Residentes se autoadministran las pruebas de PCR de Covid-19 en un centro de pruebas dirigido por los Centros de Control de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) y eTrueNorth en Washington, D.C., Estados Unidos, el miércoles 5 de enero de 2022.
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Bloomberg — La soledad ha sido uno de los mayores daños de la pandemia, y algunas personas están más afectadas que otras. En general, los que se encuentran en la parte más alta y en la más baja de la escala socioeconómica son los que han tenido más oportunidades de socializar, mientras que los que se encuentran en el medio han sufrido las peores consecuencias.

Empecemos por los que se encuentran en los niveles socioeconómicos más altos. No estoy en el nivel de la élite de los CEO o los jefes de estado. Pero por mi propia experiencia puedo decir que esas personas tienen muchas oportunidades de socializar.

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He asistido a conferencias, por ejemplo, en las que se requiere que todos se sometan a una prueba de Covid-19 cada mañana, bajo la dirección de profesionales capacitados. Este sistema es caro, pero algunos grupos pueden permitírselo. También he asistido a una conferencia celebrada en invierno en Arizona, en un gran y bonito complejo turístico, con la mayoría de las sesiones al aire libre.

A una escala más global, el pasado otoño se celebró en Roma una reunión del G-20. Si bien los detalles completos de esa reunión no son públicos, es muy probable que los estándares para las pruebas, la vacunación y la ventilación fueran estrictos.

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Estas precauciones tienen sentido para los presidentes y primeros ministros. El caso es menos claro en cuanto a inversiones comparables para hacer seguras las reuniones de diplomáticos menores. Y así, mientras los líderes se reúnen y hablan, los de menor rango pueden tener que recurrir a las llamadas por Zoom.

Cuando se trata de la política, el resultado real es una centralización del poder bastante desagradable. Las personas en la cima están construyendo conexiones y manteniéndose bien informadas. Los miembros de la burocracia están más estancados en su comprensión y alcance político. Las élites más altas también tienen la comodidad de los aviones privados, que van a tener menos riesgo de infección que volar en clase ejecutiva o primera clase, por no hablar de la clase turista.

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Al menos hasta la llegada de la variante ómicron, muchas de las élites parecían tener la creencia de que “las personas como nosotros no se contagian de Covid-19”, y hasta cierto punto tenían razón. Así que muchas reuniones se basaban en la simple confianza y en el conocimiento de que los asistentes a la fiesta no venían de trabajar ocho horas en la planta de Costco.

De alguna manera, las élites pueden haberla tenido más fácil reunirse con otras élites. Los CEO, por ejemplo, han tenido muchas menos reuniones cara a cara con sus subordinados. Eso les da más tiempo para hacer otras cosas, como socializar con otras élites o viajar a zonas horarias favorables. Algunas personas ricas han “seguido las estaciones”, pasando el invierno en Florida y el verano en algún lugar más templado. En ambos casos, el mejor clima puede facilitar la socialización.

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¿Qué pasa con aquellos en los niveles socioeconómicos más bajos? Los datos son difíciles de conseguir, y no puedo hablar desde mi propia experiencia. Pero es lógico que muchos simplemente no hayan tenido tiempo de informarse sobre todos los peligros relacionados con el Covid-19, mientras que otros pueden ser activamente hostiles a la opinión de la élite, incluida la evidencia científica disponible. Eso es muy desafortunado, para su salud y para quienes los rodean, pero una consecuencia puede ser que hayan continuado socializando a niveles previos a la pandemia.

Las personas más pobres también tienen muchas más probabilidades de trabajar en puestos de servicio público. En muchos de esos trabajos, como en Walmart o McDonalds, hay compañeros de trabajo con quienes socializar. Hay conversaciones en el lugar de trabajo que un profesor adjunto que enseña de forma remota no experimenta.

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Por supuesto, algunos tipos de socialización son preferibles a otros, y algunos grupos son más privilegiados; un complejo turístico en el desierto es más acogedor que la sala de almacenamiento de una gran tienda. Y aunque la pandemia ha dejado a mucha gente muy sola (muchos de los ancianos en residencias, por ejemplo, han tenido dificultades para mantener y ampliar sus relaciones), no tiene sentido debatir qué grupo es el más solitario. Aun así, podría argumentar cierta simpatía por los norteños con trabajos de nivel medio que trabajan solos o a distancia. Pensemos en los académicos, los contables, los mandos intermedios.

Todos debemos ser conscientes de que no todo el mundo ha podido retomar la vida social normal en la misma medida. En enero de 2022, Estados Unidos sigue siendo una nación emocionalmente dañada.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.