Bloomberg Opinión.
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Bloomberg Opinión — La idea corporativa del metaverso de Facebook y Microsoft Corp. -piensa en oficinas virtuales repletas de espeluznantes avatares al estilo de Dorian Gray- no es ni de lejos tan distópica como el metaverso alimentado por las criptomonedas que ya existe en la actualidad.

Este último reino es el que realmente hace girar la cabeza de uno, como han descrito recientemente colegas de Bloomberg News. Es un lugar que funciona con finanzas descentralizadas (DeFi), una red de US$100.000 millones donde viven plataformas mayormente no reguladas que prestan e intercambian criptomonedas a cambio de comisiones.

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Es un lugar en el que los padres se preocupan cuando sus hijos se embolsan dinero real en juegos de blockchain como Axie Infinity; un lugar en el que los museos virtuales exponen obras de arte vendidas por casas de subastas reales por sumas de ocho cifras; un lugar plagado de precios inflados, de información privilegiada y de innumerables fraudes y falsificaciones. Es un lugar en el que, por cada innovación financiera interesante, hay un hackeo, un tirón de orejas o un hundimiento a la vuelta de la esquina: el token Squid Game es sólo el ejemplo más reciente.

La pregunta ahora es cuánto tiempo más seguirá este lugar siendo un salvaje oeste, donde se hacen y se pierden fortunas reales y virtuales. Probablemente no por mucho tiempo.

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Protocolos y apps DeFi que usan contratos inteligentes han crecido enormemente el último añodfd

Sabemos gracias a la historia que los frenesíes especulativos tienen la costumbre de acabar desvaneciéndose, mientras que las reglas y normas nunca están demasiado lejos de la tecnología financiera de rápido crecimiento. Hubo un tiempo en que los préstamos entre particulares y los pagos instantáneos en línea no estaban tan supervisados como ahora, por ejemplo. Los reguladores ya están examinando de cerca el ecosistema DeFi.

En el punto de mira de los supervisores están los criptoactivos como las stablecoins (monedas estables), que se gestionan de forma algorítmica para evitar fluctuaciones salvajes en sus precio. Éstos sirven de combustible para algunos de los proyectos más rápidos de DeFi, como dejar criptos fijas en pools de operaciones que ofrecen rendimientos anuales ridículos (y de corta duración) de más del 1.000%, pero también algunos que son más parecidos a los de los bancos. Esto podría implicar que un emisor compre préstamos y bonos del mundo real, respaldados por la deuda de los consumidores o los bienes raíces, y los titulice como tokens en la blockchain que ofrecen un rendimiento del 5% al 10%. (El emisor obtiene más cripto a cambio).

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Aquí se puede vislumbrar la oportunidad para las finanzas de la vieja escuela: Procesos más automatizados y transparentes, con menos intermediarios, podrían ahorrar dinero y ayudar a evitar el tipo de chanchullos que llevaron al colapso de la empresa de servicios financieros Greensill Capital.

Pero la realidad actual es que incluso estos proyectos DeFi siguen teniendo riesgos significativos. Si se examina la letra pequeña, queda claro que muchas cosas pueden salir mal. La cadena de contrapartes es compleja: una oferta, por ejemplo, presenta una entidad con sede en la India, conectada a una entidad con sede en Delaware, conectada a un conjunto de criptoactivos gestionados por otra entidad.

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También parece haber recursos legales limitados para los inversores, y poco poder sobre los emisores, que destinan los ingresos a la financiación general de “operaciones comerciales.” Si algo va mal en la gestión algorítmica de un evento como el impago de un préstamo, no parece haber muchas respuestas.

Cuanto más parecido a un banco sea el proyecto DeFi, más probable será que se apliquen normas y costes similares a los de un banco. Además de la regulación, los bancos normales, los llamados “TradFi” (finanzas tradicionales), están entrando en escena. El banco francés Societe Generale SA propone refinanciar una cartera tokenizada de bonos cubiertos mediante préstamos de una plataforma DeFi. Sería el primer movimiento de este tipo por parte de un gran prestamista, y una señal de que el sector financiero prefiere cooptar antes que ser perturbado por la criptoanarquía.

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Ya sea directa o indirectamente, los sheriffs están entrando en la ciudad.

Ahora, para estar seguros, la caballería todavía está poniéndose al día, y el ingenio de los defraudadores todavía está muy presente; la filosofía que debería imperar en el presente debería seguir siendo “compradores, tengan cuidado”. Al fin y al cabo, esta es la fase del salvaje oeste del DeFi, dice el consultor de fintech Peter Lugli. “Yo no apostaría la granja; tal vez el caballo enfermo”.

Mientras tanto, el interés del mundo corporativo se ha despertado. Incluso Facebook, que está en el punto de mira de las autoridades, está persiguiendo sus propias ambiciones de stablecoin con un proyecto piloto de pagos digitales en Estados Unidos y Guatemala. Tal vez la ironía sea que, en el futuro, esas estiradas oficinas del metaverso imaginadas por Mark Zuckerberg acaben siendo respaldadas por dinero del metaverso: mitad real, mitad virtual, pero totalmente regulado.