Opinión - Bloomberg

El cambio climático también representa un problema militar para EE.UU.

Para hacer frente no sólo a la apertura del Ártico, sino también a la subida del nivel del mar, a los fenómenos meteorológicos violentos y a las crisis humanitarias provocadas por la sequía, el Departamento de Defensa necesita un grupo de expertos en medio ambiente.
Por James Stavridis
09 de junio, 2022 | 07:38 AM
Tiempo de lectura: 4 minutos

Bloomberg — El Ejército de Estados Unidos tiene bastante en su plato en este momento: una guerra feroz en Ucrania y las tensiones con China sobre cuestiones que van desde los derechos humanos hasta la soberanía sobre el Mar de China Meridional. Pero no puede retrasar la adopción de medidas para hacer frente al cambio climático, la amenaza estratégica más duradera a la que se enfrenta el mundo.

Cuando era un joven oficial de la marina, daba por sentados los numerosos y hermosos puertos de origen en los que estaba atracada nuestra flota. Ahora, el aumento del nivel del mar amenaza a muchos de ellos. Tanto Norfolk, Virginia, la mayor base naval del mundo, como Mayport, Florida, podrían perder buena parte de sus atracaderos para mediados de siglo. El cambio climático pone en peligro nuestra red de bases estratégicas.

También aumenta la demanda de recursos navales que ya son escasos, al traer consigo tormentas más impredecibles y altamente destructivas. Como comandante de la Armada, he participado en muchos esfuerzos de ayuda humanitaria en respuesta a desastres naturales, incluyendo huracanes masivos en el sureste de EE.UU. y el Caribe, incendios forestales en el oeste de Estados Unidos, tsunamis en el Pacífico y tormentas en América Central. Estas catástrofes ocurren de manera cada vez más frecuente.

Al mismo tiempo, el cambio climático plantea un nuevo reto para la seguridad del país al ampliar la geografía oceánica. El Ártico se ha mantenido congelado durante la mayor parte del año a lo largo de la historia. Ahora, el hielo se está rompiendo, las rutas de navegación se están abriendo durante gran parte del año y los ricos yacimientos de hidrocarburos son cada vez más accesibles. Así, el Ártico se está convirtiendo en un escenario más amplio de la competencia de grandes potencias: Rusia y los países de la OTAN, incluidos EE.UU., Canadá, Dinamarca, Islandia y Noruega, y pronto quizás Suecia y Finlandia.

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El cambio climático también aumenta las tensiones entre el mundo desarrollado y los países en desarrollo de América Latina, África y el sur de Asia, al crear condiciones de sequía en sociedades agrarias que ya están en situaciones frágiles.

“El cambio climático es una de las fuerzas más desestabilizadoras de nuestro tiempo, exacerba otros problemas de seguridad nacional y plantea serios desafíos de preparación”, dijo el secretario de la Armada, Carlos Del Toro. Tanto la Armada como el Ejército han publicado recientemente exhaustivos libros blancos sobre el tema, en los que se exponen los problemas que se avecinan.

Sin embargo, lo que más se necesita son ideas concretas para resolverlos.

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En primer lugar, el Departamento de Defensa debe reducir su propia huella de carbono. Tiene que pasar de los combustibles fósiles a fuentes de energía renovables para las operaciones diarias de transporte; endurecer sus instalaciones, especialmente las costeras, para que resistan las tormentas violentas, la erosión y la subida del nivel del mar; y aumentar el uso de productos reciclados al tiempo que se reduce el uso de plásticos. Al ser la mayor organización global del mundo, estas medidas por sí solas tendrían un impacto medible en la reducción de las emisiones.

Un segundo y urgente paso es aplicar la considerable capacidad de investigación y desarrollo del Departamento de Defensa a los retos climáticos. Para gestionar sus nuevas responsabilidades en el Ártico, por ejemplo, el Pentágono debe desarrollar buques marítimos reforzados (cruceros y destructores, por ejemplo) capaces de realizar operaciones de vigilancia y combate en el Norte; entrenar a las fuerzas terrestres y aéreas para las duras condiciones del litoral ártico; considerar un aumento significativo de los buques rompehielos, algunos de ellos de propulsión nuclear; y establecer sistemas logísticos adecuados para la región.

Para hacer frente no sólo a la situación del Ártico, sino también a la subida del nivel del mar, los fenómenos meteorológicos violentos y a las crisis humanitarias provocadas por la sequía, el Departamento de Defensa necesita un grupo de expertos en medio ambiente que genere ideas para cosas como nuevos sistemas militares de energía nuclear, materiales resistentes a las tormentas, viviendas de construcción rápida y reservas de alimentos fácilmente transportables. Todo ello debería estar diseñado para ser trasladado a nivel mundial a través de la capacidad militar aérea y naval.

El sistema de seguridad nacional de EE.UU. también debe cultivar una mayor cooperación internacional sobre los desafíos climáticos. Los guardacostas de EE.UU. están especialmente bien posicionados para interactuar con otras armadas en la aplicación de la legislación pesquera, el control de la contaminación y las actividades de vertido, y la eliminación de plásticos.

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El Departamento de Defensa también debería colaborar con otros organismos estadounidenses, incluido el Departamento de Seguridad Nacional (que contiene a los guardacostas) en la respuesta a las catástrofes naturales nacionales e internacionales. Los Departamentos de Estado y Comercio y la Agencia de Protección Medioambiental cuentan con sólidos programas medioambientales que podrían sincronizarse con los esfuerzos del Departamento de Defensa. Existe un grupo de trabajo interinstitucional conjunto para la lucha contra los estupefacientes. ¿Por qué no crear uno para trabajar colectivamente en los retos relacionados con el clima?

Mientras los gobiernos y las empresas privadas dedican más energía y atención a la protección del clima, la seguridad nacional de EE.UU. debe enfrentarse también a la que puede ser la amenaza del siglo.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.