El edificio de la Reserva Federal Marriner S. Eccles en Washington, D.C., Estados Unidos, el domingo 10 de abril de 2022.  Fotógrafo: Tom Brenner/Bloomberg
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Bloomberg Opinión — En una columna reciente, expuse el argumento de que los esfuerzos de la Reserva Federal por controlar la inflación se traducirán inevitablemente en un fuerte aterrizaje para la economía. Pero eso deja una importante pregunta sin respuesta: ¿Cuándo se producirá la recesión?

Mi mejor conjetura: probablemente no este año, sino más bien en 2023 o 2024. Y cuanto más tarde llegue la recesión, peor será.

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¿Por qué no habrá recesión este año? En primer lugar, la economía tiene un impulso considerable. Las amplias contrataciones y los aumentos salariales están impulsando los ingresos nominales. Las finanzas de los hogares están en excelente forma: El servicio de la deuda está en un mínimo histórico en relación con los ingresos, y los pagos gubernamentales relacionados con la pandemia han reforzado los ahorros. Razón de más para que los consumidores sigan gastando. Y en sectores como la vivienda y los vehículos de motor, la demanda sigue siendo superior a la oferta, que tiene mucho terreno que recuperar. El déficit acumulado de producción de vehículos de motor en relación con la demanda, por ejemplo, es de varios millones de vehículos. Por lo tanto, aunque la demanda se tambalee un poco, la producción aumentará a medida que las limitaciones de la cadena de suministro se reduzcan.

Además, la política monetaria y las condiciones financieras siguen siendo muy acomodaticias. Es poco probable que la tasa de interés de los fondos federales alcance lo que los funcionarios consideran un nivel neutro (alrededor del 2,5%) hasta finales de este año, dado el retraso de la Fed y el punto de partida cercano a cero. Además, si la inflación de los precios sigue siendo alta y la de los salarios continúa subiendo, la tasa neutral será mucho más alta que el 2,5%, lo que dejará a la Reserva Federal con mucho más trabajo por hacer.

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Entonces, si no es este año, ¿cuándo? Eso dependerá de cómo responda la Fed a la evolución de la economía. Consideremos, por ejemplo, la posibilidad real de que las lecturas de la inflación interanual disminuyan rápidamente desde el máximo del 8,5% que alcanzaron en marzo, a medida que los precios del petróleo, la gasolina y los autos vuelvan a bajar, las cadenas de suministro se desenreden y la demanda vuelva a ser de servicios y no de bienes. ¿Serán estas buenas noticias suficientes para evitar que la Fed endurezca su política monetaria?

Este retraso tendría probablemente dos consecuencias principales. En primer lugar, el riesgo de recesión a corto plazo disminuiría. En segundo lugar, el mercado laboral seguiría estando muy ajustado y esto impediría que la inflación volviera a ubicarse cerca del objetivo del 2% de la Fed. La inflación subyacente seguiría aumentando, impulsada por el aumento de los salarios y las expectativas de una inflación más persistente. En última instancia, la Reserva Federal tendría que intervenir con una política monetaria aún más estricta que la contemplada inicialmente, precipitando una recesión más profunda.

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Esto es lo que ocurrió a finales de la década de 1960 y en la de 1970. La inflación no se atajó con fuerza desde el principio, por lo que siguió subiendo. Finalmente, el entonces presidente de la Fed, Paul Volcker, tuvo que forzar una grave recesión para volver a controlar la inflación.

La elección de la Fed es clara. Si actúa antes, con las expectativas de inflación todavía bien ancladas, el costo en términos de producción perdida y de mayor desempleo debería ser relativamente modesto. Si espera y deja que las expectativas de inflación se desborden, la factura será mucho más alta.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Andrea González