El presidente ruso Vladimir Putin.
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Bloomberg Opinión — Viendo a Vladimir Putin el jueves en su conferencia de prensa de fin de año, uno se ve tentado a preguntarse si el presidente ruso se ha vuelto loco.

Vemos a un hombre dirigiendo un país que en los últimos meses ha acumulado decenas de miles de soldados y equipamiento militar avanzado en la frontera de Ucrania, afirmando ahora que es Ucrania la que está planeando una invasión de Rusia. Putin afirmó (sin pruebas) que Estados Unidos pretende armar a Ucrania con misiles hipersónicos. “Sólo tienen que entender que no tenemos dónde retirarnos”, dijo Putin.

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Peter Pomerantsev, autor del libro de 2014 “Nada es verdad y todo es posible”, sobre la naturaleza de la desinformación rusa, me dijo que Putin a veces actúa como un loco deliberadamente como forma de ganar ventaja con respecto a sus adversarios. Lanzar una nueva guerra contra Ucrania sería, en efecto, arriesgado para Rusia, en parte porque el propio ejército ucraniano es mejor que en 2014, cuando Rusia invadió Crimea. Rusia también se arriesgaría a sanciones aún más devastadoras si sigue adelante.

A veces esta táctica se conoce como “la teoría del loco”. Se dice que el expresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, quería que rivales geopolíticos como la Unión Soviética y China creyeran que él era volátil e impredecible como manera de protección contra las provocaciones de los adversarios. ¿Está haciendo ahora Putin lo mismo?

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Es imposible meterse en la cabeza del líder ruso. Pero las maniobras de Putin ya han dado modestos dividendos. El presidente Joe Biden ha ofrecido a Putin vías de escape diplomáticas, como una cumbre OTAN-Rusia, y reuniones bilaterales de alto nivel para explorar formas de aliviar las tensiones y abordar las preocupaciones de seguridad de Rusia con la OTAN y Ucrania.

La intención de Biden es evitar una guerra catastrófica. Pero su respuesta también ha envalentonado al régimen de Putin. Basta con considerar la lista de demandas de Rusia la semana pasada a Estados Unidos y Europa. Los diplomáticos de Putin piden ahora un compromiso de tratado para poner fin a cualquier nueva expansión de la OTAN y para retirar las armas avanzadas de los miembros de la OTAN que tienen frontera con Rusia.

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En lugar de descartar públicamente tales concesiones, la administración Biden ha hablado vagamente sobre la propuesta de Rusia. Un alto funcionario de la administración dijo el jueves que “nunca aceptaremos” algunas de las propuestas rusas, mientras que otras pueden ser la base de negociaciones. Pero el funcionario se negó a especificar qué propuestas eran inaceptables.

El hecho de que sus demandas sean coherentes con lo que lleva diciendo desde hace casi 15 años refuerza el argumento de que Putin sólo pretende perder el contacto con la realidad. En un discurso pronunciado en 2007 en Múnich, Putin argumentó que se prometió a Rusia que, tras la disolución de la Unión Soviética, la OTAN no se expandiría a Europa del Este. Esto es discutible. Lo que no es discutible es que grandes mayorías en los países que estuvieron bajo el dominio de la Unión Soviética estaban a favor de unirse a la alianza de la OTAN. La propuesta de Putin ignoraba el derecho a la autodeterminación de polacos, letones y otros.

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No obstante, el discurso de Putin de 2007 telegrafió su política exterior. Al año siguiente, las fuerzas rusas invadieron la república de Georgia y hasta hoy ocupan dos de sus provincias. En 2014, Putin invadió Ucrania y anexionó Crimea. En 2015, Rusia entró en la guerra civil siria y salvó al régimen del dictador.

Entonces, ¿realmente cree Putin que el país cuyo territorio se ha anexionado es el verdadero agresor? Probablemente no. ¿Cree realmente que Estados Unidos proporcionaría a Ucrania parte de su tecnología militar más avanzada? De nuevo, probablemente no.

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Pero Putin se beneficia claramente de la percepción de que es lo suficientemente volátil como para cumplir sus últimas amenazas. Si Biden creyera que Putin es racional, probablemente llamaría el farol de Putin. En cambio, está intentando convencer a Putin de que desactive una crisis que el propio líder ruso ha creado.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.