Un hombre sobre un tanque ruso destruido
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Bloomberg Opinión — La guerra de Ucrania está entrando en su tercera fase, y ésta podría ser decisiva.

La primera fase fue la fallida guerra relámpago (blitzkrieg) de Rusia, destinada a destruir el Estado ucraniano. La segunda fase, que continúa de forma desordenada, fue el empuje de Moscú para apoderarse de toda la zona del Donbás a lo largo de la frontera entre Ucrania y Rusia.

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La tercera fase incluirá una muy esperada contraofensiva ucraniana en el sur. Si Ucrania puede retomar suficiente territorio -sin intentar hacer demasiado- podría inclinar la guerra definitivamente a su favor. Si no puede, a Kiev le podría esperar un frío invierno.

El frío es, por supuesto, una parte vital de la estrategia del presidente ruso Vladimir Putin. Él cree que el tiempo todavía favorece a Rusia, al menos a corto plazo. A finales de este año, las democracias occidentales se quedarán sin las armas y municiones que necesita Kiev. Estarán cansadas de inyectar cada vez más dinero en la moribunda economía ucraniana.

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Mientras tanto, los trastornos mundiales causados por las interrupciones de los envíos de trigo ucraniano se intensificarán, incluso si se mantiene el inestable nuevo acuerdo para reanudar las exportaciones desde el puerto del Mar Negro en Odesa. Y Europa temblará cuando llegue el invierno boreal y se agoten los suministros de gas, una escasez que Putin está asegurando ahora cortando los flujos de gas para que los países europeos no tengan reservas adecuadas cuando se acerque el frío. Su apuesta es que el malestar económico hará que Occidente ceda antes de que Rusia se hunda en el desastre económico.

En estas circunstancias, calcula Putin, la ayuda que Ucrania ha recibido del mundo democrático disminuirá; la presión sobre Kiev para que acepte un alto el fuego aumentará. Moscú podría entonces reclamar la victoria con el argumento de que tiene mucho más territorio ucraniano del que tenía antes de la invasión del 24 de febrero.

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Los rusos también podrían utilizar este territorio ocupado para reagruparse de cara a un futuro asalto, ya sea el año que viene o dentro de varios años, para forzar la salida del gobierno de Kiev o para paralizar lo que queda de la economía ucraniana tomando Odesa. Esto podría ser una victoria pírrica para Putin, dadas las pérdidas que ha sufrido Rusia, pero sería una catástrofe para una Ucrania desmembrada y abandonada.

De ahí la importancia del empuje de Ucrania en el sur. No es ningún secreto que Ucrania se está preparando para atacar allí. El gobierno del presidente Volodymyr Zelenskiy ha advertido a los civiles que abandonen la zona y ha comenzado a utilizar artillería de largo alcance para aislar a las fuerzas de Moscú. Ucrania ya está retomando ciudades más pequeñas a lo largo de la ruta hacia la ciudad portuaria meridional de Kherson, el primer centro de población importante que Rusia ocupó, al tiempo que concentra unidades para un asalto mayor.

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Una ofensiva exitosa podría bloquear a las tropas rusias cerca de Kherson
En rosa: territorio ucraniano ocupado por Rusia
En naranja: avances rusos
En celeste: contraofensivas ucranianasdfd

Aunque el conflicto en Ucrania se ha ralentizado hasta convertirse en una guerra de desgaste, esta ofensiva es muy urgente. Ucrania necesita recuperar territorio en el sur para evitar que Rusia se anexione esas zonas -en clara violación del derecho internacional-, lo que haría mucho menos probable su eventual recuperación. Una ofensiva ucraniana exitosa podría eliminar el peligro de un nuevo empuje ruso hacia Odesa. También podría poner los enlaces de transporte de Rusia a Crimea, así como algunas instalaciones militares clave allí, al alcance de la artillería ucraniana.

Sin embargo, el verdadero imperativo es psicológico. Como han argumentado los analistas militares Michael Kofman y Lawrence Freedman, ambos bandos están luchando por conformar las percepciones -del otro y del mundo exterior- de hacia dónde se dirige esta guerra. Ucrania debe demostrar a sus patrocinadores occidentales que puede acabar ganando, para que se mantengan cerca de Kiev y le den los medios para más ofensivas en el futuro, aunque los costos económicos y militares aumenten.

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Si Ucrania puede hacer esto, es probable que el tiempo esté de su lado después de todo. Una investigación reciente realizada por académicos de la Yale School of Management indica que las sanciones gubernamentales y el ostracismo del sector privado están llevando a la economía de Putin hacia el precipicio. En una guerra que se prolongue hasta 2023, Putin también tendrá que contar con el agotamiento de su poco motivado ejército, a menos que emprenda un reclutamiento a gran escala de ciudadanos rusos, algo que estaría lleno de riesgos políticos.

Pero la ventana para que Ucrania exponga su caso no permanecerá abierta para siempre. A medida que se acercan las elecciones de mitad de período en Estados Unidos y estallan otras crisis mundiales, la lucha de Kiev podría convertirse en la noticia de ayer.

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El gobierno de Zelenskiy tiene una buena oportunidad de lograrlo. Las fuerzas rusas que ocupan Kherson están atrapadas en la orilla norte del río Dnipro, que las separa del grueso de sus compatriotas en el sur de Ucrania. El ejército ucraniano debería ser capaz de aislar a esas tropas destruyendo (con artillería proporcionada por Estados Unidos) los puentes que cruzan el río. A las unidades rusas mal abastecidas les resultará entonces muy difícil mantener una ciudad hostil contra una combinación de violencia insurgente y un ataque bien planificado.

Sin embargo, para que Ucrania tenga éxito, tendrá que moderar sus ambiciones. Incluso una ofensiva limitada requerirá probablemente que las fuerzas ucranianas dominen las operaciones de armas combinadas -sincronización de infantería, tropas mecanizadas, artillería, potencia aérea, etc.- en mayor medida que hasta ahora. Presionar demasiado podría ser contraproducente.

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Las fuerzas ucranianas podrían, por ejemplo, tratar de saltar el Dnipro y avanzar hacia Crimea después de tomar Kherson; al fin y al cabo, se trata de territorio ucraniano. Pero los cruces de ríos disputados contra un adversario capaz pueden ser mortales, como han demostrado las dificultades de Rusia en el este, y las fuerzas ucranianas, fatigadas y sobrecargadas, podrían no salir bien paradas frente a unidades enemigas reforzadas en la otra orilla.

Como alternativa, Kiev podría atacar más al este, en una ofensiva hacia el sur destinada a cortar el “puente terrestre” ruso hacia Crimea y atrapar a un cuerpo mayor de fuerzas de Moscú. Pero esto podría simplemente exponer a las fuerzas ucranianas a ser rodeadas, especialmente cuando Rusia desplaza unidades desde Donbas hacia el sur.

Una ofensiva fallida que termine en una retirada sería un desastre para Ucrania, dejándola militarmente más débil y diplomáticamente más aislada en la primavera boreal. Y si Ucrania lanza demasiadas de sus resistentes pero maltrechas fuerzas a un avance en el sur, podría hacerse vulnerable a una renovada ofensiva rusa en el este.

Ucrania ha librado una guerra valiente e inteligente, que le ha permitido mantener a raya a un enemigo más fuerte. La próxima prueba crucial es si Kiev puede ganar la iniciativa sin perder el equilibrio.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.