Una figura de juguete junto a una maqueta de la producción de galletas en el parque Shiroi Koibito, operado por Ishiya Co., en Sapporo, Japón, el miércoles 19 de agosto de 2020.
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Bloomberg Opinión — Los turistas están regresando a Japón, pero si en el pasado conducían Mario Karts por las principales calles de Tokio, ahora se les solicita que se sienten en grupos que mantienen distancia de los lugareños en los restaurantes, y que mantengan las mascarillas puestas mientras comen.

Para aquellos ansiosos por regresar a Japón, el primer paso del país hacia la reapertura en forma de grupos turísticos acompañados que comenzó el viernes ha sido objeto de muchas burlas. Usuarios de las redes sociales han comparado las visitas con las aquellas guiadas de Corea del Norte.

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Pero relájese: este no es el futuro del turismo en el que a menudo ocupa el puesto más alto de los rankings de lugares que la gente más desea visitar. Para una nación que ya era bastante escéptica sobre los atractivos del turismo antes del Covid-19, una reapertura mesurada es el enfoque correcto.

El éxito de Japón en la gestión de la pandemia ha generado cautela tanto entre los responsables de formular políticas como el público, lo cual es comprensible considerando que el país ha registrado tan pocas muertes per cápita como el modelo a seguir de la pandemia, Nueva Zelanda, sin recurrir a los confinamientos. Algunos podrían pensar que Tokio se quedó atrás, que sigue viviendo en la era de la pandemia mientras otros países con políticas más laxas han derrotado al virus: si eso es cierto, sólo ha sido a través de un sacrificio masivo que Japón y su población de elevada edad no tolerará.

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Tokio se muestra escéptico ante la posibilidad de que los turistas extranjeros sigan los comportamientos sociales informales, como el uso de mascarillas casi omnipresente, que, según sus expertos, han mantenido bajas las muertes. Parte del recelo hacia los extranjeros es un resabio del frenesí mediático del año pasado ante la perspectiva de que la gente entrara en el país para los Juegos Olímpicos. No hay que olvidar el papel de los medios de comunicación nacionales: Si Japón adoptara un enfoque de “dejarse llevar” a la hora de abrir las fronteras, la presión sería indudablemente intensa, y el potencial retroceso más perjudicial para el turismo a largo plazo. Cada visitante que provocara un brote sería noticia; una sola infección en un grupo de prueba a principios de este mes fue objeto de titulares nacionales.

De hecho, muchos en Japón también ven la oportunidad de rever la relación del país con el turismo, que llegó al país de forma repentina y no siempre fue del todo bien recibido. La gente de Tokio se cansó hace tiempo de los coches de Mario Kart, y las calles están mejor sin ellos.

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En Kioto, la meca del turismo en el país, muchos se sienten aliviados de que los templos y las calles ya no estén atestados de extranjeros. El periódico local ha pedido recientemente a la ciudad que no vuelva al exceso de turismo del pasado y desarrolle un nuevo estilo que también sea tolerable para los locales.

Es comprensible que la mayoría de la gente no esté tan desesperada por ir a Japón como para anotarse a una visita guiada. La comunidad empresarial nacional e internacional del país se unió el viernes para instar al gobierno a una mayor apertura, incluyendo la “rápida reanudación” de los viajes turísticos individuales y la equiparación de los procedimientos de entrada a Japón con los de otras naciones del G-7.

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Con el mayor grupo de presión empresarial de Japón entre los que apoyan la petición, el Primer Ministro Fumio Kishida tiene que buscar el equilibrio. Las peticiones son comprensibles, pero el hecho de no ser lo suficientemente cauto con respecto a la pandemia derribó a su predecesor, Yoshihide Suga, que nunca se recuperó de las sugerencias de que una subvención al turismo nacional provocó el resurgimiento del virus.

Kishida ya ha sugerido que Japón relajará aún más sus fronteras y que lo hará por etapas. A él le corresponde liderar el camino. Pero antes de atender a los viajeros internacionales, Japón debe convencer al público de que sea un poco menos cauto: La actividad en los distritos de ocio nocturno de Tokio sigue estando casi 40% por debajo de los niveles de 2019, según una estimación. A los aficionados en eventos deportivos, como un reciente partido de fútbol contra la selección de Brasil, se les sigue diciendo que aplaudan en silencio y eviten animar.

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Kishida debería, en primer lugar, impulsar el turismo nacional (hace tiempo que debería reiniciarse la campaña “Go To Travel”) y facilitar radicalmente los viajes de negocios. A medida que los casos de Covid-19 se mantengan estables, las personas mayores en su mayoría impulsadas y las cuartas vacunas ya en marcha, ahora es el momento de empezar a cambiar la actitud del público.

Eso hará que el país acepte mejor a los turistas internacionales. Por lo general, se considera que la etiqueta de viaje adecuada es seguir las costumbres del lugar al que se visita y no las del lugar de procedencia. Eso, por ahora, significa precaución. Japón y sus maravillas seguirán estando aquí cuando se reabran las fronteras; pero no espere que los Mario Karts lo estén.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.