Opinión - Bloomberg

¿Hacia dónde fueron los superyates de los oligarcas rusos?

El superyate The Flying Fox en República Dominicana
Por Lionel Laurent
08 de agosto, 2022 | 09:36 AM
Tiempo de lectura: 4 minutos

Bloomberg Opinión — El turismo en tiempos de guerra ha creado un nuevo tipo de actividad playera: el seguimiento de los superyates vinculados a los ricos de Rusia.

Estos templos del consumo conspicuo, que recibieron un gran impulso de pedidos durante la pandemia, son símbolos del nuevo orden geopolítico que domina los puntos calientes de los viajes de poder blando, como la Riviera francesa.

Barcos vinculados a oligarcas rusos no conocidos por su discreción se han puesto en “modo oscuro” y navegado hacia costas más amistosas como Dubai o Turquía, deseosos de escapar del destino de los más de US$30.000 millones de activos sancionados incautados por los gobiernos que buscan exprimir al círculo íntimo de Vladimir Putin. España, Italia y Francia son algunos de los países que han incautado yates; también hay docenas de ellos bloqueados en astilleros holandeses.

Más allá de lo que Joe Biden denomina “ganancias mal habidas”, las ostentosas muestras de riqueza también están encendiendo la opinión pública en un momento en que la pobreza energética está dando lugar a peticiones de impuestos extraordinarios. El superyate de Jeff Bezos, de 127 metros y US$500 millones, evitó por poco una lluvia de huevos en Rotterdam por parte de los enfadados habitantes de la ciudad, después de que se abandonara el plan de desmantelar un puente histórico para permitir su paso.

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Una recepción fría podría parecer un inconveniente menor. Los fabricantes de yates, como la italiana Sanlorenzo, todavía pueden esperar un crecimiento de los ingresos y los beneficios de dos dígitos este año, en parte porque la caída del euro ha impulsado el poder adquisitivo del dólar, y porque la demanda de muestras de estatus es tan profunda como el océano.

Pero si Europa está “en oferta”, como dicen los turistas estadounidenses que compran en la avenida Montaigne de París, su determinación de ser una potencia blanda con enfoque blando es más urgente que nunca este verano boreal.

Las incautaciones de yates va acompañada de una ofensiva de la UE contra las rutas fáciles de acceso a su mercado único para la riqueza extraterritorial. Tras una serie de escándalos de blanqueo de dinero, se están analizando y posiblemente eliminando los planes de visados y pasaportes dorados que ofrecían derechos de ciudadanía o residencia en la UE por entre 60.000 y 1,25 millones de euros (US$1,27 millones).

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Con la intención de reactivar la inversión tras la crisis financiera, estos planes han sido demasiado blandos para su propio bien, y Chipre supuestamente ha infringido sus propias leyes tras entregar montones de pasaportes a rusos ricos. La aprobación de visados dorados portugueses a los ultrarricos de China se ha evaporado. La UE suspendió parcialmente la exención de visados desde Vanuatu tras su propio escándalo de pasaportes.

El anonimato de la riqueza en el extranjero también está en tela de juicio. Si la identificación de los propietarios de superyates es difícil, se debe a la estructura de las empresas ficticias que los poseen, similares a aquellas de las muñecas rusas. El Reino Unido ha lanzado este mes un registro de entidades de ultramar propietarias de bienes, aunque los defectos de la propuesta la alejan de la perfección. El primer ministro italiano saliente, Mario Draghi, ha pedido un registro internacional de activos para los oligarcas.

Se necesita una mano hábil para asegurar que la reputación geopolítica tenga prioridad sobre la conveniencia económica. Los visados flexibles de nómada digital para trabajadores remotos parecen ser el nuevo campo de batalla post-Covid para el dinero en el extranjero, incluso si estamos muy lejos de los días en que un magnate de la tecnología como Evan Spiegel de Snap podía obtener un pasaporte francés basado en poco más que el libro de cocina francesa de su abuela del estado de Idaho, en EE.UU.

Aun así, el repunte del turismo de verano representa una oportunidad para flexionar los músculos del poder blando. Chipre, uno de los destinos favoritos de los rusos, ha visto una reducción de alrededor de un 25% en comparación con 2019; Finlandia está pidiendo que se restrinjan los visados para los rusos. Los turistas regionales y estadounidenses han ayudado a compensar la caída, con los valores de la política exterior y la solidaridad con Ucrania destacando en el sentimiento de los medios sociales, según Olivier Henry-Biabaud de TCI Research, una consultora belga de la industria de viajes. La empresa de investigación Oxford Economics espera que las llegadas a Europa Occidental este año sean un 21% inferiores a los niveles de 2019, en comparación con la previsión de una caída del 39% para Europa del Este.

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La guerra fría de los viajes puede parecer un frío consuelo cuando Europa se enfrenta a la recesión este invierno boreal. La economía del turismo no va a traer la independencia energética o el crecimiento de la manufactura a una región muy necesitada de ambos. La debilidad del euro que los viajeros adoran no es un punto de orgullo político.

Pero el hecho de ver los yates debería al menos suponer el reconocimiento de una UE más centrada en la unidad política y en la lucha contra los flujos de dinero que agravan la desigualdad. Por una vez, menos adefesios en el agua será algo más que una victoria estética.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

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