Cuando le preguntaron al presidente Joe Biden si una recesión en EE.UU. era inevitable, respondió: “No”.
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Bloomberg Opión — ¿La inflación (o los esfuerzos para controlarla) conducirán a una recesión en Estados Unidos? Cuando surgen tales temores, las personas comienzan a prestar mucha atención a las solicitudes semanales de seguro de desempleo, como un indicador temprano de los despidos que podrían augurar una caída más amplia.

Deben tener cuidado. Las solicitudes de seguro de desempleo son un indicador defectuoso que puede estar particularmente sesgado por la pandemia.

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Los subsidios de desempleo sólo se conceden a quienes cumplen ciertos criterios: Deben estar desempleados por causas ajenas a su voluntad, tener un historial laboral suficiente y estar dispuestos a trabajar. En los últimos 70 años, la proporción de desempleados que realmente reciben pagos ha disminuido de aproximadamente la mitad a un tercio, incluso cuando la proporción de desempleados que pierden el trabajo (en contraposición a los que lo dejan) ha aumentado.

¿A qué se debe este descenso? A diferencia de la Seguridad Social, gestionada por el gobierno federal, el seguro de desempleo se administra a nivel estatal. Para garantizar fondos adecuados, los estados deben imponer un impuesto que no gusta a las empresas, en parte porque aumenta con el número de exempleados que presentan solicitudes con éxito. Reacios a subir los impuestos, los funcionarios suelen optar por reducir las prestaciones y limitar el acceso. Antes de la pandemia, la mayoría de los trabajadores desempleados ni siquiera se molestaban en solicitarlas.

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Todo cambió cuando llegó el Covid-19, que dejó sin trabajo a 22 millones de personas. El Congreso (que había hecho dos intentos fallidos de reforma a lo largo de los años) aprobó rápidamente la Ley Cares, ampliando la elegibilidad y añadiendo US$600 a los pagos semanales. El año 2020 fue como una gran campaña de concienciación del seguro de desempleo. Un número sin precedentes de trabajadores despedidos y sin empleo solicitaron las prestaciones.

La pregunta ahora es: ¿Cómo afectará esa experiencia a la probabilidad de que la gente solicite prestaciones en cualquier nueva recesión? Si conocen a personas que solicitaron la prestación con éxito en 2020, tal vez sean más propensos a intentarlo, de modo que un aumento de los despidos generará más solicitudes de las que los economistas están acostumbrados a ver. O tal vez les desanime el recuerdo de las largas filas, las llamadas telefónicas inútiles, los sistemas informáticos colapsados, las interminables apelaciones, los errores de cálculo y la constante incertidumbre sobre la cuantía y la duración de las prestaciones, en cuyo caso las solicitudes serán escasas. O tal vez vuelvan a los hábitos anteriores a la pandemia y asuman que no tendrán derecho a las prestaciones. ¿Cuántos trabajadores, por ejemplo, pueden esperar que se cumpla el requisito de ingresos mínimos, que es diferente en cada estado?

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Por lo tanto, no hay que dar demasiada importancia a los datos de las solicitudes de desempleo semanales. Lo que indican depende en gran medida de cómo afectó la pandemia a la psicología de los trabajadores. Su único mensaje consistente es que se ha permitido que el programa se erosione demasiado con el tiempo.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.