El serbio Novak Djokovic durante una sesión de práctica en Melbourne Park el 14 de enero.
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Bloomberg — Novak Djokovic sabe cómo lograr victorias desde situaciones adversas. Se sabe que con frecuencia toma una larga pausa para ir al baño antes de conseguir la victoria. No fue el caso esta vez.

El domingo, un tribunal federal de Australia confirmó la decisión del gobierno de revocar el visado de Djokovic, poniendo fin a una saga de 10 días en la que ingresó al país con una exención médica de las reglas de vacunación otorgada por el gobierno estatal local, fue detenido por violar las reglas federales de visado y luego liberado después de que un tribunal dictaminara que los guardias fronterizos no habían seguido el procedimiento adecuado.

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Pero si bien perdió su oportunidad de ganar un histórico décimo Abierto de Australia (lo que prácticamente habría sellado su reclamo de ser el mejor en la historia de su deporte), no está claro qué ha ganado el gobierno australiano aquí. De hecho, es posible que haya dificultado las cosas.

El ministro de Inmigración, Alex Hawke, revocó la visa de Djokovic el viernes “por motivos de salud y orden” y dijo que hacerlo era de interés público. “El gobierno de Morrison está firmemente comprometido con la protección de las fronteras de Australia, particularmente en relación con la pandemia de Covid-19″, dijo.

Obviamente, el serbio no vacunado se convirtió en un blanco fácil para un gobierno que busca una victoria en año electoral. Cometió una doble falta incluso antes de poner un pie en el país al no informar sobre un viaje reciente a España en su solicitud de visa australiana y realizar eventos publicitarios después de haber dado positivo por Covid-19.

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Djokovic ha sido durante mucho tiempo la marmite de los tenistas (la pasta untable, popular en Australia). Los aficionados al tenis lo adoran (el juego clínico, el movimiento) o lo detestan (las pausas para ir al baño, los gestos llamativos después de los partidos). Ahora es mucho más controvertido sin haber jugado un partido.

Pero vale la pena preguntarse qué se logra deportando a Djokovic. La idea de que su negativa a vacunarse podría “entusiasmar a los antivacunas” no era seria. La oposición de Djokovic a las vacunas era un asunto de dominio público, por lo que ya es un ejemplo para los se oponen de manera similar. Y la mayoría de los que están en ese campo no necesitan la validación. Además, el jugador seguramente obtendría una respuesta fría, si no hostil, de una audiencia australiana que alguna vez lo apoyó y que, como señaló el primer ministro Scott Morrison, se había sacrificado enormemente para cumplir con las reglas de los confinamientos.

Y lo que es más importante, ¿qué riesgo real para la salud suponía Djokovic? Suponiendo que efectivamente diera positivo el 16 de diciembre, o alrededor de esa fecha, sus niveles de anticuerpos serían presumiblemente comparables a los de alguien vacunado. Los australianos normalmente pueden obtener una exención temporal de hasta seis meses para una infección confirmada por PCR. Se puede esperar que siga otras precauciones, como el uso de mascarilla, durante su estancia. Ya ha pasado un período de cuarentena.

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Las infecciones también aumentan más rápido que las enfermedades graves dfd

En el tribunal de la opinión pública, que el gobierno vigilaba de cerca, Djokovic estaba condenado. Un estudio realizado en noviembre sobre las actitudes respecto a las exigencias de vacunas mostró un fuerte apoyo a que hubiera graves consecuencias para los no vacunados y a que las exenciones estén estrictamente reguladas por razones médicas, no por endebles razones de creencias personales.

Sin embargo, al sugerir que Djokovic representa cierto nivel de amenaza para la salud y el orden, el gobierno corre el riesgo de avivar los mismos temores que necesita reprimir si quiere alejar a las personas de las reglas que ya no tienen sentido y hacer la transición a un conjunto diferente de políticas.

Tales controles fronterizos estrictos sirven de poco una vez que la transmisión está bien establecida. Las tasas de infección en Australia han subido al punto más alto desde que comenzó la pandemia, con un promedio de siete días ahora superior a 108.000 y el número total de casos confirmados de Covid-19 superando los 1,6 millones el sábado. Los hospitales en los estados más afectados, que ya enfrentan el agotamiento del personal y su escasez debido a enfermedades y requisitos de aislamiento, así como un aumento de las admisiones hospitalarias.

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Los estudios han demostrado que las cuarentenas prolongadas en esta fase de la pandemia suponen un gran costo socioeconómico sin ningún beneficio sanitario apreciable. Las autoridades de salud de Nueva Gales del Sur han dicho que más del 90% de los casos allí corresponden a la variante ómicron, más leve, mientras que más de la mitad de los que están en cuidados intensivos en el estado no están vacunados (las tasas de vacunación allí son del 94% para los mayores de 16 años).

Parte de la alarma por el aumento de los casos en Australia ha sido la escasez de pruebas de antígenos. El drama relacionado a Djokovic ha proporcionado una conveniente distracción de la responsabilidad del gobierno ahí. Pero a veces un jugador gana un partido a pesar de un game fallido. Puede que el rival se presente mal preparado, o que una táctica poco ortodoxa lo tome desprevenido. Ambos parecen ser el caso aquí.

El gobierno de Australia habrá sumado algunos puntos al deportar a Djokovic, cuyo enfoque sobre las vacunas y los formularios de visado ofende a muchos en el país. Pero al subirse a la ola de indignación pública, el gobierno ha socavado su propio argumento a favor de un cambio en la estrategia contra la pandemia y no ha podido rectificar los problemas en su propio juego.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.