Ecuador

El Primer Grito de Independencia de Ecuador abrió el camino a la libertad regional

Ecuador conmemora hoy 213 años de un hecho histórico que tuvo impacto en la región y que llevó a que Quito sea conocida como “Luz de América”

Es el símbolo de la libertad y del 10 de agosto de 1809.
10 de agosto, 2022 | 05:37 PM

QUITO — En Ecuador, particularmente en Quito, se gestaron hechos históricos que definieron el destino de casi todos los países suramericanos. El primer gran capítulo fue el Primer Grito de la Independencia del 10 de agosto de 1809, que dio inicio al proceso independentista que terminaría con la conformación de las repúblicas años después.

La decisión de los patriotas quiteños de integrar la primera Junta de Gobierno con miras a conformar una nación, fue el primer paso para la libertad. Así lo explica a Bloomberg Línea el historiador Carlos Landázuri al señalar que “la independencia era un proceso imparable aunque Quito no hubiera reaccionado, pero ese grito de la independencia, ese intento de conformar una nación es lo que después produce la República del Ecuador actual”.

Y si bien en Bolivia se gestaron previamente intentos similares al del Quito, estos fueron “muy efímeros”, pues la Junta Tuitiva de los Derechos del Rey y del Pueblo se instaló el 16 de julio de 1809 y duró hasta el 30 de septiembre de 1809.

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Pero no solo eso, sino que La Paz reaccionó contra los gobernadores locales, mientras que en Ecuador la situación fue distinta y “aquí se estableció una junta soberana que desconoció nada menos que al presidente de la Audiencia (...) y se forma por primera vez un gobierno criollo”, detalla el historiador Juan Paz y Miño en una nota de diario El Universo.

Así, lo que ocurrió en agosto en Ecuador dio pie a una serie sucesiva de eventos que, finalmente, desembocaron en la independencia regional.

El doodle del buscador más importante del mundo recordó este 10 de agosto la independencia del país.dfd

¿PERO QUÉ OCURRIÓ EL 10 DE AGOSTO DE 1809?

Como antecedente, se debe mencionar que la invasión de Napoleón a España, la proclamación del rey José Bonaparte, la insurrección contra la dominación francesa y la formación de juntas supremas en la Península causaron gran inquietud entre los criollos. En Quito, presidía la Real Audiencia Manuel de Urriez, conde Ruiz de Castilla, quien, a diferencia de su predecesor, el Barón de Carondelet, mantuvo relaciones tensas con la élite local.

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Así lo relata libro Historia del Ecuador, volumen I, también escrito parcialmente por Landázuri, donde se explica que el 25 de diciembre de 1808 se reunieron en los Chillos, en una hacienda de Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre, algunos amigos y parientes para analizar los sucesos de España y allí surgió la idea de constituir una junta que asumiera la soberanía. Sin embargo, la conspiración fue descubierta y sus líderes apresados en marzo de 1809. Pero como no se les pudo probar nada, fueron liberados.

Pasaron los meses y la víspera del 10 de Agosto de 1809, se reunió en casa de la patriota Manuela Cañizares, junto a la Catedral de Quito, un grupo de comprometidos que depusieron a las autoridades y formaron una Junta Suprema que gobernaría a nombre del rey Fernando VII, “mientras su Majestad recupere la Península o viniere a imperar en América”.

Juan Salinas, oficial de milicias, logró el apoyo de las tropas. Antonio Ante apresó a Ruiz de Castilla. El golpe tomó por sorpresa a las autoridades y triunfó sin violencia. La Junta Suprema estuvo residida por el Marqués de Selva Alegre y compuesta por miembros de la sociedad de Quito, entre ellos el obispo José Cuero y Caicedo, natural de Cali, y los secretarios de Estado doctores Morales y Quiroga, y Juan Larrea.

Aunque el triunfo del movimiento fue rápido, no tuvo apoyo popular, líderes adecuados ni respaldo de las demás provincias, como se explica en el texto citado previamente: “El pueblo de Quito participó en los festejos del golpe por las estrechas relaciones clientelares que lo unían a las clases dirigentes, pero no sentía propia su causa ni estaba dispuesto a arriesgarse demasiado por ella. Guayaquil, Cuenca y Popayán, las otras regiones de la Audiencia, rechazaron el movimiento quiteño”.

LO QUE VINO DESPUÉS

Los gobernadores de las tres ciudades mencionadas, más el virrey de Bogotá y especialmente el de Lima, organizaron tropas para someter a los insurrectos. Entonces, “la falange quiteña se deshizo en los primeros enfrentamientos, que apenas merecerían el nombre de combates”.

De esa manera, los líderes del movimiento, dándose cuenta de la realidad, “decidieron capitular sin intentar en serio su defensa armada”. Montúfar renunció a la presidencia y Ruiz de Castilla volvió a asumir el mando el 29 de octubre, después de algunas negociaciones en las que se acordó que no habría represalias.

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Sin embargo, aquello no sucedió. Cuando llegaron a Quito las tropas enviadas por el virrey Abascal, comandadas por Manuel Arredondo, se deshicieron las promesas de que no habría castigos y comenzó la represión “para escarmentar a posibles revolucionarios de todo el Imperio”.

El 4 de diciembre de 1809 fueron apresados muchos de los actores de los hechos de agosto. Unos pocos, entre ellos Montufar, lograron esconderse. El fiscal Tomás Arechaga pidió pena de muerte contra 46 personas y presidio o destierro contra muchas más, pero no se llegó a dictar sentencia en Quito y la causa fue enviada a Santa Fe.

Mientras tanto a situación se volvía tensa en Quito. Los hombres de Arredondo cometían abusos contra la población y la represión logró unificar a la gente en contra el Gobierno y “convertir a los presos en símbolos de la ciudad oprimida”.

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EL 2 DE AGOSTO DE 1810

El 2 de agosto de 1810, un grupo de quiteños asaltó los cuarteles para liberar a los presos. Algunos lograron escapar pero muchos murieron asesinados en sus celdas, entre ellos Quiroga, Morales, Salinas y Larrea. La tropa salió a la calle y la violencia se propagó por toda la ciudad. Muchos cadáveres, soldados y civiles, quedaron en las calles, plazas y quebradas. Los cálculos más creíbles hablan de entre 100 y 300 muertos, “un número enorme si tomamos en cuenta el tamaño de la ciudad”.

“Quito perdió de golpe gran parte de sus líderes. Hispanoamérica se conmovió. Simón Bolívar, al decretar la ‘guerra a muerte’, la justificó como respuesta a los crímenes del Gobierno colonial en Quito. Y el cabildo independiente de Valparaíso, Chile, colocó en el faro del puerto una placa dedicada a Quito, Luz de América”, y así nació la denominación que acompaña hasta hoy a la capital ecuatoriana.

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La jornada del 2 de agosto ablandó a los realistas. Para hallar una salida, se reunió dos días después el Real Acuerdo (la Audiencia en pleno) con delegados de la Iglesia, el Cabildo y demás estamentos. Se resolvió eliminar la causa contra los implicados en los hechos del 10 de Agosto de 1809 y restituir a los sobrevivientes su libertad y bienes.

¿QUÉ PRETENDIERON REALMENTE LOS PRÓCERES DE AGOSTO?

El texto Historia del Ecuador señala que “fácil sería decir que querían acabar con el Gobierno español, sustituir la monarquía por la república y crear el Estado ecuatoriano, porque eso ocurrió años después”.

Sin embargo, las aspiraciones de los hombres de agosto eran distintas. “Propugnaban un proyecto económico-político para la Presidencia de Quito, para lo cual juzgaban necesario crear un espacio económicamente viable y políticamente autónomo de Lima y Bogotá que incluía, primero, los territorios tradicionales de la Audiencia de Quito, en particular los que se hallaban últimamente sujetos a los virreyes de Santa Fe o Lima”.

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Quito, además, deseaba incorporar Panamá como puerta a Europa y nuevo mercado para sus productos agropecuarios y textiles. Panamá obtendría el beneficio de volver a ser centro comercial importante y podría ser abastecida de productos quiteños.

Ese proyecto, en esencia económico, se volvía político al proponer que Quito controlara las provincias implicadas sin la intromisión de Bogotá o Lima. Pero “tal proyecto no despertaba apoyo de los sectores populares, que no producían para exportar, no consumían productos europeos y no controlaban el comercio”.

Entonces, por más que los líderes quiteños creían que el proyecto “representaba el bien de la patria”, los demás sentían que solamente expresaba los intereses de la Sierra central.

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Al principio, el propósito de los patriotas no era librarse de la Corona española, sino de los virreyes, por eso, “Quito debía tomar cuanto antes la iniciativa y organizar su espacio -el futuro Estado- en sus propios términos, antes que Lima o Bogotá pudieran hacerlo, imponiendo sus condiciones”.

Por eso, y sin quizá pretenderlo, “encendieron una llama que ardería hasta lograr su independencia y la de Hispanoamérica”.

La Revolución de Quito fue pionera en América Latina, no solo porque logró un gobierno propio, sino porque instaló un nuevo Estado que culminó con la expedición de la primera Constitución del país, el 15 de febrero de 1812.

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