Mohammed bin Salman
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Bloomberg Opinión — Al aceptar visitar Arabia Saudita en julio, el presidente de EE.UU., Joe Biden, ha dado un paso atrás en su promesa de tratar al país como un “paria”. Los críticos le han achacado pasar por alto las violaciones de los derechos humanos del país, incluido el brutal asesinato y desmembramiento del ex columnista del Washington Post Jamal Khashoggi. A cambio, Biden sólo ha conseguido un aumento simbólico de la producción de petróleo, que no servirá de mucho para bajar los precios de la gasolina en el país.

Aun así, el viaje puede servir para un propósito valioso. Vínculos saludables entre Estados Unidos y Arabia Saudita son fundamentales para calmar una parte del mundo que es volátil y estabilizar los mercados energéticos mundiales. Cuando se reúna con el líder de facto de Arabia Saudí, el príncipe heredero Mohammed bin Salman (conocido en general como MBS), Biden debería dejar claro que la mejora de las relaciones requiere que ambas naciones respeten los intereses fundamentales de la otra.

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La relación entre EE.UU. y Arabia Saudita siempre ha tenido un elemento fuertemente transaccional. El primero proporciona seguridad a través de la venta de armas y despliegues militares, mientras que el principal productor de petróleo del mundo estabiliza los precios. Pero la importancia de la alianza va más allá del petróleo. Los saudíes son indispensables para cualquier esfuerzo por frenar las ambiciones regionales de Irán. La bendición de Riad podría determinar si más naciones árabes normalizan o no sus relaciones con Israel. Despreciar a los líderes saudíes sólo les animará a profundizar en sus crecientes vínculos con otros autócratas, como los de Rusia y China.

Sin embargo, comprometerse con los saudíes no significa aplacarlos. Si Estados Unidos quiere reafirmar su compromiso con la seguridad saudí -que se ha complicado por los intentos de la administración de revivir el acuerdo nuclear con Irán y de trasladar recursos al Indo-Pacífico-, los líderes saudíes deben dejar de coquetear con los rusos y los chinos.

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EE.UU. tiene derecho a esperar nuevos aumentos de la producción de petróleo, por ejemplo, no porque vayan a reducir necesariamente los precios en los surtidores, sino para frenar los beneficios que el presidente ruso Vladimir Putin obtiene de la continua agresión hacia Ucrania. Los saudíes también deberían limitar el volumen y la sofisticación de las armas que compran a China, y reducir la creciente cooperación entre ambas naciones en materia de tecnología de misiles balísticos y enriquecimiento de uranio.

Biden también debería presionar a MBS para que dé seguimiento a los pasos iniciales para ampliar los lazos con Israel. Aunque el progreso hacia la plena normalización será gradual, los líderes saudíes deberían estar preparados para desarrollar una hoja de ruta clara hacia unirse a los Acuerdos de Abraham, como ya han hecho aliados del Golfo como Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos. Pueden empezar por permitir que más vuelos comerciales israelíes crucen el espacio aéreo saudí y ampliar los lazos comerciales y personales.

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Riad también debería entablar una cooperación militar y de inteligencia más abierta con Israel, trabajando para integrar las defensas aéreas en toda la región y realizando más ejercicios militares conjuntos. Sólo una coalición verdaderamente unificada que incluya a los Estados del Golfo, Israel y EE.UU. tendrá la posibilidad de disuadir los ataques por delegación de Irán y la proliferación de misiles en Medio Oriente, que supondrán una amenaza independientemente de que se reactive el acuerdo nuclear con Irán.

Por último, Biden no debería rehuir abordar las áreas de tensión entre ambos países. Debería presionar a los saudíes para que trabajen más intensamente con las Naciones Unidas para transformar el alto el fuego recientemente ampliado en Yemen en un acuerdo de paz duradero. Aunque MBS ha ampliado algunas libertades sociales y el lugar de las mujeres en la sociedad saudí, su gobierno también ha encarcelado a activistas saudíes por promover reformas similares. Deben ser liberados y a otros se les debe permitir salir del país si lo desean. En cuanto al asesinato de Khashoggi, no es probable que Biden consiga una contrición pública, pero los líderes saudíes deberían al menos garantizar que no se repetirá una atrocidad de esta naturaleza.

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Al igual que el propio viaje de Biden, estos gestos deberían considerarse adecuadamente no como concesiones sino como inversiones en una relación que ambas naciones necesitan para funcionar. Si Biden puede restablecer ese entendimiento desgastado, su visita habrá valido la pena.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.