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Alzas de tasas más rápidas no ayudan mucho a las monedas con peor desempeño

Crecientes riesgos de inflación en todo el mundo han llevado a los encargados de la política monetaria a tomar medidas más agresivas

Banco de la República de Colombia.
Por Davison Santana
08 de noviembre, 2021 | 05:30 PM
Tiempo de lectura: 3 minutos

Bloomberg — Importantes alzas en las tasas de interés desde Brasilia hasta Bogotá están haciendo poco por ayudar a las principales monedas de América Latina, lo que podría avivar las preocupaciones por la inflación que han estado afectando a los mercados de bonos.

El real brasileño y el peso chileno se encuentran entre las monedas de peor desempeño a nivel mundial en el segundo semestre, a pesar del endurecimiento de la política monetaria de los bancos centrales de ambos países, debido a una ascendente inflación y preocupaciones políticas que afectan la confianza de los inversionistas. Y Colombia, que elevó su tasa de interés de referencia más de lo que los analistas habían pronosticado, fue el mayor rezagado la semana pasada en los mercados de divisas, a pesar de esa decisión.

Los crecientes riesgos de inflación en todo el mundo han llevado a los encargados de la política monetaria de muchos países a acelerar el ritmo del endurecimiento. Pero algunos inversionistas han manifestado que todavía no están haciendo lo suficiente: las expectativas de inflación del mercado de bonos siguen por encima del objetivo, mientras que operadores ahora descuentan más probabilidades de incrementos en las tasas a corto plazo. Con los mayores riesgos en torno a las próximas elecciones y las perspectivas fiscales, las monedas simplemente han seguido cayendo, lo que a su vez podría ayudar a estimular la inflación.

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“El mercado cree que los bancos centrales deberían hacer más, dados los riesgos políticos y fiscales en ciertas economías”, dijo Juan Prada, estratega de divisas de Barclays en Nueva York.

Peso colombianodfd

El banco central de Colombia fue uno de los últimos en intentar hacer frente al fantasma de la inflación y adelantarse a las expectativas. Optó por aumentar su tasa clave en 50 puntos básicos el 27 de octubre, el doble de la estimación mediana de 25 puntos básicos que habían pronosticado analistas externos. Sin embargo, pese a que la curva de swaps cambió sus probabilidades en respuesta, la moneda se hundió más de un 3% la semana pasada, el peor desempeño entre los principales pares emergentes y desarrollados.

Una estrategia de anticipación similar de banqueros centrales también está cobrando poco impulso en el mercado de divisas de Chile. La moneda allí ha caído más de un 4% desde fines de agosto, cuando se elevaron las tasas en 75 puntos básicos, más de lo esperado. Su caída de más de 9% en este semestre es la mayor entre las principales monedas mundiales después de las de Brasil y Turquía.

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Brasil es, por supuesto, el ejemplo de ineficacia del apoyo de un banco central en este momento. El mes pasado, los funcionarios elevaron las tasas en 1,5 puntos porcentuales, el mayor aumento en alrededor de dos décadas, y prometieron algo similar para su próxima reunión. Pero, dado que el mercado busca aún más, el real simplemente siguió cayendo.

Por supuesto, la responsabilidad no es completamente de los banqueros centrales. En Brasil, la misión de la autoridad monetaria se ve aún más complicada por la decisión del Gobierno de abrir la puerta a nuevo gasto fiscal y existe una tremenda incertidumbre ante los esfuerzos del presidente Jair Bolsonaro de aumentar su apoyo popular previo a las elecciones del próximo año. Y Chile, que se prepara para elecciones este mes y con la perspectiva de cambios constitucionales, fue uno de los países que más gastaron durante la pandemia de Covid-19.

“Todos los mercados emergentes tienen algunos problemas derivados de la pandemia: deuda elevada, déficits altos, problemas en las cadenas de suministro y en especial, políticas polarizadas”, dijo Thierry Wizman, estratega de tasas de interés y divisas de Macquarie Capital en Nueva York.

Sin embargo, eso es poco consuelo para banqueros centrales que intentan mantener a raya la inflación y las divisas. Como opinó una vez el exgobernador del Banco de la Reserva de Nueva Zelanda Graeme Wheeler: tratar de influir en los tipos de cambio es a menudo similar a ir a la guerra “con una cerbatana”.


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