Una bomba de extracción de petróleo opera mientras otra permanece inactiva en el campo petrolero de Inglewood el 28 de enero de 2022 en Los Ángeles, California.
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En lo alto del Banco de Inglaterra, una veleta que rastrea la dirección del viento se conecta directamente a un dial en la sala de audiencias del majestuoso edificio. En la década de 1800, los directores del banco se reunían allí, y saber en qué dirección soplaba el viento era crucial.

Una brisa del este significaba que los barcos, cargados de productos básicos como el cobre y el trigo, remontaban el Támesis para descargar su carga, lo que afectaba a la demanda de dinero en la City de Londres. Los vientos del oeste significaban lo contrario.

La veleta sigue ahí, pero los bancos centrales han perdido en gran medida su dominio sobre el vínculo entre los mercados de materias primas y la política monetaria. Con el auge de los mercados de materias primas impulsando la inflación más rápida en décadas, eso es un gran problema.

Como resultado, la previsión de la inflación en 2022 se ha convertido más en un arte que en una ciencia. ¿Cuál sería la respuesta del rey saudí a las presiones de Estados Unidos para aumentar la producción de petróleo? ¿Qué hará Vladimir Putin con el suministro de gas de Europa? ¿Cómo reaccionará Pekín a los precios récord del carbón? Quizás eso esté más allá de la experiencia de cualquier banquero central. En su lugar, la mayoría de ellos confían en herramientas poco sofisticadas para incorporar los mercados de materias primas a sus modelos. Lo peor es su uso mecánico de la curva de futuros para la previsión de la inflación.

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La curva de futuros no es una previsión de hacia dónde se dirigen los precios de las materias primas, sino una instantánea de lo que el mercado está dispuesto a pagar hoy por una entrega en el futuro. Esa es una de las razones por las que la Reserva Federal de EE.UU., el Banco Central Europeo y otros se equivocaron con la inflación el año pasado. Asumieron, observando la forma de las curvas de precios, que lo peor del aumento de los precios de las materias primas había quedado atrás. La inflación, por tanto, era “transitoria”. Se equivocan.

Los propios bancos centrales son conscientes de la carencia. En 2012, el Banco de Inglaterra publicó un documento sobre sus problemas para incorporar los precios del petróleo a su modelización de la inflación: “A pesar del vínculo teórico entre la curva de futuros y los precios al contado esperados, la curva de futuros no ha sido una muy buena guía para predecir los futuros precios al contado, fallando en predecir la tendencia al alza de los precios entre 2003 y 2008, así como el colapso y la recuperación de los precios del petróleo desde entonces.” Y, sin embargo, en el mismo estudio, los autores sostienen que el banco debería seguir utilizando la curva de futuros para sus previsiones. ¿Una de las razones? Es más fácil. En la actualidad, el Banco de Inglaterra asume que, durante los primeros seis meses de 2022, los precios de la energía seguirán la curva de futuros, y que después se mantendrán constantes.

En un mercado restringido, como el actual, la forma de la curva de futuros es especialmente engañosa como previsión. Por ejemplo, el petróleo: La curva actual tiene una fuerte pendiente descendente, lo que se denomina “backwardation”. Esa forma significa que los compradores están dispuestos a pagar una prima por barriles escasos para entrega inmediata. Pero la pendiente descendente no significa que los precios del petróleo vayan a caer. Es sólo una indicación de la demanda actual.

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En el mercado del petróleo Brent, la diferencia de precio entre el contrato para entrega en abril de 2022 y el contrato a plazo para diciembre de 2022 es de US$10 por barril. Un banco central puede interpretarlo como una señal de que el crudo Brent bajará de US$95 a US$85 el barril de aquí a final de año, un presagio de una inflación más débil.

Pregunte a cualquier operador de materias primas físicas y le dirá que eso es un error. Si los bancos centrales necesitan una forma mecánica de incorporar los futuros de los precios de las materias primas a su pensamiento, el mercado de opciones ofrece una alternativa mejor: La diferencia de precios entre los contratos de opciones alcistas y bajistas (conocida como el sesgo put-call en la jerga) da una mejor idea de lo que el mercado piensa que es el equilibrio del riesgo de precios. El mercado de opciones ahora mismo está indicando que, en conjunto, los precios pueden ser más altos en el futuro, no más bajos.

Lo que nos lleva de nuevo a la cuestión de pericia.

Los principales bancos centrales cuentan con legiones de economistas que se han perfeccionado en una época de políticas no convencionales: tasas de interés negativas y flexibilización cuantitativa.

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El enfoque de la modelización de la inflación en este siglo se ha centrado en los precios excluyendo los alimentos y la energía, eliminando los elementos volátiles de la economía. Eso es precisamente lo contrario de lo que necesitamos ahora. La modelización matemática de la última teoría económica puede tener su utilidad, pero la simple demanda de materias primas que supera la oferta no necesita un ancho de banda adicional, sino ojos y oídos experimentados sobre el terreno.

Los banqueros centrales necesitan información sobre los mercados de materias primas. Fuera de la Reserva Federal de EE.UU., que cuenta con una red en las industrias del petróleo y la agricultura gracias a sus bancos regionales en Kansas City y Dallas, pocos otros bancos centrales saben mucho sobre lo que realmente ocurre en los mercados de la energía, los metales y la agricultura. Si quieren acertar con la inflación en 2022, los bancos centrales deberían abandonar sus complejos modelos matemáticos y preguntar a las compañías petroleras, los mineros y los agricultores qué está pasando. Es probable que se sorprendan.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.