El presidente de Francia, Emmanuel Macron
Tiempo de lectura: 4 minutos

Bloomberg Opinión — Júpiter ya no está en ascenso. Las elecciones francesas han dado lugar a un parlamento sin mayoría absoluta, lo que le quita al presidente Emmanuel Macron su autoridad y su credibilidad como baluarte centrista contra la extrema derecha y la extrema izquierda. Las frágiles coaliciones en el corazón de la segunda economía de la zona euro dificultarán el gobierno y las reformas.

Y para una Unión Europea que busca reforzar la defensa, cortar los lazos energéticos con Rusia y buscar una mayor integración, el riesgo ahora es que Francia se repliegue sobre sí misma y muestre poco apetito por grandes cambios.

PUBLICIDAD

El porcentaje de votos logrado por la alianza centrista de Macron fue peor de lo esperado (a 44 escaños de la mayoría) y refleja la creciente frustración con su estilo de gobierno y con la salud de la economía. Desde que venció a su némesis de extrema derecha, Marine Le Pen, en las elecciones presidenciales de abril, Macron se ha mantenido al margen de los acontecimientos, formando un gobierno tecnocrático que ya enfrenta extremas dificultades aún antes de dar sus primeros pasos.

Con una economía en contracción y una inflación récord del 5%, las políticas de pararrayos (como el aumento de la edad de jubilación a 65 años) dieron impulso al voto anti-Macron. La alianza de extrema izquierda NUPES de Jean-Luc Melenchon, junto con otros partidos de izquierda, tocó una fibra sensible al pedir control de precios y la jubilación a los 60 años. Y el partido de Le Pen consiguió el mejor resultado de su historia, al multiplicar sus escaños en más de 10 veces.

PUBLICIDAD

La visita de Macron a Kiev, junto con el italiano Mario Draghi y el alemán Olaf Scholz, no contribuyó a cambiar la opinión. El voto parecía más bien una manifestación de una clase media que se encuentra exprimida por las dificultades económicas, como la describe el presidente de Publicis, Maurice Levy: Un tercio no vota, otro tercio vota a Melenchon para protestar, y otro tercio más obrero vota a Le Pen porque se siente abandonado.

Al mismo tiempo, la falta de un ganador claro refleja la desordenada realidad de la política post-Covid y post-invasión de Ucrania. El Estado francés se ha inflado durante la pandemia, con una deuda que asciende al 113% del PIB y un déficit presupuestario del 7%. Puede que la rectitud fiscal no esté de moda, pero la petición de Melenchon de un gasto anual adicional de 250.000 millones de euros tampoco ha generado confianza generalizada.

PUBLICIDAD

En teoría, este tipo de bloqueo ofrece oportunidades. Al no haber ninguna otra agrupación capaz de tomar el control, el camino está abierto para que Macron llegue a un acuerdo con los Republicains de centro-derecha o trabaje con otros partidos en función de cada caso. Las violentas protestas durante el primer mandato de Macron mostraron los peligros de una oposición débil, y la historia muestra que los anteriores presidentes, tanto de derecha como de izquierda, han sido capaces de “cohabitar” con oponentes políticos cuando se han visto obligados por la matemática parlamentaria.

Pero en la realidad, hay muchas posibilidades de que las alianzas y coaliciones se terminen estirando hasta el punto de ruptura. Hay tantos partidos como personalidades, las perspectivas económicas son sombrías y el terreno del centrismo francés es cada vez más estrecho. Christopher Dembik, de Saxo Bank, teme que esto se parezca más a la política volátil de Italia que a la búsqueda de consenso de Alemania. La primera prueba de ello serán las medidas previstas para impulsar el poder adquisitivo que se darán a conocer el próximo mes.

PUBLICIDAD

Hablando de Italia y Alemania, Macron tendrá que hacer más esfuerzos a nivel europeo para lograr sus objetivos si se encuentra con obstáculos en casa. La política interior y la exterior son campos de batalla diferentes, pero la influencia y el liderazgo en Bruselas se solapan con la credibilidad económica y la capacidad de aprobar leyes.

Así que, aunque es un alivio para Macron que Clement Beaune -su viejo aliado y ministro de la UE- haya conseguido ganar un escaño en el Parlamento, todo esto parece estar muy lejos del punto álgido de los poderes de París durante la pandemia, cuando convenció a Berlín para que revirtiera tabúes largamente mantenidos sobre una mayor integración comunitaria.

PUBLICIDAD

La presión sobre los oficialismos no es sólo una cuestión francesa, por supuesto: El español Pedro Sánchez ha recibido un golpe en las elecciones andaluzas, mientras que el Reino Unido se enfrenta a su mayor huelga ferroviaria en décadas.

Sin embargo, mientras que antes la prueba del temple de Macron era si Francia podía reformarse a sí misma, ahora será si Francia puede gobernarse a sí misma. Sale Júpiter; entra Marte.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.