Las casas de bolsa y los bancos tienen desde hace tiempo la obligación de cumplir con normas amplias y bien definidas sobre el almacenamiento y la conservación de las comunicaciones de los empleados

Wall Street se ha visto sacudido por escándalos de uso de información privilegiada a lo largo de los años, y esto puede dar lugar (o no) a titulares.
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Bloomberg Opinión — Los chismes y la información privilegiada valen mucho más en Wall Street que en casi cualquier otro lugar. Puede hacer a la gente inimaginablemente rica. Por eso, una amplia investigación federal sobre el uso por parte de los bancos de aplicaciones de mensajería privada como WhatsApp está desconcertando a ejecutivos, administradores y operadores a los que se les ha ido un poco la pinza.

Por supuesto, la investigación de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por su sigla en inglés) puede ser simplemente rutinaria: un recordatorio de que los banqueros y los operadores no deben utilizar canales no autorizados para intercambiar información entre ellos o con los clientes. Y, por supuesto, también están en juego muchas preocupaciones legítimas sobre la privacidad. ¿Quién quiere selfies desnudos, charlas sobre el tema en el bar o información confidencial de los clientes en manos de los reguladores?

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Pero el verdadero desastre potencial para Wall Street es que esto sea la punta de lanza de una agresiva investigación sobre el uso de información privilegiada. Bloomberg News ha informado de que la investigación ya se ha centrado en “100 teléfonos móviles personales que llevan los principales operadores y negociadores”. La SEC también ha enviado a las empresas listas de docenas de puestos clave (incluidos los que supervisan los equipos de banca de inversión y las mesas de negociación) que están sujetos a su revisión.

¿Quién sabe lo que puede aparecer? Wall Street se ha visto sacudido por escándalos de uso de información privilegiada a lo largo de los años, y esto puede dar lugar (o no) a titulares. Aunque las investigaciones más perjudiciales, como la de Drexel Burnham Lambert hace décadas, han sido objeto de reformas, algunos de los implicados en las investigaciones sobre el uso de información privilegiada han conseguido recuperarse. Basta con preguntar a Michael Milken.

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Sin embargo, las consecuencias pueden ser graves. Milken fue a la cárcel. Mathew Martoma, un operador de SAC Capital Advisors, fue declarado culpable en 2014 de tráfico de información privilegiada que generó US$276 millones en beneficios para su empleador en solo un año. Recibió una condena de nueve años de prisión.

Sin embargo, las probabilidades suelen estar a favor de Wall Street la mayor parte del tiempo. Tiene más recursos y bolsillos que la SEC y, por lo general, puede superar a los reguladores. Y como se puede obtener tanto lucro, y como cada nueva generación de operadores tiene que aprender las lecciones de sus antepasados, la mala conducta y los delitos están casi garantizados. La SEC funciona realmente sólo como un parche, no como una cura. Pero mientras Elon Musk sigue masticando las regulaciones y la ley (al tiempo que ignora sus obligaciones contractuales) en su persecución de Twitter Inc. (TWTR) vale la pena recordar que las leyes y las instituciones importan.

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Bancos como Citigroup Inc. (C), Credit Suisse Group AG (CSN), Goldman Sachs Group Inc. (GS), HSBC Holdings Plc. (HBC) y Morgan Stanley (MS) habrían respondido a las solicitudes de dispositivos e información de la SEC como parte de su investigación sobre WhatsApp. Ninguno de ellos ha sido acusado de cometer infracciones. Sin embargo, deben ser conscientes de que, como mínimo, podrían recibir fuertes multas. Los reguladores impusieron una multa de US$200 millones a JPMorgan Chase & Co. (JPM) en diciembre, después de descubrir que la cúpula del banco había ignorado las normas de comunicación entre 2015 y 2020 al permitir a sus empleados gestionar asuntos de la empresa en WhatsApp y en cuentas de correo electrónico personales.

En el caso de JPMorgan, unos 21.000 mensajes de negocios transitaron por canales de comunicación personales en un periodo de unos dos años. Un solo directivo envió 2.400 mensajes de texto a colegas, personas ajenas a la empresa y clientes en un año. ¿Significa eso que había algo nefasto en marcha? No necesariamente. ¿Este tipo de cosas eran difíciles de evitar durante los cierres de Covid-19? Claro. ¿Tenía sentido hacerlo de todos modos? No.

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La SEC “Revisa en más de 100 teléfonos de operadores y banqueros” es como un titular de Bloomberg News describió la investigación de WhatsApp. Pero esto no es “husmear”. Es la SEC haciendo su trabajo porque Wall Street no lo hace. Las casas de bolsa y los bancos tienen desde hace tiempo la obligación de cumplir con normas amplias y bien definidas sobre el almacenamiento y la conservación de las comunicaciones de los empleados. Esas normas se han actualizado periódicamente para la era digital y se aplican a los correos electrónicos, los textos y los chats de grupo.

Las empresas tienen que cumplir muchas normas y requisitos absurdos, e incluso los que tienen sentido pueden ser onerosos. Pero las razones por las que existen las normas de la SEC en torno a la comunicación no son complejas. Ayudan a evitar las trampas. Protegen a los inversores, a las empresas y a las confidencias. Evitan el escándalo y preservan la reputación. Tienen sentido.

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Sería más fácil para todos los implicados si Wall Street se limitara a seguir las normas y no hiciera tonterías. Es decir, ¿cuánto dinero se necesita realmente?

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.