Un oficinista entra en la sede de JPMorgan Chase & Co. en Nueva York, el jueves 22 de julio de 2021.
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Bloomberg Opinión — Me gradué de la Academia de la Guardia Costera en 1996. Fue una época difícil para asistir a una de las Academias de Servicio de Estados Unidos, y sufrí todo tipo de humillaciones. Una vez un estudiante de último año me afeitó con una bayoneta. Me obligaron a hacer 2.000 flexiones en un día. Y cuando faltaban 101 días para la graduación, los cuarteles se convirtieron en una zona de guerra conocida como “la noche de la 101″, con novatadas a todas horas y una disciplina física que rayaba el abuso. La experiencia de mi clase con la Noche 101 fue tan extrema que se prohibió inmediatamente a partir de entonces.

Sin embargo, mis recuerdos de ese periodo de mi vida son bastante buenos. Fue una especie de crisol, y me alegro de haber pasado por él porque me dio la fortaleza mental que tengo hoy. La Guardia Costera ya no es así, y estaba en proceso de transformarse en un servicio “más amable y gentil” hacia el final de mi estancia en la Academia. En el “Swab Summer” del año pasado, la versión de la Academia de Guardacostas del entrenamiento básico, se prohibieron los gritos.

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Wall Street ha sufrido una transformación que no es muy distinta. Hubo muchos gritos cuando estuve ahí entre 1999 y 2008, pero se comprometía mucho capital propio del banco y se transfería mucho riesgo. Probablemente fui el que más gritó, y me gritaron muchos. Pero al final del día, nadie se tomaba nada como algo personal. Si alguien gritara hoy en día en un piso de negociaciones, probablemente sería una acción que limitaría su carrera.

Hoy, Citigroup Inc., Bank of America Corp. y Citadel Securities están revirtiendo sus políticas y dejando que la gente trabaje desde casa durante más tiempo. Y eso no se debe únicamente a las crecientes tasas de infección por Covid-19, sino también a que sus empleados parecen estar contentos de trabajar desde casa y no les molesta no tener que ir a la oficina. Morgan Stanley acaba de flexibilizar y ampliar sus políticas de licencia parental, y está contribuyendo más a los planes 401(k) de los empleados. Goldman Sachs Group Inc. dijo que pronto ofrecerá una licencia ampliada para el cuidado de la familia y el duelo. A principios de este año, UBS AG envió una nota para recordar a los empleados que tienen derecho a una “hora de bienestar” cada día. Todo esto viene después de los esfuerzos por limitar las horas trabajadas por los banqueros junior y los becarios.

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Estos cambios se deben puramente a la dinámica del mercado laboral. Seguro que las bonificaciones siguen siendo altas para unos pocos elegidos, y los salarios promedio, incluidas las bonificaciones. alcanzaron los US$438.450 el año pasado, pero debido al aumento de las regulaciones, Wall Street no es el billete dorado que alguna vez fue para las masas. Los bancos tienen que competir por el talento con las empresas tecnológicas tradicionales, las nuevas empresas FinTech y las startups de criptomonedas, por nombrar sólo algunas.

El sector pasó por una convulsión similar a finales de la década de 1990, pero que en realidad sólo consistió en modificar los códigos de vestimenta para alinearse con las empresas tecnológicas que permitían a los empleados llevar camisetas y jugar al futbolito en la oficina. Yo trabajaba en Lehman Brothers Holdings Inc. por aquel entonces, y el CEO, Dick Fuld, se resistía a permitir la vestimenta informal en la oficina, ya que quería que sus empleados llevaran traje. Al final accedió, pero unos dos años después, tras la implosión de la burbuja de las puntocom, Lehman volvió a los trajes y mantuvo un código de vestimenta formal mientras duró la empresa.

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Wall Street ya no es tan estresante como antes. El negocio de la transferencia de riesgos ha desaparecido en su mayor parte, al menos en la renta variable, y ha sido sustituido por la negociación algorítmica. El valor en riesgo, o VaR, en los grandes bancos de Wall Street ha ido disminuyendo constantemente. Sin embargo, ahora hay un tipo de estrés diferente en Wall Street, y gran parte de él tiene que ver con el miedo a decir o hacer algo incorrecto, el miedo a enviar un correo electrónico inapropiado, el miedo a entrar accidentalmente en conflicto con el exceso de cumplimiento y regulación, y la posibilidad de perder tu carrera simplemente pulsando el botón equivocado. Las comunicaciones electrónicas no parecían estar vigiladas cuando trabajaba en Lehman. A raíz de hechos ilícitos como el escándalo del Libor, hoy todos los correos electrónicos, los mensajes instantáneos y las llamadas telefónicas están vigilados. Hay muchas oportunidades de cometer un error honesto que puede costar caro.

Esto puede no parecer un progreso, pero lo es. Y es bueno que los bancos se conviertan en lugares más hospitalarios para trabajar, porque Wall Street ha sido bastante incivilizado en ocasiones. Hay muchos miembros de la Generación X que son duros y les gusta contar historias sobre lo duro que era Wall Street en los viejos tiempos y lo fácil que lo tienen ahora “los niños”. Es cierto que el riesgo de ser atropellado por un teléfono volador es casi nulo y que hay más comodidades, pero el trabajo se ha vuelto mucho más tedioso. Cuando pienso en Wall Street hoy, no lamento la pérdida de la cultura machista de los operadores. Pero sí que lamento la pérdida de la toma de riesgos. Ese era el aspecto emocionante que hacía que trabajar en una olla a presión fuera divertido, no las comodidades.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.