Estilo de vida

El camino hacia la riqueza del multimillonario italiano dueño de Ray-Ban

Su objetivo, escribió Del Vecchio en su momento, era convertirse en “un artesano experto”, lo que veía como una forma segura de asegurarse de no volver a pasar hambre

MILÁN, ITALIA - 06 DE SEPTIEMBRE: Leonardo Del Vecchio y su esposa asisten al cóctel de inauguración del Excelsior Milan el 6 de septiembre de 2011 en Milán, Italia. (Foto de Getty Images/Getty Images)
Por Tommaso Ebhardt
03 de julio, 2022 | 09:47 AM
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Bloomberg — Este artículo, basado en un libro de Tommaso Ebhardt, de Bloomberg, que relata el ascenso de Leonardo Del Vecchio hasta convertirse en uno de los hombres más ricos de Italia, se publicó originalmente el 13 de mayo. EssilorLuxottica anunció que Del Vecchio falleció el 27 de junio.

En 1942, cuando su cuarto hijo vivía como un indigente en una Milán devastada por la guerra, Grazia Rocco, una viuda, tomó una decisión trascendental: recurrió al orfanato de la ciudad para que acogieran al niño de siete años, Leonardo Del Vecchio.

“No tengo a nadie que lo cuide”, escribió Rocco, que trabajaba en una fábrica, en una sentida carta que permaneció intacta durante décadas en el archivo con la información de Del Vecchio en el orfanato del Instituto Martinitt. Que se quedara alli, según su madre, ofrecería la mejor esperanza para evitar la muerte del joven Leonardo, que llegaría a ser uno de los empresarios más ricos de Italia.

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Del Vecchio, cuyo padre murió cinco meses antes de que él naciera, pasaría los siguientes siete años en la institución. Precoz, se le permitió salir antes, a los 14 años, para empezar a trabajar.

Su objetivo, escribió Del Vecchio en su momento, era convertirse en “un artesano experto”, lo que veía como una forma segura de asegurarse de no volver a pasar hambre y de no tener que rendir cuentas a nadie más que a sí mismo.

Casi 75 años después, Del Vecchio se encontraba a la cabeza de EssilorLuxottica SA (EL), el gigante franco-italiano de las gafas, con decenas de miles de empleados, operaciones en todo el mundo y presencia en los sectores del lujo y la tecnología médica. La empresa, propietaria de las marcas Ray-Ban y Oakley y que fabrica monturas para casas de lujo como Armani y Prada, es también el primer vendedor de gafas del mundo y el mayor productor de lentes correctores.

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En vísperas de su cumpleaños, el 22 de mayo, Del Vecchio, quien cumplió 87 años, se había fijado un nuevo objetivo: llevar a EssilorLuxottica al exclusivo club de las empresas valoradas en más de 100.000 millones de euros (US$104.000 millones), frente a los 66.000 millones actuales.

Nada en su comportamiento sugiere que Del Vecchio estuviera al frente de un imperio en expansión con ambiciones tan grandes. A lo largo de los años se había esforzado por mantenerse alejado de las camaras y se ha negado repetidamente a hablar de su carrera y su trayectoria con los periodistas, insistiendo en que los resultados de la empresa hablan por él.

Como no es partidario de mirar atrás, nunca ha querido ver su expediente en el orfanato. En una conversación con un periodista (algo poco frecuente) habló en términos sencillos y realistas cuando se le preguntó cómo había llegado a donde está hoy.

“Siempre me he esforzado por ser el mejor en todo lo que hago, eso es todo”, dijo mientras tomaba un espresso en su restaurante privado dentro de la futurista sede de Luxottica en Milán. “Nunca tengo suficiente”, dijo durante otra reunión, hablando despacio, casi con timidez, mientras recorría la nueva sala de exposiciones de la empresa en el distrito de diseño de la ciudad.

El orfanato Martinitt de Milán (Italia), donde Leonardo Del Vecchio pasó siete años de 1942 a 1949. Bloombergdfd

Esto encaja bien con la imagen de un hombre que construyó su fortuna a través de arduas jornadas de 20 horas, de las que dice no arrepentirse ni un ápice, a pesar de que en sus inicios como trabajador perdió parte de su dedo índice izquierdo en un accidente de fábrica.

Si bien el rol de aprendiz en un taller metalúrgico que Del Vecchio hizo al salir del orfanato en 1949 le valió su primer sueldo, sólo fueron 300 liras, unos 15 céntimos de euro, por unos duros 10 días de trabajo.

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Una de sus tareas en el taller consistía en comprar el almuerzo para sus compañeros, pero era tan pobre que apenas podía permitirse comprar nada para sí mismo, por lo que el futuro multimillonario subsistía a base de sopa de col cocinada por su madre: llevaba una olla humeante al trabajo cada mañana.

Pocos habrían creído entonces que Del Vecchio alcanzaría algún día un patrimonio personal de casi US$30.000 millones, situandolo en carrera por ser la persona más rica de Italia junto con los vástagos de la familia Ferrero, fabricante de Nutella.

Aunque Del Vecchio destaca por lo lejos que ha llegado, compartió parte de su historia con una emblemática generación de patriarcas que llegó a dominar la industria italiana de la posguerra. Ese grupo incluye a Silvio Berlusconi, Luciano Benetton y Giorgio Armani, todos los cuales, como Del Vecchio, nacieron en la década de 1930.

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“Nuestra generación vivió tiempos difíciles que nos templaron, los años de la guerra y la reconstrucción”, dijo Armani en una entrevista. “No había nada, y tuvimos que empezar de cero”, dijo el diseñador italiano, cuya asociación con Del Vecchio fue un cambio de juego para el negocio de las gafas en la década de 1980.

Tras la unión en 2018 entre Luxottica y la francesa Essilor, cerca de 180.000 personas trabajaban para Del Vecchio, desde el diminuto pueblo dolomita de Agordo (Italia) donde fundó su “fábrica” en 1961, hasta Estados Unidos, donde cotizó Luxottica en 1990 en la bolsa de Nueva York y más tarde realizó su operación más audaz, la adquisición de Ray-Ban. Su objetivo de 100.000 millones de euros es ahora otra marca a la que aspira.

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Alcanzar ese objetivo de valor de mercado, dijo Del Vecchio, ayudará a garantizar que el gigante de las gafas sea lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a cualquier disrupción tecnológica en la industria. Este pensamiento también explica su decisión de 2014 de volver a un papel operativo, a pesar del furor que creó al destituir al entonces CEO Andrea Guerra.

Pares de gafas de sol Ray-Ban de edición limitada, fabricadas por EssilorLuxottica SA, expuestos en una tienda Ray-Ban, en Barcelona, España. Fotógrafo: Ángel García/Bloombergdfd

Durante años, los competidores han acusado a Del Vecchio de tener poderes de Godfather (Padrino) en Luxottica, lo que le ha dado una influencia excesiva en la industria. Otros críticos consideran que no es más que otro viejo fundador de una empresa italiana que no está dispuesto a soltarla.

Del Vecchio se quita de encima todo eso. “La empresa ha cambiado más en los últimos 10 años que en los 50 anteriores”, afirma. “Estábamos estancados, tenía que volver a abrazar el cambio”.

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Eso le ha llevado a impulsar más la venta online, a comprar su mayor rival europeo en la venta al por menor y a pasar a controlar el negocio global de lentes. EssilorLuxottica también ha dado algunas pistas sobre su futura dirección a través de un acuerdo con Facebook de Meta Platform (FB).

Sesenta años luego de fundar Luxottica, Del Vecchio, padre de seis hijos de tres parejas diferentes, admitió que su dedicación a la empresa tuvo un precio grave. En los primeros tiempos, en particular, pasaba muy poco tiempo con sus hijos.

“Puse el trabajo por delante de todo lo demás y la fábrica se convirtió en mi verdadera familia”, dijo. En los últimos años ha recuperado parte del tiempo perdido, y ahora pasa la mayor parte de los días con su extensa familia en Milán, o en sus casas de la Costa Azul francesa y la isla de Antigua.

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La fábrica de Luxottica en Agordo, Italia. Bloombergdfd

Eso no significa que haya dejado de pensar en grande. Algunos movimientos recientes sugieren que Del Vecchio podría estar buscando un papel en la reorganización de la industria financiera del país.

Además de acumular una participación que le convierte en el principal accionista del banco de inversión Mediobanca SpA (MB), Del Vecchio formó parte del grupo de inversores que desafió a la dirección de la mayor aseguradora del país, Assicurazioni Generali SpA (G).

El grupo no consiguió hacerse con el control de la aseguradora, pero para Del Vecchio el final del juego pudo ser algo más que una mera reorganización de la gestión. Dijo que quiere ayudar a crear un líder mundial en el sector financiero.

“Hay que ser lo suficientemente valiente para seguir haciendo cosas, para avanzar”, dijo Del Vecchio sobre sus planes, argumentando que a otros empresarios italianos les ha faltado el empuje para llevar sus empresas a la cima.

Los italianos “son grandes artesanos, grandes artistas, pero a menudo nos detenemos en ese nivel”, dijo. “Hay que tener el valor de seguir avanzando”.

Adaptado de “Leonardo Del Vecchio” de Tommaso Ebhardt, publicado en italiano por Sperling & Kupfer

Este artículo fue traducido por Andrea González

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