afirmación con expertos como Giorgio Cunto Morales, economista senior en la firma Ecoanalítica.

Ese “nicho”, sin embargo, llevó a Venezuela a ocupar, en 2020, el tercer lugar en el Índice Global de Adopción de Criptografía de la startup Chainalysis, la misma que esta semana reveló que la adopción de criptomonedas ha aumentado 881%, en el último año, en todo el mundo. Los altos volúmenes de intercambios persona a persona, en bolívares, en plataformas como LocalBitcoins y, más recientemente, Binance, dan cuenta de la actividad en este país.

Saber cuántos hacen parte de ella, sin embargo, es difícil. La Asociación Nacional de Criptomonedas (Asonacrip) aglomera a unas 200 personas, entre naturales y jurídicas. Son, principalmente, mineros; pero también hay casas de cambio, instituciones educativas y entusiastas.

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El presidente de la Asonacrip, José Ángel Álvarez Mayora, sin embargo, reconoce que no aglutinan a todos los involucrados en la movida cripto venezolana. Por ejemplo, en los diferentes eventos que han organizado desde que fue fundada la asociación hace cuatro años, han participado unas 5.000 personas.

También en “unas cuantas miles de personas” estima Humberto Quevedo a los usuarios de una de las primeras casas de cambio que fueron autorizadas, a partir de 2018, por la Superintendencia Nacional de Criptoactivos y Actividades Conexas (Sunacrip), la institución pública que “organiza, planifica, regula, promueve y coordina” –según detalla en su portal – la adopción y el uso de criptomonedas en Venezuela.

Las características de sus clientes son muy variadas: van desde el conserje de un centro deportivo contiguo a su sede principal, al sureste de Caracas, quien recurre a las criptomonedas como mecanismo de ahorro; hasta la estudiante que recibe, por esta vía, remesas de su novio en el exterior.

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La gente joven es más afín, pero también hay gente adulta que se mete en esto. Y cada vez es más gente normal, gente común”, dice Quevedo.

Estado protagonista

Pero hay un actor que despunta en la movida cripto venezolana. “El usuario más grande de criptomonedas es el Estado”, asegura el doctor y profesor de la Universidad Simón Bolívar (USB), Víctor Theoktisto Costa, experto local en criptoeconomía.

Y no solamente por los 50 millones de petros que tiene reservados –la mitad de los emitidos–, sino que es, también y según Theoktisto, el usuario local más grande de bitcoin, la criptomoneda más popular en Venezuela, en coincidencia con la tendencia global.

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“El Estado está aceptando pagos en criptomoneda por la factura petrolera, está pagando en criptomoneda por insumos que compra en el exterior”, explicó Theoktisto.

En entrevista reciente para BloombergTV, el presidente Nicolás Maduro reconoció que su gobierno había impulsado la adopción de criptomonedas para superar las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos.

Su incorporación a la movida cripto venezolana, sin embargo, fue tardía, cuando ya en LocalBitcoin, por ejemplo, y según recuerda el abogado Velázquez –pues coincidió con su ingreso, en 2017– se movía un “volumen relativamente importante” de bolívares.

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Para 2015, año en el que ingresó Quevedo, este asegura que las criptomonedas “ya estaban mandando” en Venezuela. “Había gente que tenía ya rato, sobre todo en la parte de minería digital”, recuerda

Todos, sin embargo, se movían un “área gris”, hasta que, a finales de 2017, se creó la Superintendencia de Criptoactivos de Venezuela y Actividades Conexas Venezolana (Supcacven, hoy Sunacrip) y surgió la primera de varias regulaciones.

La más reciente de ellas entró en vigencia este 19 de julio y busca fiscalizar los riesgos relacionados con el lavado de dinero, el financiamiento al terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva, según una providencia publicada el 21 de abril en Gaceta Oficial.

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Algunos, como Theoktisto, las consideran insuficientes, mientras otros, como Quevedo, las consideran necesarias. Pero para Velázquez, en comparación con las de otros países, son “particularmente invasivas”, además de poco efectivas, pues asegura que los ciudadanos consiguen la forma de evadirlas.

Álvarez, de la Asonacrip, detecta otro problema, sobre todo en torno a la normativa vigente para la minería digital, y es el “desconocimiento” que –asegura– hay de la misma por parte de autoridades y cuerpos regionales. Para informarlos, este mes de julio hicieron, junto a la Sunacrip, una gira por 15 estados, de los 23 que tiene el país.

Poco uso

Pero no todos los que se hacen con criptomonedas en Venezuela las usan. La penetración de estas en los pagos cotidianos, de hecho, sigue siendo pequeña, de apenas 1,9%, según cifras del más reciente estudio de dolarización de Ecoanalítica, que procesó más de 21.600 transacciones realizadas en marzo, en 360 establecimientos, de los 10 centros urbanos más importantes de Venezuela.

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Aún no se han adoptado a gran escala medios de pago para ello (…) Y la profundidad de la dolarización ya hace más preferible recibir divisas, por ventaja de efectos de redes”, explicó Giorgio Cunto.

El informe de Ecoanalítica revela que 57,3% de las transacciones hechas en todo el país, en el período de estudio, se hicieron en dólar estadounidense, seguidas por un 33% en bolívares y un 5,1% en pesos colombianos. Aunque la proporción de pagos en criptomonedas es pequeña, prácticamente iguala a la de los euros.

Y, así, con estas, usuarios como Velázquez pagan donas, mercados o aparatos electrónicos en comercios de Caracas, algo impensable en aquel 2017 en el que su uso se circunscribía a transacciones privadas para la compra-venta de vehículos, por ejemplo.

Creo que en gran parte tiene un elemento como de novedad. Uno busca gastarlo porque le parece interesante que al fin puede hacer eso

Raúl Velázquez

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Para este tipo de transacciones, sin embargo, en el país han ganado terreno otras criptomonedas que permiten pagos más rápidos, como Dash, en su momento, y más recientemente Theter. Todas las foráneas desplazan al petro, relegado casi únicamente al pago de gasolina a mejor precio.

¿Una criptonación?

La Asonacrip espera que Venezuela se transforme paulatinamente en una “criptonación”. “Que en cualquier lugar de Venezuela tú puedas pagar en cualquier criptomoneda y que sea mucho más versátil”, detalló su presidente.

Para ello, sin embargo, considera necesario luchar, primero, contra el desconocimiento, ya no tanto de las autoridades, sino de los ciudadanos, y específicamente de las más de 20 millones de personas que, según cifras oficiales, están inscritas en el Sistema Patria –mecanismo, a través del cual el Gobierno otorga subsidios, bonos y también vacunas contra la covid-19– y tienen allí una cartera de bitcoin, litecoin, petros y bolívares.

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Quevedo explica que la casa de cambio con la que está vinculado participa en varias de las subastas diarias de petros que se hacen a través de este sistema. “El movimiento de mercado es bastante interesante, creo que es el principal Exchange que tiene Venezuela ahorita”, detalló.

Pero además el conocimiento, esta y otras fuentes consultadas coinciden en que que hay otras cosas en las que se debe avanzar, como la mejora de la infraestructura de Internet.

Todo depende de internet. Estamos viendo cómo las operadoras están tratando de adecuarse a la velocidad de transmisión necesaria y a la cobertura necesaria pero obvio eso es irrelevante cuando en algún lado se te va la luz por horas, entonces no se puede hacer comercio con esa alternativa”, acotó, en este sentido, el profesor Theoktisto.

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Pero más que en esos factores, para el economista Cunto, que el uso de las criptomonedas se extienda en Venezuela dependerá principalmente de la dinámica de la dolarización en el futuro. Aunque considera que si se cubren las “fricciones” que él también detecta en el entorno de pagos, las criptomonedas pueden tener “algo” de terreno para crecer.

“Sin embargo, es probable que sigan siendo una porción relativamente pequeña de las transacciones en divisas, relegada a nichos particulares. Principalmente porque aún no tienen una ventaja comparativa de conveniencia lo bastante significativa para ser adoptadas a gran escala por la ciudadanía”, explicó Cunto.

Desde Venezuela, Velázquez sigue con atención lo que ocurre en El Salvador, que recientemente aceptó el bitcoin como moneda de curso legal. Cree que algo así sería “totalmente revolucionario” en su país.

Sin embargo, se mantiene escéptico: “No creo que (las criptomonedas) tengan mucho éxito acá”.

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