China
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La economía de China lleva varias décadas aproximándose a la de Estados Unidos. En función de cómo se mida, su PIB ya está por encima al de su principal adversario mundial o se está acercando cada vez más. En la potencia asiática los ingresos medios están muy por debajo, pero la esperanza de vida de, otra medida clave, se igualó a la de EE.UU. en 2020.

No obstante, a medida que transcurre el presente siglo, todo parece indicar que China sufrirá una aproximación a la economía de Estados Unidos de otra índole, no tan positiva. El crecimiento de la población en edad de trabajar china, de casi 1.000 millones de personas (en este caso entre 15 y 64 años), ha sido esencial para su ascenso económico, permitiéndole transformarse en taller global y mercado amplio de consumidores.

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No obstante, según las estimaciones de población divulgadas la semana pasada por la ONU, este grupo empezará a reducirse a gran velocidad en la década de 2030 y se contraerá en casi dos terceras partes a finales de este siglo. Se prevé que la población estadounidense en edad de trabajar tenga aproximadamente el mismo tamaño en 2100 que en la actualidad, pero la de China pasará de ser más de cuatro veces más grande a ser menos del doble. Sumando a Canadá y México, que no son exactamente parte del mismo mercado laboral que Estados Unidos aunque si comparten una zona de libre comercio, se prevé que la población en edad de trabajar de China sea sólo 1,2 veces mayor.

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Las proyecciones de la ONU probablemente sean en exceso optimistas respecto a las perspectivas de población en China. Parten de la base de que la tasa de fecundidad del país se repondrá del drástico descenso de los últimos años y que a medida que avance el siglo se aproximará a la de EE.UU.

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Es posible que esas estimaciones también sean excesivamente optimistas en lo que respecta a la progresión de los nacimientos en Estados Unidos, pero el país puede contar al menos con otra fuerza de crecimiento de la población que China no ha aceptado y que probablemente no aceptará en el futuro: la immigración a gran escala.

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También la ONU plantea un “escenario de baja fecundidad” en el que las tasas de nacimiento se estabilizan en niveles inferiores tanto en China como en Estados Unidos. Según este escenario, la población en edad de trabajar de China se reduce en más de un 80% y en el 2097 la estadounidense la supera.

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Evidentemente, falta mucho para el año 2097 y ninguna de estas previsiones, más allá de la disminución de la población en edad de trabajar china en la década de 2030, prevista por el reciente descenso de los nacimientos, es casi un hecho. La Organización de las Naciones Unidas viene elaborando estimaciones de población a largo plazo desde la década de 1950 y, aunque han reflejado con bastante acierto la orientación general del crecimiento de la población mundial, con frecuencia han sido mucho menos precisas en los aspectos concretos. La pérdida de dos tercios o más de la población en edad de trabajar prevista para China no tiene antecedentes en el mundo moderno y la posibilidad de que suceda puede provocar cambios políticos y sociales que ralenticen o detengan la tendencia. En los próximos 75 años podrían ocurrir muchas otras cosas que superen estas previsiones: catástrofes climáticas, guerras mundiales, invasiones alienígenas, la singularidad, etc.

Asimismo, las previsiones demográficas contienen otros datos sobre la futura oferta de mano de obra que pueden acabar resultando mucho más relevantes. Según las proyecciones, África será la gran ganadora, con una población en edad de trabajar que casi igualará a la de Asia a final de siglo. (Para sus agrupaciones continentales/regionales, la ONU sitúa a México en América Latina y define “América del Norte” como Estados Unidos, Canadá, Bermudas, Groenlandia y San Pedro y Miquelón).

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De todas formas, el declive de la población en edad de trabajar al que se enfrenta China dentro de pocos años ya está en curso en otros lugares de Asia. La población de 15 a 64 años de Japón ha descendido un 17% desde 1994, en tanto que la de Corea del Sur y la de Taiwán parecen haber tocado techo en 2017 y 2016, respectivamente. El cambio de crecimiento a contracción para la región va a ser difícil de ignorar. A continuación se presenta otra comparación asombrosa, que he hecho retroceder hasta 1950 para lograr el efecto completo.

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El ascenso de Asia del Este ha sido quizás la mayor tendencia económica global del último medio siglo. ¿Qué significa eso sobre su declive?

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Por “declive” no me refiero necesariamente a algo similar a la caída de Roma. Japón se mantiene como una economía acaudalada y avanzada a pesar de su cuarto de siglo (hasta el momento) de descenso de la población en edad de trabajar. Pero su participación en el producto interno bruto nominal en el mundo ha disminuido hasta el 5,1% en 2021, desde el 17,9% en 1994. Todas las naciones ricas han cedido cuota de PIB para hacer sitio a China y otros mercados emergentes, pero la de Estados Unidos ha disminuido sólo hasta el 23,9% desde el 26,1% y la de la Unión Europea ha bajado hasta el 17,8% desde el 25,7%.

El porcentaje de China en el PIB mundial en 2021 era del 18,5% y su participación en la población mundial en edad laboral del 19,2%. Está previsto que este último porcentaje descienda al 6,1% a finales de este siglo. Para que los dirigentes chinos eviten un descenso equivalente del PIB, tendrían que realizar reformas e inversiones que mantengan el aumento de la renta per cápita por encima de la norma mundial. Sin embargo, como argumentaron el año pasado en Foreign Policy mi colega Hal Brands, columnista de Bloomberg Opinion y Michael Beckley, experto en China de la Universidad de Tufts, los miedos a la reducción de la influencia económica en el futuro también podrían provocar una reacción menos productiva y más contundente en el exterior: “el camino más peligroso en la política mundial es un largo incremento seguido de la perspectiva de un fuerte declive”.

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EE.UU. no tiene esa perspectiva, al menos no por razones de tipo demográfico. Se puede incluso imaginar que volvería a crecer la población a través de un renovado apoyo a la inmigración, un entorno más propicio para los padres, o ambas cosas. En una época de gran pesimismo entre los ciudadanos de Estados Unidos, es una perspectiva interesante sobre la que reflexionar.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios