Vacunas contra el Covid-19.
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Hay mucho por aprender sobre la variante del coronavirus Ómicron, pero los científicos ya saben lo suficiente para prescribir una respuesta racional a la amenaza. Mientras el mundo espera los datos, hay muchos conocimientos útiles que provienen de la biología evolutiva.

Actualizar las fórmulas de las vacunas y las restricciones a los viajes para frenar y atrapar las infecciones con Ómicron tiene sentido, incluso entendiendo que la nueva variante bien podría esfumarse. No prepararse para el peor de los casos sería un error potencialmente desastroso.

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Ese peor escenario posible requeriría la coincidencia de tres avances evolutivos simultáneos. La variante tendría que ser lo suficientemente transmisible como para derrotar a la cepa delta, ahora dominante, y así extenderse por toda la población humana. Tendría que ser lo suficientemente virulenta como para saturar los hospitales y provocar confinamientos y restricciones perjudiciales. Y tendría que ser lo suficientemente novedosa como para infectar y enfermar al creciente número de personas que son inmunes a las versiones anteriores del SARS-CoV-2 por virtud de las vacunas o haberse infectado anteriormente.

Esa combinación de sorpresas evolutivas es posible, pero no tan probable. Los científicos se han sorprendido tanto por el número de mutaciones en Ómicron que la han calificado de “locura”, pero aún no saben a qué se refieren.

Algunos investigadores se apuran para comprobar hasta qué punto Ómicrón puede resistir los anticuerpos que generan las vacunas existentes, y datos preliminares muestran que puede sortear estos anticuerpos con mayor facilidad que las variantes existentes. Pero los anticuerpos sólo proporcionan una parte de la protección que generan los sistemas inmunitarios, por lo que su potencial vulnerabilidad es sólo una parte de la historia.

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Desde un punto de vista más optimista, la presidenta de la Asociación Médica Sudafricana, Angelique Coetzee, observó que las infecciones en muchos de sus pacientes eran leves, lo que indica que Ómicron probablemente no es mucho más virulento que las cepas existentes. Pero como los casos leves son comunes también con delta, habrá que esperar unas semanas para ver cómo se comparan.

Mientras tanto, la comprensión de la evolución también puede informar predicciones y toma de decisiones, separando lo que es probable de lo que es posible de lo que es extremadamente improbable.

La evolución tiene dos partes importantes.

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La primera es la generación de nueva diversidad mediante mutaciones y otros cambios genéticos. En 2020, los científicos pensaban que el SARS-CoV-2 lo haría más lentamente que los virus de la gripe, pero como el nuevo virus se ha extendido a tanta gente en tan poco tiempo, está teniendo millones de oportunidades de tropezar con nuevas combinaciones de genes. El SARS-CoV-2 puede generar nuevas variantes mediante mutaciones, así como mediante un proceso llamado recombinación, por el que las partículas virales intercambian material genético.

El otro componente de la evolución es la selección natural; la supervivencia del más apto en respuesta a lo que los científicos llaman presión evolutiva.

La presión evolutiva favorecería las nuevas variantes que se propagan más rápidamente que las versiones existentes. Por eso delta se impuso, y ahora representa más del 99% de los casos en Estados Unidos.

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Hay diferentes maneras en que el virus puede volverse más transmisible. Puede mejorar su multiplicación rápida en partes del tracto respiratorio humano donde se aerosoliza fácilmente. Puede encontrar mejores formas de sobrevivir en el aire y puede mejorar su capacidad de invadir las células de un nuevo huésped. Pero delta ya es buena en todos estos aspectos, por lo que una nueva variante exitosa tendrá que vencer a una dura competencia.

La inmunidad crea un nuevo grado de presión evolutiva, otorgando una mayor ventaja a las nuevas cepas que puedan evadir los anticuerpos de la vacunación o de una infección anterior. Jesse Bloom, investigador del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson, ya se ha lanzado a estudiar Ómicron, y me dijo por correo electrónico que su conjetura es que las vacunas seguirán siendo, al menos, algo efectivas para prevenir enfermedades graves y la muerte.

Luego hay un gran comodín: si la nueva variante causará enfermedad más o menos grave. No hay ninguna presión evolutiva para que el virus sea más mortal, así que las nuevas variantes pueden ser más o menos mortales por casualidad. (Incluso existe el mejor escenario en el que una nueva variante llega a dominar y resulta relativamente inofensiva, convirtiendo así la pandemia en algo parecido a la gripe o el resfriado común).

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Por lo tanto, teniendo en cuenta lo que se sabe, renovar las vacunas existentes tiene sentido, porque es poco probable que causen efectos secundarios diferentes o peores. Moderna ya ha anunciado que empezará a trabajar en la fabricación de un nuevo refuerzo ajustado para Ómicron. Y BioNTech, socio de Pfizer, ha prometido empezar a prepararse para hacer lo mismo.

Esto ya ocurrió una vez. La semana pasada me enteré por el investigador de vacunas de la Universidad de Harvard, Dan Barouch, de que una variante anterior, llamada beta, suponía una amenaza potencial suficiente para que las empresas farmacéuticas crearan una nueva versión de sus vacunas dirigida a ella. Las vacunas alteradas nunca se pusieron en marcha porque beta se agotó. No pudo competir con la ultra-transmisible delta. Eso podría volver a ocurrir, pero apresurarse a actualizar las vacunas es un riesgo que merece la pena asumir.

Las restricciones de viaje también tienen sentido, a pesar de las objeciones de que castigan injustamente a países como Sudáfrica por hacer un buen trabajo de vigilancia y advertir al resto del mundo.

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Dado que la nueva variante ya ha aparecido en muchos otros países, un mejor enfoque para los EE.UU. sería cambiar la política de viajes en general, dejando de depender únicamente de los pasaportes de las vacunas y exigiendo que todos los que entren en el país se sometan a pruebas exhaustivas de Ómicron y a un período de cuarentena adecuado. Es probable que la variante Ómicron ya esté en EE.UU., pero será más fácil de entender y combatir si no entra continuamente a través de los viajes sin restricciones.

En cuanto a las perspectivas a largo plazo, Bloom dijo que en algún momento el virus debería alcanzar una meseta en su capacidad de propagación entre las personas. Antes de la pandemia, estudió la evolución de la gripe y, efectivamente, los virus de la gripe siguen intercambiando piezas de información genética para poder evadir la inmunidad. Pero no se vuelven más transmisibles o más mortales año tras año. Así que hay cierta esperanza de que la ciencia y una buena política puedan ir un paso por delante del virus que causa Covid-19.