Bomberos de Eslovaquia trabajan para extinguir un incendio forestal cerca del pueblo de Avgaria, en la isla de Evia, Grecia, el martes 10 de agosto de 2021. Fotógrafo: Konstantinos Tsakalidis/Bloomberg
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Bloomberg Opinión — El debate sobre la transición energética ha estado dominado en gran medida por esta línea de argumentación: La energía verde es necesaria para hacer frente al cambio climático, y los hogares y las empresas se beneficiarán de ella a través de precios más bajos. El sábado, Isabel Schnabel, un influyente miembro del comité ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), articuló otra línea de pensamiento: la transición es necesaria, pero es probable que resulte inflacionaria.

Schnabel, economista alemana, argumentó que la inflación verde es muy real y, no sólo no es transitoria, sino que es probable que empeore. Los bancos centrales tendrán que reaccionar ante la inflación. En su discurso en un panel virtual del BCE durante el fin de semana, dijo: “Mientras que en el pasado los precios de la energía solían bajar con la misma rapidez con la que subían, la necesidad de intensificar la lucha contra el cambio climático puede implicar que los precios de los combustibles fósiles ahora no sólo tendrán que seguir siendo elevados, sino que incluso tendrán que seguir subiendo si queremos cumplir los objetivos del acuerdo climático de París”.

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Los comentarios señalan un replanteamiento entre los responsables de formular políticas sobre la transición energética, ya evidente en la administración Biden, pero que ahora parece extenderse a Europa.

A muchos en la industria energética se les perdonará la schadenfreude (térmio alemán para describir un regodeo, de complacerse maliciosamente con un percance que le ocurre a otra persona): casi se puede oír el “te lo dije” colectivo de Houston. Al fin y al cabo, si se reduce la oferta y no disminuye la demanda, los precios sólo tienen un camino: al alza.

O, como dice Schnabel: “En la actualidad, las energías renovables aún no han demostrado ser lo suficientemente escalables como para satisfacer una demanda en rápido aumento... La combinación de una capacidad insuficente de producción de energías renovables a corto plazo, la contención de las inversiones en combustibles fósiles y el aumento de los precios del carbono significa que corremos el riesgo de enfrentarnos a un periodo de transición posiblemente prolongado durante el cual la factura energética irá en aumento. Los precios del gas son un ejemplo de ello”.

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Sin dudas, Schnabel no sugiere que los gobiernos deban frenar la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, advierte que la transición tendrá consecuencias imprevistas. Hasta ahora, el BCE se había centrado sobre todo en el impacto del cambio climático en la estabilidad financiera, incluido el efecto de los activos de petróleo y gas varados, más que en las consecuencias de la propia transición energética.

El actual repunte de los precios del petróleo, el carbón, el gas natural y la electricidad sugiere que Schnabel tiene razón al ampliar el enfoque. El crudo Brent vuelve a estar por encima de los US$80 el barril, y muchos operadores creen que los US$100 son una cuestión de cuándo y no de si pasará. En Europa, los precios del gas y la electricidad han subido a niveles récord, cotizando a menudo entre cinco y diez veces por encima de sus medias de 2010-2020. Y el carbón también ha subido a un nivel récord.

Pero aún hay más cosas que hacer aparte de las materias primas energéticas. A medida que el mundo avanza hacia la electrificación de todo, desde la calefacción hasta la conducción, las materias primas necesarias para impulsar la transición verde tienen una mayor demanda y, por tanto, se encarecen. Por ejemplo, el litio, un elemento crucial de las baterías de los autos eléctricos: Se ha disparado hasta alcanzar un récord. Lo mismo ocurre con el cobre, necesario en todos los cables eléctricos.

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La inflación verde tendrá consecuencias fiscales y monetarias, afirma Schnabel. Los gobiernos tendrán que apoyar a las familias que se queden atrás cuando los precios de la energía se disparen. No dijo mucho sobre las empresas, pero está claro que si Europa deja que el aumento de los precios del gas y la electricidad continúe sin control, la región perderá sus industrias de alto consumo energético, desde las fundiciones de aluminio hasta los productores de fertilizantes. Es posible que los bancos centrales tengan que abandonar su actitud tradicional de mirar de reojo las subidas de los precios de la energía, porque es probable que la transición suponga, en conjunto, tanto una mayor demanda agregada, mediante inversiones en alternativas ecológicas a los combustibles fósiles, como una mayor inflación.

En este sentido, Schnabel está mucho más cerca de lo que piensan los funcionarios en Washington que en Bruselas y en la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Durante meses, la Comisión Europea ha restado importancia a los riesgos de la transición energética y sólo ve aspectos positivos. Fatih Birol, el director de la AIE, ha hecho prácticamente lo mismo.(1)

Sin embargo, la Casa Blanca ha afinado su mensaje de transición energética en los últimos meses. “Si queremos resolver el cambio climático, tenemos que hacerlo al mismo tiempo que aislamos la economía mundial de las crisis energéticas extremas”, dijo Amos Hochstein, el principal diplomático estadounidense en materia de energía, en octubre. El gobierno de Biden ha pedido a la OPEP+ que aumente la producción, e incluso ha dicho a su industria nacional del petróleo y el gas que es bienvenida una mayor perforación.

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Los comentarios de Schnabel son probablemente un indicio del cambio de actitud en Europa. Los precios récord del gas y la electricidad, junto con una inflación del 5% en la eurozona, probablemente hayan ayudado. Para encontrar soluciones, primero hay que admitir que hay un problema. Por primera vez, el BCE señala que hay un problema. La pelota está ahora en el lado de la Comisión Europea.

  1. Birol afirmó el año pasado que las recientes subidas de los precios del gas natural en el mundo son el resultado de múltiples factores “y es inexacto y engañoso atribuir la responsabilidad a la transición energética limpia”.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Andrea González