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Fernando Moya: ‘Hoy los artistas argentinos se adaptan a las modas musicales’

Entrevista Exclusiva - El cambio en la industria musical argentina, los desafíos de la pandemia y el mundo de los NFT, según uno de los mayores productores de la Argentina

Foto: Ozono Producciones
08 de enero, 2022 | 04:00 am
Tiempo de lectura: 6 minutos

Buenos Aires — Fito Páez, Charly García, Andrés Calamaro, Divididos, Mercedes Sosa son sólo algunos de los artistas que Fernando Moya llevó a los principales escenarios del mundo; o Paul McCartney, a quien trajo a estas tierras en su última gira. Todos ellos son tan solo una pequeñísima parte de su historia.

Fundador y cabeza de Ozono Producciones desde 2001, Moya es uno de los grandes pioneros del show business local. Fuerza Bruta, es quizás uno de los espectáculos que lo internacionalizó masivamente y con el que aún hoy recorre el mundo.

En su historia más reciente también se suman nuevas generaciones como Miss Bolivia, Wos, Melani Williams y la producción de convocantes espectáculos como Soy Luna, Violetta y una reciente asociación con Disney que lo tendrá como productor del espectáculo de la serie Entrelazados.

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Aunque con su trayectoria creó la armadura para enfrentar casi cualquier proyecto que le presenten, al igual que toda la industria del entertainment, se vio sacudido por la pandemia, donde barajar y dar de nuevo fue la única opción. En medio de reprogramaciones, incertidumbre y nuevas reglas de juego, el interés por los NFTs comenzó a crecer, impulsado por su hijo, Lucio.

Foto: Ozono Producciones.dfd

La siguiente conversación fue editada por motivos de extensión y claridad.

Bloomberg Línea: ¿Qué tan golpeada quedó la industria musical local con la pandemia?

Fernando Moya: Para lo que es la actuación en vivo, lo que se vivió fue un parate completo, porque los shows que se hicieron durante 2021 eran restringidos a 350 o 400 personas. Más que nada se hacían para hacer algo, porque para lo único que servían era para solventar los gastos. El “vivo” lo sufrió mucho, pero ahora se está recuperando y muy bien. Por otro lado, hubo un fuerte crecimiento de las ventas digitales, en Spotify, YouTube, etc. Las cifras que le empezaban a pagar a los artistas por las reproducciones comenzaron a ser grandes e interesantes, y los argentinos respondieron también a la música que se estaba escuchando en el mundo. Los artistas fueron hacia el trap, el hip hop y el reggaeton. Eso cambió el foco del negocio. La diferencia más grande de los chicos de entre 18 y 25 que venden millones, con los artistas mayores que hay en el país es el foco hacia dónde han ido. Hay artistas muy grandes como Abel Pintos o Luciano Pereyra que son grandes en Argentina, pero no generan ningún crossover, como sí lo hacen Paulo Alondra, María Becerra, Duki o Wos. Eso no había pasado nunca en el país. Hoy los artistas argentinos se adaptan a las modas musicales del mundo.

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¿Los shows en streaming que se realizaron durante el confinamiento, modificaron el negocio?

El streaming tuvo su momento de gloria y pasó. Los que hicieron negocios con eso fueron los artistas muy grandes como BTS. Los streaming argentinos se mantuvieron en un volumen de entre 10.000 y 15.000 espectadores. No había nadie que hiciera un volumen de un millón de entradas. Eso hizo que el negocio se pinchara para el mercado local. Se creía que iba a haber un paralelismo entre el streaming y el vivo, pero eso no está pasando. Los grandes eventos si van a estar por streaming como el Lollapalooza o Coachella, porque sigue vigente aunque pasó el momento de explosión. Además, tiene que existir la tecnología suficiente para resistir un millón de personas viendo al mismo tiempo, y ni la Argentina, ni la región tienen esa capacidad.

¿Cuánto perdió la industria local con la pandemia?

Es difícil estimar cuánto, lo que sí está claro es que nadie ganó, y todo el mundo puso dinero para sostener sus empresas. Es notable que se mantuvieron el número de productoras o de teatros todos funcionando. Entre la ayuda del Gobierno y la inversión de cada empresa, estos dos años sin trabajo fueron un poco menos duros, aunque la ayuda estatal tardó en llegar.

¿Qué pasa a nivel industria cuando se estaba reactivando todo, y de repente ómicron llega para generar una nueva incertidumbre en medio de las programaciones de los shows?

Yo creo que va a haber un giro en el pensamiento, y eso ya lo estoy viendo en algunos lugares. El pensamiento va a ser: que la gente se contagie. Porque la inmunidad y el final de la pandemia se va a dar cuando esté contagiado el 90% de la población, y todavía falta mucho para eso. Nosotros vamos a tomar todas las precauciones que podamos, ya sea desde el staff hasta el público que asista a nuestros espectáculos. De todos modos, se viene un año complejo, donde hay que cuidarse mucho para poder seguir trabajando. Sin embargo, es curioso que las sociedades que no son afines al barbijo, como lo es Inglaterra no suspenda ningún tipo de show. Ahí se ve que la mentalidad pasa por arriesgarse al contagio para lograr la inmunidad de rebaño.

¿Y si el Gobierno decide suspender las actividades masivas nuevamente?

La idea de infundarle miedo a la población ya fracasó. Los gobiernos deben ponerle foco a la vacunación y aceptar que va a haber un alto nivel de contagio. La meta es que la situación sanitaria no vaya a un desborde.

¿Cómo se resguardan de las contingencias cuando programan una gira o un show?

Desde hace dos años estamos viviendo en un estado de programar y desprogramar increíble. Fuerza Bruta, por ejemplo, tenía una gira para junio de 2020 que ya corrimos seis veces a causa de la pandemia. Así que para poder organizarnos en los shows grandes trabajamos con una previsibilidad de seis meses y con los artistas locales más jóvenes unos tres meses; aunque, en Argentina, con 40 días alcanza para armar algo.

¿En el medio de la pandemia se metió o lo metieron con los NFTs?

Me metieron... (risas). Los chicos tienen otros valores sobre lo tangible o lo intangible. Hace ocho años discutía con mi hijo sobre bitcoin y me era imposible creer que eso pudiera tener valor. Pensaba que era algo más similar a una estafa piramidal... Con NFT me pasó algo similar, hasta que entendí que se puede tener parte de un tema, o de un cuadro, que está registrado, es auténtico y se puede revalorizar. El tema pasa por entender que la propiedad intelectual es de uno, de acuerdo al dinero que puso. Hoy está explotando el negocio de los derechos de autor y en realidad con un NFT se está comprando un derecho de autor. Y depende de lo que se compre, algo se revaloriza o no.

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¿Cómo es la conversación con los artistas sobre la posibilidad de vender sus derechos?

En definitiva el concepto es el mismo. Acercar las propuestas artísticas al público. Nacimos y crecimos haciendo eso. Creo que los artistas grandes van a tardar más en aceptar este tipo de cosas. Son personas que no compartieron sus derechos de autor en años, por qué lo va a hacer ahora, no lo sé... Quizás puedan compartir derechos de otras cosas, poesías, pinturas...

¿Hay lugar para varias empresas ofreciendo este tipo de productos, como ya lo hace Enigma.Art con Babasónicos o Bizarrap?

Facundo y Manuel Migoya (N. del E.: hijos del CEO de Globant Martín Migoya) hicieron un acuerdo con PopArt pero previamente habíamos tenido algunas conversaciones. No descarto que en algún momento estemos trabajando juntos. Puede haber distintas empresas trabajando dentro de un mismo paraguas tranquilamente, porque va a a haber límites más establecidos, marcados, que sean claros para todos los artistas.

Foto: Ozono Producciones.dfd

¿Cuál sería el valor base de un NFT?

Yo creo que va a terminar siendo un costo de inscripción de obra y el de la plataforma. Ahí estaría el valor del cien por ciento de cada obra, después se podrá partir y va a disminuir la inversión que cada persona realice. Al artista el porcentaje que se le daría creo que llegaría a un 70%, aunque todavía no está muy determinado. Después, cuando se venda puede perder espacio de los porcentajes de la obra, por eso inicialmente sale con un alto precio.

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