Opinión - Bloomberg

Primero hay que ayudar a Ucrania a sobrevivir; vencer a Putin viene después

El escudo de armas y la bandera nacional de Ucrania se proyectan en un edificio durante un "Día de la Unidad" en Kiev, Ucrania, el miércoles 16 de febrero de 2022.
Por Clive Crook
29 de marzo, 2022 | 07:42 AM
Tiempo de lectura: 4 minutos

¿Qué deberían intentar lograr Estados Unidos y Europa en Ucrania? Está bastante claro lo que les gustaría que sucediera. Les gustaría que Ucrania aplastara a las fuerzas de Rusia, que las sanciones de Occidente paralizaran la economía de Rusia y que Vladimir Putin fracasara de manera tan obvia y total que fuera expulsado del poder.

La idea de que Ucrania puede derrotar al ejército de Putin es mucho más plausible que hace tres semanas. Aun así, dado el enorme desequilibrio de los recursos militares y la crueldad demostrada de Putin, sigue siendo poco probable. Esperar una victoria ucraniana en esta guerra es una cosa; apuntar a ello sin importar las consecuencias es otra muy distinta.

La resistencia de Ucrania ha sido notablemente valiente y hábil. La incompetencia del ejército ruso ha sido casi igual de sorprendente. Los combatientes de Ucrania, al parecer, podrían ser capaces no solo de bloquear los avances de Rusia, sino también de revertirlos. Todo lo que necesitan, se argumenta, es más y mejores armas, junto con sanciones cada vez más fuertes contra el régimen de Putin.

Sin embargo, tenga en cuenta que esta es una apuesta sobre la capacidad de moderación de Putin y las probabilidades no son favorables. Obligado a elegir entre una derrota abierta y una mayor escalada, el historial sugiere que elegirá lo último. La muerte de inocentes no le preocupa, como deja claro su conducta en Ucrania (y Siria y Chechenia). Tiene los medios para escalar, no solo con el bombardeo convencional de las ciudades de Ucrania, sino también con armas químicas y nucleares. Si siente que no tiene nada que perder, entonces apostar por la resurrección, incluso a riesgo de destruir todo a su alrededor, podría ser su salida elegida.

PUBLICIDAD

Es posible que la escalada no conduzca hasta la guerra nuclear, algo más imaginable ahora de lo que ha sido durante décadas, pero ciertamente significaría más muerte y destrucción en Ucrania. Esto hace que apuntar a la derrota total de Putin sea muy peligroso. El objetivo inmediato debería ser detener el conflicto al permitirle a Putin algo que él pueda llamar éxito. Castigarlo y luego derrotarlo es vital, pero ese debería ser un proyecto a más largo plazo y mejor es no seguir teniendo más cadáveres en Ucrania.

El hecho de que en la guerra le esta yendo mal a Putin hace posible un alto el fuego y un acuerdo temporal. Los componentes principales podrían ser los siguientes. El gobierno de Zelenskiy permanece en su lugar. Ucrania acuerda con la OTAN que no se unirá a la alianza atlántica (Zelenskiy ha dicho que está dispuesto a aceptar eso). Rusia se retira del norte, pero sus ganancias en el este y el sur de Ucrania están congeladas y su estado se determinará a su debido tiempo. Una conferencia de seguridad de la OTAN, Ucrania y Rusia elaboran garantías de la independencia y soberanía de Ucrania. Occidente comienza a revertir sus sanciones.

Todos estos componentes implican complicaciones, pero algo en este sentido parece factible. Sería una paz frágil e injusta, como lo son muchos de estos acuerdos, y mucho menos que una “victoria” para Ucrania. Putin podría llamarlo reivindicación, que es precisamente por lo que podría optar por ello. Pero, a corto plazo, dejaría a Occidente y (especialmente) a Ucrania en mejores condiciones de lo que estarían bajo la alternativa más plausible: una mayor escalada. Los aliados deberían estar trabajando hacia este objetivo a corto plazo.

PUBLICIDAD

Más allá del corto plazo, el cálculo cambia. Incluso si se le permite a Putin negarlo, ha sido humillado por la resistencia de Ucrania y el pobre desempeño de su ejército, y esto servirá como un control de sus acciones futuras. No obstante, la adaptación necesaria para detener la guerra debilitaría a la OTAN si no ocurriese más nada. Occidente se habría estremecido bajo presión. (De hecho, ya lo ha hecho al no brindar apoyo militar directo. Para evitar un daño mayor, creía que no tenía otra opción). Mirando hacia el futuro, reconocer este revés y reparar el daño exigiría un replanteamiento fundamental del enfoque de los aliados hacia Rusia.

Volver a que las cosas sean como antes debería estar fuera de la mesa mientras Putin o alguien como él esté a cargo, e independientemente de si se mantiene una paz temporal en Ucrania. Los aliados deben fortalecer a sus miembros orientales, no en voz alta para enfatizar un punto, sino con determinación, como si una guerra más amplia pudiera realmente ocurrir, y de hecho podría ocurrir. (El jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg , anunció el despliegue de nuevos grupos de batalla en Bulgaria, Hungría, Rumania y Eslovaquia la semana pasada, al menos un comienzo). El gasto y la planificación de la defensa deben reexaminarse exhaustivamente bajo esta devastadora nueva luz.

Depender de Rusia para la energía o cualquier otra cosa debería estar fuera de discusión (nuevamente, EE.UU. y Europa han dado un pequeño primer paso al aumentar los suministros estadounidenses de gas, pero hay mucho más por hacer). La eliminación de algunas sanciones sería parte del acuerdo a corto plazo, pero no con miras a restaurar eventualmente relaciones comerciales normales. La política a más largo plazo debería ser la Segunda Guerra Fría, sin más ilusiones acerca de involucrar a la Rusia de Putin en una asociación amistosa de cualquier tipo.

Saldar cuentas y contener la criminalidad de Putin es trabajo de muchos años. A partir de aquí, dados los errores ya cometidos y la reticencia de los aliados a ampliar el conflicto, la victoria de Ucrania es una ambición temeraria. Es mejor ayudar a Putin a dar un paso atrás y luego con el tiempo, hacer que se arrepienta.

PUBLICIDAD

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Miriam Salazar