Honduras

Cómo unos jóvenes desempleados ahora exportan café hondureño a 12 países

La infestación de la roya derivó en desempleo masivo en los cafetales. De esa crisis, jóvenes de Marcala, La Paz pusieron en marcha Pacayal Coffee, una sociedad anónima que promueve los negocios directos entre productores y compradores

Pacayal Coffee es una empresa hondureña que promueve los negocios directos entre productores y compradores.
23 de julio, 2022 | 06:36 PM
Tiempo de lectura: 6 minutos
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San Pedro Sula — En 2014, un grupo de jóvenes, en su mayoría desempleados, pero con conocimientos sobre cómo funcionaba la industria del café decidieron poner en marcha una empresa que promoviera los negocios directos entre productores y compradores, el bienestar infantil y la conservación del ambiente.

La idea surgió cuando los cafetales de Centroamérica apenas empezaban a recuperarse de la infestación de la roya, que un par de cosechas antes redujo el 23% de la producción del grano aromático en Honduras, según reportes de organismos especializados,

La enfermedad de la roya está relacionada con un manejo deficiente del cultivo de café, principalmente por la falta de fertilización, uso inadecuado de fungicidas, variabilidad climática, plantaciones envejecidas y otros factores que debilitan la planta.

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“En ese momento, entre 2011 y 2012 que los productores venían enfrentando el problema de roya y los bajos precios en el mercado internacional también provocaron que los productores abandonaran sus fincas”, recordó Edgar Carrillo, gerente de Pacayal Coffee, en un foro organizado por la Dirección de Ciencia y Tecnología Agropecuaria (Dicta).

Una vida de trabajo

Hijo de madre soltera, Carrillo comenzó a trabajar a los 12 años. De esos días, el joven recordó cuando después de la jornada en las fincas, volvía a su casa para hacer sus tareas.

“Era duro, porque comenzaba a escribir y ponía la mano sucia y se arruinaba mi tarea. Me dije ‘algún día haré algo para que los niños no trabajen’ y era un reto, porque si hay algo que está funcionando mal, ¿qué estamos haciendo para cambiarlo?”, reflexionó.

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Cuando era adolescente, Carrillo ganaba 147 lempiras (HNL), menos de US$6.00, a la semana. De ese dinero, 100 lempiras los destinaba a la comida, una parte para ahorrar y 21 lempiras para viajar de su casa al colegio de donde se graduó de bachiller en Administración de Empresas.

“Resulta que egresé obsoleto, porque la realidad del sistema educativo difiere mucho de la realidad de las empresas”, dijo.

La falta de oportunidades para desempeñarse en su campo lo llevó a seguir siendo peón de las fincas y aunque una buena parte de sus amigos que habían migrado de forma irregular a los Estados Unidos le instaban a que les siguiera sus pasos, Edgar se convenció que “Honduras es el mejor país del mundo y aquí tengo que progresar”.

La enfermedad de la roya derivó en desempleo masivo en las zonas cafetaleras, entre ellas, Marcala, municipio del departamento de La Paz, al suroccidente de Honduras, de donde es Carrillo.

A causa de la crisis, se quedó sin trabajo, pero sus anhelos de juventud seguían presentes y lo unieron con otras personas que compartieron su visión de poner en marcha Pacayal Coffee, en honor a una reserva natural de agua que abastece los ocho municipios de la parte alta de La Paz, donde está ubicado el parque cafetalero de la empresa.

Los desafíos que enfrentaron

Desde un inicio, los jóvenes plantearon que la empresa buscaría accesos a mercados, es decir, unir a productores con sus clientes, desarrollando cadenas de suministro éticas, de tal forma de crear una agricultura rentable y sostenible.

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“Lo más importante es que el productor pueda tener negocios directos con sus clientes, pueda tratar directamente con ellos y nosotros solo ser facilitadores”, recordó Carrillo.

Sin embargo, sumado a la problemática que ya enfrentaba la caficultura nacional, los jóvenes enfrentaron retos como los pocos incentivos para la producción sostenible, un currículo nacional enfocado en agricultura convencional y sin orientación a la agricultura orgánica, sostenible o de negocios verdes, y también la falta de generación de conocimiento científico en agricultura orgánica.

Además influyó la desconfianza asociativa y la poca credibilidad de los productores en el aporte de la juventud a la industria, más cuando la oficina de Pacayal era una casa de bahareque.

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“Esta es una barrera que encontramos. Muchos habían fracaso anteriormente en organizaciones de productores y había provocado que no creyeran en la asociación, y por eso, Pacayal no es una cooperativa. Como figura legal, somos una sociedad anónima”, dijo Carrillo.

Edgar Carrillo, gerente general de Pacayal Coffee.dfd

En las sociedades anónimas el reparto de beneficios se hacen en función de la participación que tenga la persona socia o accionista. Mientras que en las cooperativas los beneficios se distribuyen en función del trabajo aportado, y no del capital.

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“Queríamos desarrollar un productor empresario y para lograrlo, hay que enseñarle que tiene que invertir, poner su esfuerzo y después, si hay ganancias, todos ganamos. Es crear en el productor un sentido empresarial”, explicó el gerente de Pacayal Coffee.

Acciones para dar forma a la empresa

Frente a los retos, los jóvenes generaron acciones como la implementación de un sistema de calidad y el desarrollo de la cultura de la calidad, un factor que no solo se limita al producto, sino al impacto que genera a nivel social, ambiental y en la forma en que se vende el producto.

Según Carrillo, ese sistema empresarial tiene tres pilares: un cafetalero que produzca el mejor producto, con la mejor calidad posible y al menor costo posible; un buen administrador, en el que la persona además de ser ética, tenga la habilidad de invertir cada lempira donde mejor réditos dé; y un buen vendedor que sepa cómo vender su producto.

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“Son pilares importantes para generar una iniciativa de negocios y muchas veces no los podemos tener en una sola persona, sino que todos en equipo, pero la calidad tiene que tenerla cada persona”, añadió.

Aunque habían desafíos, los jóvenes fundadores estaban conscientes que conocían cómo funcionaba la industria y qué estaba demandando el mercado de café. Esa ventaja competitiva les permitió asesorar a los productores sobre qué cosas podían hacer para tener éxito.

También, los vino a fortalecer la generación de conocimiento científico aprovechando las capacidades locales e institucionales, y las alianzas comerciales técnicas y financieras de largo plazo, que significó desarrollar lazos con empresas para respaldar y mejorar su negocio.

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Los resultados obtenidos

Todos esos esfuerzos derivaron en que a la fecha tengan más de 950 hectáreas de café certificadas con sellos sostenible y verde de Rainforest Alliance, Fairtrade, USDA Organic y otras.

Hemos colocado nuestro café a unos 12 países. Tenemos clientes en Estados Unidos, Canadá, Bélgica, Suiza, Austria, Dinamarca, Japón, Australia y no solamente estamos en el mercado de café verde, vamos más allá y estamos en los café especiales”, agregó Carrillo.

Todo esto trajo la mejora de ingresos para más de 400 familias, producto de mejores precios y mayor rentabilidad de sus cultivos. Solo en el primer año de Pacayal, los cafetaleros recibieron un tercio más de lo que les pagaron en los intermediarios locales.

Sobre ello, Carrillo recordó que como Pacayal inicialmente no tenía dinero para comprar café, los primeros que confiaron en la pequeña empresa fueron sus familias y amigos.

“Nos dieron una parte de la cosecha y la otra la vendieron a la organización local. Ese poquito café que nos confiaron terminamos pagándoles 35% más arriba de la plaza. La buena fama se riega y eso nos dio la oportunidad que los productores comenzaran a recomendarnos y creciéramos”.

Vinculado a pagar mejor por el café, Pacayal motivó a los cafetaleros a invertir en sus fincas, de tal forma que les permitiera mejorar los rendimientos de producción, al tiempo de hacer uso eficiente de los recursos y nuevas formas de procesamiento más sostenibles.

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