Tropas patrullan en Donetsk, Ucrania, controlado por Rusia, el 11 de marzo.Fuente:Agencia Anadolu/Getty Images
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Bloomberg Opinión — En noviembre de 1939, poco después de que la Alemania de Hitler invadiera Polonia, otro enorme país europeo también atacó a un vecino más pequeño: Rusia invadió Finlandia. Después de una feroz lucha durante un invierno largo y amargo, la guerra terminó con el Tratado de Paz de Moscú, en el que las concesiones finlandesas quedaron muy por debajo de lo que esperaba Stalin al lanzar su invasión.

A pesar de ser superados en armas y en cantidad de fuerzas armadas por el ejército soviético, los finlandeses pudieron luchar en gran medida contra los rusos hasta una situación de estancamiento en lo que ellos llaman la Guerra de Invierno. El escenario era inquietantemente similar a la situación que se desarrolla hoy en Ucrania, donde la Rusia del presidente Vladimir Putin se enfrenta a una feroz resistencia de los ucranianos.

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Hace más de una década, cuando visité Helsinki como comandante supremo aliado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el primer lugar al que me llevaron los finlandeses fue a su Museo de la Guerra de Invierno. Pasamos dos horas allí y me fascinó la valentía representada en los dioramas, exhibiciones, mapas y fotografías de la guerra. Atesoro un regalo que me dieron los finlandeses de un mapa que muestra la ubicación de las tropas y los nombres y rostros de los generales finlandeses alrededor de la frontera.

Los finlandeses estaban superados en número aproximadamente en una proporción de dos a uno en términos de soldados entrenados, pero las diferencias más asombrosas estaban en los inventarios de tanques y aviones de combate. Los finlandeses tenían solo unas pocas docenas de cada uno, mientras que los soviéticos tenían alrededor de 5.000 tanques y 4.000 aviones. Sin embargo, al final del conflicto, los finlandeses habían infligido cinco veces más muertos en acción al ejército soviético.

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Si bien las ventajas soviéticas en el aire y con operaciones mecanizadas finalmente superaron gran parte de la resistencia finlandesa, la naturaleza decidida de los defensores y la amenaza de una insurgencia en curso contribuyeron mucho a dar forma a la paz. A pesar de los objetivos anteriores a la guerra de conquistar todo el país e instalar un régimen títere, los soviéticos finalmente se conformaron con una pequeña porción del territorio de Finlandia (alrededor del 10%) y una promesa de neutralidad finlandesa.

¿Qué podemos aprender de la Guerra Ruso-Finlandesa para informar nuestro abordaje sobre los eventos en Ucrania hoy?

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En primer (y más importante) lugar, debemos apreciar que una fuerza militar determinada que lucha en terreno loca puede enfrentar obstáculos abrumadores y lograr el éxito en el campo de batalla. Los finlandeses tienen un amplio y feroz sentido de la independencia, al igual que los ucranianos, a pesar de las demandas rusas en ambas guerras. Conozco de primera mano la alta calidad de las fuerzas armadas de ambas naciones, que se desplegaron bajo mi mando en Afganistán y en otras misiones de la OTAN.

Cuando los soldados luchan para proteger a sus hijos, padres y cónyuges, y la independencia de su nación, tienen una ventaja moral significativa sobre los reclutas y los reservistas. Esto fue cierto para los finlandeses y sigue siendo un factor importante en la guerra de Ucrania.

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Un segundo tema que se aplica en ambos casos es la importancia de la asistencia externa. Voluntarios de todo el mundo libre se dirigieron a Finlandia para luchar en la Guerra de Invierno, en particular de la vecina Suecia. Los finlandeses también recibieron equipo de combate y asistencia diplomática de muchas naciones. La Liga de las Naciones condenó la invasión soviética de Finlandia, al igual que las Naciones Unidas han censurado las acciones de Rusia.

El aumento de la asistencia exterior sigue siendo crucial para los ucranianos, y EE.UU. y sus aliados deberían intensificar el nivel de sanciones contra Rusia y suministrar incluso más armas de las previstas en el nuevo paquete de US$800 millones del presidente Joe Biden. Javelin (misil antitanque norteamericano) adicionales y otros misiles antiblindaje, Stingers (sistema de defensa aéreo portátil) y armas similares para la guerra antiaérea, drones Switchblade, ametralladoras, municiones y granadas propulsadas por cohetes son cruciales. Ucrania está desesperada por un sistema de defensa aérea de largo alcance, como el S-300 de fabricación soviética que Eslovaquia se ha ofrecido a enviar a Kiev. La propuesta de transferir aviones de combate MiG-29 de Polonia, que EE.UU. anuló el 9 de marzo, debería revivir.

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Finalmente, las democracias occidentales deben pensar en cómo terminará la guerra. Si bien el resultado ideal sería una derrota total de Putin y una retirada humillante de todas sus fuerzas de Ucrania, eso parece poco probable, especialmente dado el arsenal nuclear con el que Rusia puede chantajear al mundo.

Aquí, la lección de la guerra ruso-finlandesa es que puede ser necesario hacer concesiones a nivel diplomático. Es posible que Ucrania tenga que proporcionar una garantía de neutralidad y aceptar ceder parte del territorio que ya está de facto en manos de Rusia: Crimea y la región del Donbas en el este.

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A cambio, el gobierno del presidente Volodymyr Zelenskiy recibiría garantías de seguridad, quizás de EE.UU. y el Reino Unido, basándose en el Memorando de Budapest que Ucrania firmó en 1994 cuando renunció a sus armas nucleares después de la caída de la Unión Soviética (un documento que ahora ha resultado inútil frente a la agresión rusa).

En cierto sentido, a todos les desagradará tal resultado. Al igual que los soviéticos en Finlandia, Putin se sentirá frustrado porque no pudo conquistar y anexar todo el país. Los ucranianos estarán descontentos con la pérdida de su territorio, como lo estaban los finlandeses. A EE.UU. y sus aliados no les gustará eliminar las sanciones contra Putin a pesar de sus evidentes crímenes de guerra (aunque puede suavizarse en parte si eso calma la economía global).

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Pero ese resultado detendría la lucha, llevaría a los refugiados ucranianos a casa y permitiría que la nación continúe como un estado soberano aunque neutral. A veces, la neutralidad tiene ventajas: Finlandia pudo servir como lugar de negociación de los Acuerdos de Helsinki de 1975, que, entre otras cosas, garantizaba nuevas protecciones de los derechos humanos para los ciudadanos soviéticos.

Aunque hay diferencias obvias, las lecciones de la Guerra Ruso-Finlandesa brindan lecciones importantes cuando consideramos cómo concluir un capítulo terrible en la historia europea. Las claves no serán solo la continua resistencia enérgica de los ucranianos y más ayuda externa, sino también la voluntad de compromiso de todas las partes.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Miriam Salazar